Cielo de Pasco (PLan L)

Albert Estrella

"No voy a escribir el futuro del pasado que es el presente donde me estoy desvaneciendo en medio del cielo blanco una mancha negra un agujero hacia otra dimensión donde mi nombre está escrito sobre una lápida pero también estuve en negativo de una foto  el 28 de Julio de 1902 en la compañía de bomberos voluntarios salvadora cosmopolita N°1 con mi S dorada sobre el pecho, borceguí de cuero negro, Kepís rojo y estos ojos llenos de fuego…"

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Cielo de Pasco (Plan L)

Albert Estrella
Prólogo de José Natsuhara:
La reconciliación con el tajo: ¡Poesía peruana, al fin!

 

Allí donde la poesía avanza, lo hace a la par del tajo. Un hueco que no tiene miramientos con nada ni con nadie, en el que vamos a recoger las pelotas que han caído de tanto jugar al arte y a las proféticas brazadas. Allí nos perdemos, y el tajo sique alimentándose como el desierto. Los poemarios crecen como hierba mala en el panorama peruano, pero he allí que aparece este principio equivalente que el hombre no puede combatir. Reseñas literarias a pedido, clases magistrales de escritura experimental, fotografías de estudio para lanzar la marca de los propios genitales. ¿De qué sirve todo ello ante la progresión  de la destrucción total? El poeta no ha ralentizado ni un solo segundo del apocalipsis. 

Albert opta por una aproximación poética distinta y a leguas más inteligente, que lo hace comparable al mismo tajo, digno de él. Presenta una coherencia profunda que toda nación e individuo necesita: reconocer y digerir la nostalgia patológica e irreparable a la que hemos nacido pegados. Este es un proceso filosófico y psicoanalítico por el que el lector no se escapará por ninguna tangente cantinflesca del lenguaje. De lo que se trata, de lo que en el fondo siempre se trató, es de darle un beso a la madre. Y allí que acabe el poema, en el pico de lo sublime. Y es que en determinado momento del alba el tajo habrá arrasado otro poblado, habrá mordido otra escuela artística, otra alambrada será molida por sus fauces y sus babas ácidas; y sería un desperdicio el no habernos presentado antes.

Cerro de Pasco es el punto focal de la acción entrópica por la cual el planeta se hará un kaput, por el cuál el cosmos disparará el escopetazo contra la propia magna y bella cornamenta. Y Cielo de Pasco es el libro que dialoga y propone, que se sienta al lado de lo incierto y se enciende un puro bajo el manto de la noche. Viene a mi mente Albert Estrella compartiendo un puro la primera vez que coincidimos en uno de esos circos que se montan los poetas y los agentes obsoletos de la cultura. Desde los días de la prehistoria Albert es un colega, porque me habló sinceramente del futuro, y porque había siempre una carcajada cuando abordábamos el pesimismo y las negruras alucinantes de nuestros corazones. 

Este humor también está presente en Cielo de Pasco, un humor que se reivindica como un recurso reservado solo para los monos más dotados de neuronas y bananas. En un panorama en el que la tragedia vende como pan caliente, los poetas se han visto inflamados de discursos que exageran la tristeza hasta el punto vulgar de lo chicha. Así, la necesidad sorprende y se aplaude, como en un programa televisivo sensacionalista; estos poetas son los malos discípulos de Ramírez Ruiz, los que o no pasaron por dificultades tangibles o son tan obstusos que aún con la familia pasando hambre continúan en el analfabetismo de la vida. Albert toca raíces profundas con un sentido sincero del humor, un sentido sincero que no necesariamente es humor negro. Es posible leer este documento como un tratado puro de la propia carencia, del anhelo, de la crudeza de estar solos cuando escribimos.

Cuántas veces me he sentido yo solo. Y he dejado de escribir por años. Confieso haber recurrido a estas páginas como el echarse agua fría a la cara para abandonar las imágenes y las voces; la tragedia de escuchar y ver sin control aparente. Aquí, en estas páginas he encontrado lo que no existe en ninguna parte dentro de la poesía joven actual: verdad. Aquí hay algo qué decir. Puede que esto último suene ingenuo, y pasado de rosca. Pero cotejemos con los colegas, ¿acaso no salta a la luz que hoy el libro es un objeto que no se lee tanto como se pone en exhibición?

Pero toda pancartización del poema se hace insostenible cuando hay verdad. Una verdad que también abre sus propios tajos en los ojos,  en el dulce combate de la infamia editorial y de la mezquindad de los congéneres. Albert cuestiona, aprende, sugiere, reconstruye. No nos deja indiferentes. Si lo que se desean  es una escritura complaciente,  enrosquen este libro en sus orejas y préndanle fuego como un cohete a punto de romper la barrera del sonido.

Este es Cielo de Pasco, un poemario que yo amo. Un texto que me reconcilia con el fin del mundo.