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Él sabe de ti, él sabe de mí: Santa Claus y los antagonistas de la Navidad | Ojos abiertos #06


Ojos abiertos #06, una columna de María del Rosario Acevedo Carrasco


Las Navidad y las fiestas decembrinas se han caracterizado siempre por ser momentos para celebrar la vida y la familia, más allá de cualquier religión. Casi todos podremos sentirnos identificados con la imagen de una mesa rebosante de comida y de rostros amigables, de una conversación amena que nos hace sentir el calor de un hogar en medio del invierno más crudo y frío.


Si bien las costumbres pueden variar de una región a otra o incluso de una familia a otra, existe una figura casi universal: La persona que trae regalos. Llámese Reyes magos, Santa Claus, Niño Dios, Olentzero o Tío de Nadal, muchos de nosotros crecimos portándonos bien bajo la promesa de que, al terminar el año, alguno de estos personajes nos recompensaría con los regalos que le pidiéramos.


En Latinoamérica la premisa es sencilla: Si te portas bien hay regalos, si te portas mal no los hay. Pero en el folclor europeo no es suficiente omitir la recompensa, en él aparecen personajes antagónicos con la única función de castigar a quienes fueron malos con métodos tan radicales que, seguramente, son un mejor incentivo para la buena conducta.


Probablemente el ser más conocido, perteneciente a la tradición alpina, es Krampus, un demonio antropomorfo con apariencia de cabra. Según la tradición, la noche del 5 de diciembre sale a buscar a los niños que han sido malos, los sube a la canasta que lleva en su espalda y se dirige con ellos a su guarida en el infierno, lugar donde serán castigados durante un año para posteriormente ser devueltos a sus casas. Mientras tanto, los niños buenos reciben regalos de San Nicolás.


En países como Austria, la noche del Krampusnacht los hombres se disfrazan de este personaje y desfilan por las calles aterrorizando a los transeúntes. Esta tradición, prohibida mucho tiempo por la iglesia católica, ha sido poco a poco retomada hasta convertirse en un ícono de las fiestas decembrinas más allá de los países donde se originó.


En la misma región alpina existe otra figura similar a Krampus, más enfocada a la limpieza y el orden que al buen comportamiento: Frau Perchta. Esta mujer, retratada como una bruja, vuela con su ejército de seres demoníacos durante la noche del 6 de enero y revisa que todas las casas se encuentren limpias y ordenadas; de no ser así, su disgusto puede ir desde quemar un tejido incompleto hasta eviscerar a los habitantes de la casa, especialmente a los niños, para después llenar los cuerpos vacíos con piedras o paja.


Moviéndonos a Islandia, existe una familia de seres encargados de aterrorizar no solo a los niños malos, sino a los adultos egoístas y perezosos. El árbol genealógico comienza con Grýla, una troll que habita en las montañas y que baja la noche de Navidad para llevarse en un costal a quienes obraron mal para devorarlos.


Pero la historia no termina ahí, se dice que Grýla, con su tercer esposo, engendró a los jólasveinar o los chicos de Yule, trece trolls que visitan a los niños en los días previos a la víspera de Navidad para dejarles monedas si fueron buenos o para jugarles travesuras, como lamer sus cacerolas o comerse su yogurt si fueron malos. Además de sus hijos, Grýla tiene un gato conocido como el gato de Yule, un ser gigante que vaga por las calles para devorar a las personas que no recibieron ropa nueva durante la víspera de Navidad.


Otro país con su propio anti-Santa Claus es Francia, donde encontramos a Pere Fouettard. Se dice que este hombre acompaña al mismísimo San Nicolás en la noche del 6 de diciembre a repartir regalos, pero él se encarga de golpear a los niños que se portaron mal y, no contento con esto, les deja regalos poco atractivos que pueden ir desde carbón a mostaza o cebolla.


Todas estas creencias tienen un propósito más allá de aterrorizar a los niños: Mantener la dualidad entre el bien y el mal. Ni siquiera la época de paz y amor se salva de tener sus matices, el miedo en la felicidad, la obscuridad en la luz, el mal en el bien. Nada es absoluto y, creer que por cada ser con bondad infinita existe uno con pura maldad, mantiene el equilibrio que rige nuestra realidad.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería