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B-Sides del shoegaze nipón: Burrrn | Miscelánea WAV #07


Miscelánea WAV #07, una columna de Enrique Chávez

No podemos negar que los japoneses son una chingonería. Cualquier cosa que se les ocurra (arte, arquitectura, gastronomía, animación, cine, etc.) ya tiene un estándar de calidad que es difícil de igualar y de concebir. Así está hecha su forma de vida: rigurosidad en los más altos niveles y un compromiso innato con entregar productos y servicios dispuestos a hablar por sí mismos. No por nada los japoneses son considerados como un pueblo chambeador, rodeado de una magia urbana que se mezcla con las tradiciones del día a día. Y si algo saben hacer bien estos cabrones nipones es música. No sólo hablamos de toda una tradición netamente folclórica que data desde su pasado histórico, sino de un arte que ha llegado hasta nuestros días en forma de post-hardcore, emoviolence, screamo, math rock, post-rock, shoegaze, dreampop, etc.; ya saben, todos esos géneros aberrantes y preciosos a su manera. Pongo las manos al fuego al decir que no hay música que se compare a lo que hacen nuestros amigos japoneses. Lo platicaba hace un par de semanas con mi compa Jorge Esquivias, screamer de la banda de melodic hardcore Goethe: los japoneses siempre están en la vanguardia de todo y se avientan unas joyitas instantáneas que están bien alucinantes o malviajadas.


Y podríamos hablar de todo el desmadre sonoro que se cargan en las tierras del sol naciente (porque de aquí han nacido grandes proyectazos) pero hoy venimos a desentrañar las distorsiones de un solo género: el shoegaze. Puede que Japón tenga algunas de las mejores bandas de shoegaze del mundo, sin exagerar. La lista es inmensa: Tokyo Shoegazer, Lemon Chair, Oeil, Yuragi, My Dead Girlfriend, Clams y otro puñado de bandas encabezan las listas de popularidad del género, todas ellas provenientes de la influencia estilística de My Bloody Valentine y el shoegaze de la vieja escuela. No por nada Japón tiene uno de los álbumes tributo más hermosos y deleitables del Loveless (1991) de MBV: el Yellow Loveless (2013)[1]. Todo fan del shoegaze, y de MVB, tiene la obligación de chutarse este tributo porque representa lo mejor del género: instrumentos profundos, voces omnipotentes y un amor incondicional al reverb y a los buenviajes sonoros.



A pesar de todo este ir y venir de bandas y tributos ya reconocidos por los escuchas del shoegaze, siempre habrá cosas que pasan por debajo del agua. Escarbar en ese territorio oculto, “under” y clandestino me hace recordar los arrabales de Blade Runner y los terrenos baldíos de cualquier entrega de Fallout. Es así: siempre hay bandas que destacan por debajo de las grandes propuestas y que nos guían hacia territorios inesperados. Tal es el caso de Burrrn, quizá una de las bandas japonesas más invasivas, multifacéticas y enérgicas de la escena shoegaze de esta última década. No sé, hay algo en ellos que te hace adicto desde la primera escuchada. Creo que lejos de estar emparentados con los paisajes neón y post-rockeros del shoegaze japonés, Burrrn se va hacia el otro extremo: la cadencia, lo claroscuro y lo caleidoscópico.


Explicar quiénes son Burrrn es complicado porque literalmente no sabemos nada de ellos. Es algo debatible, sobre todo ahora en la era de la universalidad digital, pero es la neta. Si entras a googlearlos lo único que encontrarás es su primer material de estudio (e incluso con esto ya tenemos problemas), su cuenta de Facebook y una que otra página que hace referencia a su biografía, pero para allá vamos. Apenas unas cuantas páginas nos entregan los nombres de sus integrantes: Yana, Hitomi Torii, Hideharu Watanabe, Shuukou Yanagi y Yoshimi Nano. Sólo eso: ni presentaciones en vivo, ni fotografías oficiales, ni lyrics, ni nada. La banda es una incógnita de un solo hit, y a pesar de todo Burrrn es uno de los proyectos más reconocidos de la escena shoegaze japonesa. Esta es una ocasión donde la ambigüedad habla por sí misma y nos deja entrever lo mejor de la percepción auditiva: la música como un misterio andante y una leyenda de la escena internacional en toda su extensión.


Para saber un poquito más de la banda tienes que stalkear su Facebook. Es ahí donde te das cuenta que Burrrn tiene videos, press kit, noticias, asociaciones discográficas, etc. La banda no es tan “under” como se piensa, pero sí es una chinga investigarle. El único impedimento de su página es que todo está en japonés, incluso las búsquedas avanzadas. Nuestro lenguaje español, e incluso el inglés, no permite adentrarnos en todos los enigmas de la banda nipona. Tendríamos que entender el japonés para saber qué realmente nos está diciendo la banda en sus publicaciones, pero yo prefiero mantenerlo así: el shoegaze de Burrrn habla por sí mismo.


Regresando a algo que escribí antes, los problemas de Burrrn no terminan sólo en su figura como banda. En cuanto a su material sonoro tenemos diferentes versiones, presentaciones, vínculos y stocks de cómo distribuyen su discografía. Para empezar, gran parte de la comunidad internauta que los escucha está de acuerdo en que sólo existe un álbum de Burrrn: Blaze Down His Way Like the Space Show (2011)[2]. El álbum en sí mismo es una joyita. Tiene de todo: mareas neo-psicodélicas, instrumentos hipnóticos, ritmos dulces o agresivos y voces adimensionales. ¡Qué otra cosa le puedes pedir al shoegaze! Lo mejor es que todavía puedes encontrarlo en Spotify (eso ya es ganancia), pero el verdadero problema ocurre cuando te enteras que hay otra versión de este mismo álbum: Artistic Construction And Destruction (2012)[3]. Aquí ya no sabes qué creer ni qué escuchar. Este “nuevo” LP sólo se puede encontrar en Bandcamp y ni siquiera lo colgó el perfil de la banda, sino la discográfica shiny happy records; sin embargo, también es una joyita y un buen agregado al encanto de su primer (¿?) álbum. ¿Quién tiene la razón, los seguidores de YouTube/Spotify o los pseudo-investigadores bandcamperos? Puede que nunca lo sabremos.



A pesar de las discrepancias sonoras, hay que reconocer que estos dos álbumes representan lo mejor (y lo único) de Burrrn. Coming Place, Picture Story Show, Shut My Eyes o Sweet Breath son rolas que se repiten en ambos materiales, y puedo decir que son de lo mejor para entrarle al mood de la banda y a su experimentación sonora, así que no hay excusa para aventarse uno u otro. No son rolas excesivamente complicadas, pero son totalmente invasivas. Cada instrumento está en su lugar y jamás descansa, aunque sí oscilan entre movimientos sutiles, casi oníricos, y apoteosis dinámicas. Este juego en la banda hace que tengamos lo mejor de las dos vertientes del shoegaze: una experiencia etérea, cercana al dreamgaze, o un viaje inquietante, con acercamientos al noise. El Blaze Down His Way Like the Space Show es para mí el álbum que gana por estar mucho más “completo” en cuanto al setlist, pero tampoco podemos dejar de lado a las rolas anexadas al Artistic Construction And Destruction. La homónima del álbum y Flirtation son piezas excelentes para completar la búsqueda de Burrrn hacia un sonido más uniforme, y de alguna forma se escuchan más orientadas a la experimentación ambiental.



Misterio o no, vale la pena que escuchen a una de las bandas mejor ejecutadas del shoegaze japonés. Pocas veces encontramos una banda que tenga un sonido bien definido y con ciertos arreglos encantadores, melancólicos o espaciales (sobre todo que no se note repetitiva), y de eso van estos dos álbumes apócrifos de Burrrn. Algo bonito que pasó por estos días mientras escribía la columna es que al parecer la banda regresará en este año. Andan muy activos en sus redes y eso es buena señal de más acantilados sonoros repletos de reverb. Algo bien increíble del shoegaze de Burrrn es que te hace reconocerte en él, casi como lo que hace la música de Whirr (otra gran banda de shoegaze, pero americana), y eso para mí es un gran acierto. La búsqueda de temas cotidianos e íntimos, en sincronía con un sonido discreto y acogedor, hace de Burrrn un deleite. Mencionar a esta banda, aún en su misterio y su agonía como anti-reflectores de la música japonesa contemporánea, es un recordatorio de que todavía encontramos perlas desconocidas en las mareas del internet. Ahí lo tienen: Burrrn, una banda oculta, colorida y rodeada de un aura shoegaze difícil de igualar.



Notas

[1] Yellow Loveless (Full Album): https://www.youtube.com/watch?v=Lbf8h3sykiw&t=1s [2]Blaze Down His Way Like the Space Show (Full Album): https://www.youtube.com/watch?v=UKlxFVLqu-0&t=1s [3]Artistic Construction And Destruction (Full Album): https://shinyhappyrecs.bandcamp.com/album/burrrn-artistic-construction-and-destruction

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería