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Crisis post-modernas y ansiedades cotidianas: Kumatora | Miscelánea WAV #04


Miscelánea WAV #04, una columna de Enrique Chávez

Earthbound (1994) y Mother III (2006) son dos de los mejores juegos RPG nintenderos de los que conozco bastante lore, pero que no he jugado. Siguiendo una línea temática que va de lo increíble a lo surreal y de la infancia a las aberraciones interdimensionales, la saga Mother es uno de los “pesos pesados” de la industria de los videojuegos japonesa y uno de los mejores proyectos del catálogo general del NES. Amorfo, dulce, siniestro y con su propio toque de horror interestelar, estos dos juegos poseen una esencia única que debe experimentarse y exprimirse desde la intimidad y el ansia, mientras recorremos hermosos prados en los zapatos de Ness-Lucas y nos desgastamos peleando con plastas moradas y hombres estrella. Aún en su forma más inconexa o en su hilo narrativo disparejo, no podemos negar que los tres Mother tienen su propio toque de ingenuidad, belleza y ternura. Quién no quiere sentirse morillo mientras está sentado frente al televisor y piensa que no hay nada más allá de esos bits y esas peleas a muerte. Y sí, está medio raro hablar de algo que no has probado con tus propias manos (en este caso, jugado), pero vamos: en la era del internet, los walkthroughs de YouTube y los emuladores se puede hacer prácticamente cualquier cosa. Sucede lo mismo con The Leyend of Zelda: Ocarina of Time: son juegos a los que les podría dedicar horas enteras de mi corazón sin tener un control al lado.


Algo similar me pasa con Kumatora, una de las bandas más cabronas y legendarias del rock-punk-math esque de Naucalpan, Estado de México: conozco bastante de su lore, por así decirlo, pero jamás me los he topado en vivo. Fuera de esto, siempre he creído que existen coincidencias bien marcadas en la vida, y debo admitir que Kumatora es una de ellas. Si bien llegué primero al desmadre sonoro e inmersivo de la banda, descubrir la procedencia de su nombre fue algo fortuito e incluso esperanzador. Si mi investigación pseudo crítica no es una mamada, el nombre de la banda proviene de un personaje homónimo del Mother III: la princesa Kumatora, una niña-pre adolescente de cabello rosado, botas rojas y dueña del castillo Osohe. Y no sólo eso; muchos de los conceptos de la saga Mother me recuerdan un chingo a la estética y a las rolas de la banda. Y esto quizás es sólo mi percepción subjetiva, pero algo de eso me provoca curiosidad y es nostálgico hasta cierto punto.


Así como el Mother III y sus personajes son considerados como hitos y objetos de culto para la industria de los videojuegos, Kumatora también fue un punto y aparte de cómo concebimos la creación musical independiente de los últimos años aquí en México. Frenética, malviajada, sincera e incómoda, Kumatora fue una de esas bandas a las que le agarras un cariño incondicional por toda la fuerza y el desmadre con el que transmiten sus ideas, experiencias y parte del ingenio escénico y sonoro de la realidad mexicana. Conformada en sus mejores años por Charlie, Santi, Waffles, Momo y Toribio, Kumatora sigue siendo un estandarte cultural que se presenta de vez en cuando por algunos shows y logra transmitir una vibra catártica-inigualable, similar a cuando te encuentras por primera vez a Gygas en el Earthbound y te quedas paralizado al saber que es un feto diabólico y debes aniquilarlo. Con sólo dos EPs, La noche está a una hora de aquí (2016) y Lo único incómodo (es) que nos vamos a encontrar (2017), y algunas rolas apócrifas como Sofá Memorabilia, Cortes Chidos y Bruiselas (que nunca salieron en versión de estudio), Kumatora brindó tanta alegría, melancolía y éxtasis mediático que es recordada como una de las bandas mejor ejecutadas en su género por los compas afiliados al movimiento independiente, además de ser uno de los proyectos más ambiciosos y fáciles de digerir por cualquiera que se adentre en sus rolas y en su mood en vivo.


Muy aparte del sonido característico y cabronsísimo de la banda, sitiado en una dupla de guitarras dinámicas, un bajo incorpóreo, una bataca bien afilada y una voz increíblemente neurótica y personal, una de las mejores cosas de Kumatora es su creación lírica. Pongo las manos en el fuego al afirmar que no hay nadie que supere lo que esta banda logró en este sentido: crisis post-modernas, defectos psicológicos y demencias cotidianas conforman un trip parcial del pan de cada día para el joven adulto mexicano, pseudo punketo y rodeado de esta búsqueda introspectiva de sus propios deseos: “Sistemas muy permisivos de interacción / Te dejan sin saber qué hacer / Y no lo entiendes más / Y no te puedes retroalimentar un para siempre / Me niego a concordar / Con las demandas digitales de reaccionar / Y no lo puedes contener / Nihilismo y memes / Debajo de tu propia piel, emergente / No quiero / No hay monumento más actual que la presión / Si lo cuestionas es porque no hay relaciones que puedas ver bien / Procrastinar, vivir de mis desvelos / Lávame y arráncame las costras / Siento que soy un pinche mediocre / ¿Qué crees tú?” (Olvidé mi hoodie para tapar mis inseguridades). A través de temas como el embarazo a temprana edad, la procrastinación, la era digital, los programas de TV noventeros como Las chicas superpoderosas, el sentirse mierda, la superación personal, las relaciones amorosas o la depresión post-moderna, Kumatora logra lo que pocas bandas: varios madrazos de deleite poético en una toma de consciencia sobre la personalidad, el ansia y la cotidianidad cultural del Méjico-Moderno.


Kumatora centra su juego lírico en campechanearle entre el inglés y el español, aunque este último es la cosa más deliciosa que podremos escuchar de su rollo estético. Mexicanismos, palabras hirientes, gritos insistentes y suspiros devastadores son lo que encontraremos a lo largo de su breve discografía. Cada rola define cómo la banda nos hace vibrar con ritmos ágiles-sinceros, performances satíricos y ruidos indecorosos, y si bien todas se matizan desde un yo lírico atrapado en su propia mente, la voz siempre está rodeada de un halo universal: “Have you heard anxiety bursts? / They have the power to define this era / Is it my bastard millennial blood that makes you cringe all over yourself?” (Blastnight Oyasumi); “Somos más fértiles que el mismo suelo / Somos tan fértiles que no hay control / Si soy más fértil que el mismo suelo y no hay control […] Y si es un aguijón debemos comprender: / Tenemos nuestra propia muerte clavada en el culo y ¿qué? / Ya no me siento al 100 / Pero en ningún momento / Si siento brazos ajenos apretándose contra mi / ¿Qué importa más? / Importa más la nacionalidad / Pienso que no es amor traer a alguien más al mundo sin pensar en lo que representa, y es tan recurrente, que me deprime” (Post Cumpleaños). Valer madre, reestablecerse, continuar con el camino y trazar nuevos horizontes es parte cómo la banda se inmiscuye como uno de los proyectos más cabrones y ríspidos de la escena mexa, todo ello condensado en instrumentos rock-math-punketos potentes y cantadas de proporciones galácticas.


Algo que no podemos descuidar en medio de todo este ir y venir de emociones, mentadas de madre e hipnosis es la habilidad de Santi para meternos a varias ideas-balazos relacionadas con un mismo tema. La construcción lírica de Kumatora siempre estuvo ligada a una estructura similar al aforismo: oraciones sueltas que nos dejan cuajados, lloriqueando o nos muestran algún aspecto podrido de nuestra vida como la inseguridad, la desesperación o la desidia. La voz lírica-física es dinámica, con un toque de agresividad-intimidad que le va muy bien al contraste instrumental de cada rola y que le da cierta caída libre hacia el vacío: “E hiciste todo lo que estaba en ti por zafarte / E hiciste todo lo que estaba en ti por proteger... / ...el espacio en el que se desenvuelve tu inconsciente / Es un torrente que desmadra todo lo que se le enfrenta / Parece que es nocivo saber qué quieres y quererte / Es deprimente no escoger con quien estás / Sin hablar, sin avisar / Y contra el reloj, te parten en diez / Siempre es así, siempre es así / Cultura de aquí, cultura de / Como un perro: me como tu piel, te arranco la piel, es un carrusel, me mama tu piel” (Rivera Torrents).


Desde un inicio dije que Kumatora me recordaba mucho a este pedo conceptual de la saga Mother, y eso se debe a una sola cosa: la observación. El juicio juega un papel importante en cómo se observan las diferentes situaciones de las rolas, y de ahí nos llega la verdadera intención lírica-estética de la banda: la percepción del mundo desde nuestros propios ojos. Así como en Earthbound la historia se nos cuenta a partir de las visiones de Ness sobre su pasado, presente y futuro, Kumatora establece un punto de introspección donde los pensamientos y la crítica del mundo son la única manera de reformularlo y de chingarlo. La banda no nos habla de los grandes problemas existenciales o académicos ni utiliza los grandes retazos de metáforas, sino que nos adentra a las peripecias diarias desde una mierda efímera y real: “A veces no es que el tiempo cure todo si no que la gente no puede vivir emputada / Y sé que no quiero ver / Qué es lo que va a pasar / Me puede valer 3k enteros de pito / Y ser así / ¿De qué me servirá? / Para poder decirte que no hay más / Hay gente que sanguijuelezcamente intentará robar tu stamina y tu tiempo. Ni sirve ni me sirve preguntar si es abuso o qué es lo que es” (3k).


Lo mejor que pueden encontrar en la red de Kumatora es su último toquín en la Casa Max Rojas del 2017. Con eso ya pueden darse cuenta de qué tan cabrona está la banda y cuánto amor le tienen los compatriotas de la Ciudad de México y sus periferias. La “despedida” de la banda debió ser uno de los mejores eventos del 2017; cada que lo veo se me hace un nudo en la garganta, y esta vez fue más ajustado. Observar toda esa energía y ese momento te deja una herida abierta en las arterias. Y como si fuera parte del OST de la saga Mother, Kumatora nos mete a un universo onírico donde la cotidianidad y la desgracia se vuelven compañeras y complementos. Aun cuando la banda podría ser totalmente irreverente, desmadrosa y cuajada en un trip más movido, no deja de ser real y bella en su esencia. Cuando la escucho siempre me pasa lo mismo: se me sale una lágrima y luego me paro a slamear como imbécil en mi habitación. Entablar un diálogo con las rolas sólo depende de cómo veamos la desolación, la furia y el hambre de encontrarnos, y como dice la banda: “Come tell me, tell me / What would you do / If you were me at this moment of my life / The sun is coming down by the sea / I don't know why but I feel like shit / I just wanna go home and play some games / I don't wanna look you in the fase” (Wet Summer Dreams). Así como el Mother III ya es un clásico de los juegos de Nintendo, Kumatora lo es para los que disfrutamos y convivimos diariamente con la escena mexicana independiente. Ness estaría orgulloso de ellos: luchar contra el demonio, reencarnado en nosotros mismos y con varios lacayos del espacio exterior, siempre vendrá acompañado de paisajes, varios duelos, un videojuego excepcional y grandes amigos para disfrutar del abismo.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería