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Cuatro miradas a la dictadura dominicana: En el tiempo de las mariposas |Meditación en el umbral #04


Meditación en el umbral #04, una columna de Fabi Bautista

Porque

hay columnas de mármol impetuoso no rendidas al tiempo

y pirámides absolutas erigidas sobre las civilizaciones

que no pueden resistir la muerte de ciertas mariposas


Amén de Mariposas, Pedro Mir


A nivel mundial, el siglo XX estuvo marcado por una ambivalencia política, social y económica reflejada en Latinoamérica a través de la imposición de regímenes dictatoriales, la disputa por el reconocimiento y autonomía de las naciones, así como la búsqueda de una identidad propia al margen de las coacciones imperialistas. Al igual que sus naciones hermanas, República Dominicana no fue la excepción a este clima de violencia e inestabilidad. Es en el marco de la tiranía, pero también de la lucha y la revolución, donde se inserta el tiempo narrativo de la obra En el tiempo de las mariposas (1994) de la escritora dominicana con nacionalidad estadounidense Julia Álvarez.


Publicada en 1994, esta novela explora —a través de la mirada de las hermanas Mirabal— la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, misma que abarcó un período de tres décadas; desde 1930 hasta su asesinato en 1961. Homicidios, desapariciones, torturas, violaciones y demás crímenes de lesa humanidad marcaron el régimen de quien fuera conocido como “El Jefe”. Lo anterior dejó consigo un rastro de aproximadamente cincuenta mil muertos, cifra recuperada en el 2017 por el Archivo General de la Nación a través del “Catálogo de víctimas de la dictadura de Trujillo”, en cuyo documento se albergan los nombres de Patria, Minerva y María Teresa; activistas políticas que se opusieron fervientemente a dicho mandato.


“¿De dónde provenía ese coraje especial?” (1995, p. 168) se cuestiona la autora en una nota al final de la obra. Es aquella interrogante, producto de los frecuentes viajes a la República Dominicana durante su niñez, el punto de partida que la conduce a escribir En el tiempo de las mariposas y con ello dar a conocer al mundo la lucha de las hermanas Mirabal, salvaguardando ésta al paso del tiempo y el olvido:


Es mi deseo y esperanza que mediante esta historia ficcionalizada pueda hacer que se conozcan las famosas hermanas Mirabal. […] Como es obvio, estas hermanas, que lucharon contra un tirano, son un modelo de la mujer que lucha contra toda clase de injusticias. (1995, p.169)

En tanto novela histórica contemporánea, esta obra construye un espacio que permite reexaminar y cuestionar las dictaduras en Latinoamérica, así como sus efectos —aún latentes— en la actualidad con miras a (re)construir una sociedad libre de represión y violencia. Luisa de Peña —directora del Museo Memorial de la Resistencia— recinto construido en el 2011 en honor a las víctimas del terrorismo de estado, declaró en mayo del presente que: “La sociedad dominicana tiene que asumir los crímenes ocurridos y hacerlos parte de su conciencia pública y de esa manera avanzar […]” (2020, párr. 11).


En este sentido, el peso de aquella declaración y la constante búsqueda de una Latinoamérica justa —cimentada en la paz y el respeto a los derechos humanos— adquiere eco al rememorar la vida de Patria, Minerva, María Teresa y Dedé En el tiempo de las mariposas. De manera que, cabe preguntarse cómo es que la narración acerca al lector a las hermanas Mirabal. ¿Cómo los lleva de la mano a sus pensamientos más íntimos, sus deseos, sus miedos, sueños y esperanzas? Pues bien, cada capítulo se construye mediante la posición focal de cada una de ellas, recurriendo al uso constante de analepsis para abarcar un período que va desde 1938 —cuando Patria y Minerva parten de su hogar para estudiar en la Inmaculada Concepción— hasta 1960 —año en que son asesinadas—.


En líneas generales, se puede decir que cada personaje encarna una postura política de resistencia y oposición frente a la dictadura. Por ejemplo, Minerva lo hace mediante el ámbito académico y las reuniones clandestinas, mientras que Patria se revela a través de una postura religiosa. “Dedé, la hermana sobreviviente, cuenta cómo Minerva desencadenó la tragedia de la familia al rechazar en público los avances de Trujillo; cómo Patria se unió al movimiento opositor desde la Iglesia […]” (1995, p. 2).


También se destaca el hecho de que esta obra añada una perspectiva que permita vislumbrar la mirada infantil a través de extractos del diario de quien fuera la hermana más joven, Mate. Lo anterior permite reconocer que los niños y niñas poseen “un modo particular de participar en los hechos sociales, un modo que se distancia de la pasividad, de la incomprensión o de la ingenuidad usualmente atribuida a la niñez”[1]. De esta forma, se configuran como “activos productores de significados y significaciones” (Castillo-Gallardo y González-Celis, 2015, p. 909) y no sólo como meros espectadores del régimen dictatorial.


En su “querido librito”, Mate resguarda los días que acompañan su infancia. Estas primeras reflexiones que inundan sus pensamientos pueden leerse en los pasajes iniciales; “¿Qué significa que yo ahora realmente tenga un alma? Todo lo que se me ocurre es pensar en el retrato que hay en nuestro catecismo de una persona con sarampión. Así es el alma cuando se cometen pecados mortales”. (1995, p. 19). Es ahí donde la pequeña mariposa relata las inquietudes en torno a su hermana Minerva y, posteriormente, confiesa las reuniones clandestinas en las que ésta, junto con sus amigas, se ha visto involucrada:


He estado preocupada por Minerva, por escaparse y mentir acerca del tío Mon. […] Resulta que ella y Elsa y Lourdes y Sinita han estado yendo a unas reuniones secretas en la casa de Don Horacio. Don Horacio es el abuelo de Elsa, que anda en problemas con la policía porque no hace las cosas como debería, como colgar el retrato de nuestro presidente en su casa. […] Le pregunté a Minerva por qué hacía algo tan peligroso. Y ella me dijo algo extrañísimo. Quiere que yo crezca en un país libre. (1995, p. 23)

Sirvan los pasajes anteriores para recalcar la importancia de añadir la perspectiva infantil en la recopilación y reconstrucción del pasado histórico. Recuperemos estas voces no sólo para subsanar la deuda histórica con niños y niñas; con los huérfanos e hijos de militantes torturados, asesinados o desaparecidos en medio de la represión, sino para que a través de sus testimonios exista la posibilidad de concebir y construir una mejor sociedad para las futuras generaciones.


Dada su condición literaria, la novela histórica contemporánea no busca, ni pretende una reproducción facsímil del pasado histórico. En su lugar, ésta cuestiona la historiografía oficial al explorar aquellas voces que fueron silenciadas bajo una de las más sangrientas dictaduras de América Latina. Es ahí, bajo el peso del tiempo y el olvido, donde yacen las historias que merecen ser contadas, que ponen un rostro a la tragedia, pero también a la revolución.


Álvarez se propuso no mitificar a las hermanas Mirabal, pues sabía que un discurso que envuelve al individuo en hazañas de grandeza sobrehumanas es un arma de doble filo, lo vuelve inalcanzable e incluso invencible. Fue esa misma deificación la que permitió que Trujillo continuara con su tiranía por más de treinta años. En su lugar, presenta el lado humano de la dictadura, el de los hombres y las mujeres “comunes y corrientes”. La lectura de En el tiempo de las mariposas implica una mirada al pasado, no es una narración sobre las grandes proezas, sino sobre lo cotidiano. Son esos pequeños momentos que forjan nuestra vida el sitio donde nacen los sueños, donde la tristeza y los miedos calan. Son esos instantes los que conducen a la esperanza y, eventualmente, a la revolución.


De esta manera, el lector se halla ante mujeres que rieron, amaron, lloraron y sufrieron en medio de la oscuridad; mujeres reales con vidas eternamente trastocadas por la dictadura y a quien hoy debemos mucho. No es en vano que el 25 de noviembre —trágica fecha de su asesinato— su lucha se conmemore con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. María Cristina Pons escribe que “el centro de gravedad de toda recuperación del pasado es el presente en función del futuro” (1996, p. 259) y obras como ésta nos remiten a una Latinoamérica aún doliente, cruel e injusta que no exige de nosotros el ser héroes, sino seres humanos dispuestos a cuestionar, transgredir y luchar.


Pero aún no era el fin

¡oh dormidas! aún no era el fin

aún no era el fin


Pedro Mir




[1] Contardo, 2013, Costamagna, 2013, Pezoa, 2013, Zambra, 2011, 2014 como se citó en Castillo-Gallardo y González-Celis, 2015.




Bibliografía


-Castillo-Gallardo, P. E. & González-Celis, A. (2015). Infancia, dictadura y resistencia: hijos e hijas de la izquierda chilena (1973-1989). Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 13 (2), pp. 907-921.


-Menton, Seymour (1993). La nueva novela histórica de América Latina, 1979-1992. México: Fondo de Cultura Económica.


-Mir, P. (1969). “Amén de las mariposas”. Poeticous. https://www.poeticous.com/pedro-mir/amen-de-las-mariposas


-Pons, María Cristina (1996). Memorias del olvido, la novela histórica a fines del siglo XX. México: Siglo XXI.


-TeleSur. (2020). “Los crímenes del dictador Rafael Trujillo en República Dominicana”. TeleSur. https://www.telesurtv.net/news/rafael-trujillo-republica-dominicana-dictadura-victimas-20180529-0046.html

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