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De los nuevos cacos, quienes han encontrado una nueva forma de robar riquezas y más | Rozatl... #11


Rozatl a través del tiempo#11, una columna de Stefanía Gómez Angulo

El viejo arte de hurto ha acompañado a las civilizaciones desde que se empezaron a valorizar las cosas materiales. Ya fuera el más fuerte, el más hábil o astuto, el más violento, los cacos encontraban la forma de quitarle a las personas sus pertenencias. Ahora, hay un tipo de malhechor que sobresale por su entendimiento del mundo virtual. Si añadimos a esto, lo mucho que dependemos en la red y exponemos en ella, el peligro se vuelve latente.


Los ladrones virtuales no necesitan fuerza física, no necesitan astucia ni armas, sólo prenden una computadora y así pueden destruir vidas. Cuando supe de su existencia, me alegró saber que, al menos, no portaban puñales o pistolas, nadie podía salir herido. Pero, me di cuenta de que el nivel de daño, de violencia puede llegar a ser igual o mayor cuando conocí las historias de sus víctimas. Tal vez no sea un daño físico, pero sí perjudica la vida y las emociones de los afectados. Esto tiene que ver, más bien, con lo que pueden llegar a usurpar.


El objeto robado que se mantiene contante a través de las épocas es el dinero. Eso por lo que intercambiamos bienes y servicios. ¿Cómo es que hay monedas en ese espacio irreal? No lo sé con exactitud. De por sí, el valor de unos pedazos de metal y papel es algo surrealista para mí, esta denominación invisible lo es más. Sin embargo, estos maestros de la magia hacen que lo invisible desaparezca, tanto de bancos, como de las famosas aplicaciones. Pueden despojar a personas de los ahorros de toda su vida en pocos minutos, sin levantarse de sus asientos; sólo mueven dedos, teclean, clican. Por obvias razones, estos hurtos pueden ser devastadores para quien vive en esta modernidad regida por el poder y el dinero. La pérdida total del último puede resultar en depresión, incluso el suicidio. Me parece que nunca antes había sido tan importante tener dinero y mostrarlo, lo que ha provocado que estos crímenes sucedan hasta en la Internet.


La identidad también puede ser arrebatada por estos truhanes anónimos. Si se es lo suficientemente inocente como para exhibir datos personales en las redes sociales, es muy fácil que se tome esta información para suplantar al ingenuo. ¿Con qué fin? Con el de tramitar tarjetas de crédito, enamorar a personas, obtener fortuna, con un nombre y rostro ajeno. Se puede hacer lo que sea con una identidad falsa, total, la culpa recaerá en un pobre ignorante. ¿Quién no querría poseer tal poder? No obstante, hay algo aún más preciado que nos pueden quitar.


La relación que actualmente se mantiene con máquinas como el celular o la computadora es en extremo íntima. En ellas, guardamos nuestros secretos, nuesta existencia. Asimismo, hay almacenes en la red donde podemos resguardar, se supondría con seguridad, todo aquello que les confiamos a dichos aparatos. Sin embargo, estas cajas fuertes se pueden romper para observar o tomar nuestra intimidad. ¿Para qué? Puede ser simple morbo, aunque los bandidos también usan esta información para extorsionar a sus víctimas. Incluso, esto se puede usar para humillar, para desnudar a esa persona ante el mundo, por dolo o por venganza. Este castigo asemeja a la forma medieval, a los letreros, máscaras de hierro, picotas, todos esos instrumentos de tortura, cuyo objetivo era exhibir a los criminales. Actualmente, si uno documenta su intimidad con algo que tenga acceso a la Internet puede ser víctima de esta degradación, la cual ha llevado a muchos jóvenes a terminar sus vidas o a considerarlo. Cabe resaltar que son ellos los que más confían en estas máquinas y son los más vulnerables.


Ahora más que nunca, no se puede confiar en nada ni en nadie, ni en el mundo físico ni en el virtual. Pienso que estos timos seguirán pasando en cualquier lugar, en cualquier tiempo. ¿Cómo podemos prevenirlos, cómo defendernos, cómo asimilarlos? Eso es algo incierto, inexplicable. Podríamos no poner nuestro dinero, datos e intimidad en el mundo intangible, pero aún así estaríamos expuestos en la otra realidad. Tal vez el que nada tiene es el único exento, aunque estoy segura de que algo le podrán arrebatar. Entonces, ¿cómo solucionar este eterno problema? ¿Con amor, compasión, educación, igualdad? ¿O con odio, exilio, tortura, violencia?

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería