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De un espiral infinito de películas cortas, que suena a tiempo | Rozatl a través del tiempo #05


Rozatl a través del tiempo#05, una columna de Stefanía Gómez Angulo

El rumbo del arte cambió cuando, a finales del siglo XIX, se comenzaron a proyectar secuencias de imágenes que se movían, que capturaban un momento de la historia y lo convertían en algo eterno. Al principio asustaba, uno de verdad creía que el tren lo arrollaría, pero rápidamente nos acostumbramos a ver estas películas como extractos de otro tiempo, de otro mundo, que fueron hechos para que nosotros pudiéramos verlos, vivirlos. A estos cortometrajes me recuerdan otro lugar de la Internet, en donde pienso que el objetivo de la inmortalidad y la comunidad se ha deformado.


Su nombre es una onomatopeya, que nos indica el paso del tiempo, el cual, como un juez implacable, limita la exposición de las ideas en este nuevo formato de película a un minuto, máximo. Puede parecer poco tiempo pero, en conjunto, todas estas grabaciones pueden acumular infinidad de segundos. Este cine es para el que tenga acceso a la red y ganas de exhibirse, lo cual es muy común ahora. En la actualidad uno es capaz de ser el director, productor y actor de su propia película corta. Uno puede alcanzar la vida eterna gracias al arte, poder ser vistos por quien sea, donde sea y cuando sea.


Dos elementos claves de este nuevo concepto son la claridad y la concisión. Esto me recuerda a esos inicios del séptimo arte, en donde las posibilidades eran tan limitadas que se debía pensar y planear bien qué se iba a mostrar. Asimismo, se buscó la experimentación con las imágenes para sacar el mayor provecho de este invento, que podía convertir las ideas más alocadas en una realidad visual, móvil, algo que ningún arte había sido capaz de hacer. Honestamente, esperaba encontrar una visión pasadista en este extraño cinematógrafo, pero lo que encontré fue diametralmente diferente.


Lo primero que me llamó la atención fue la exuberante cantidad de videos que se proyectan, ni mil vidas alcanzarían para ver absolutamente todos los minutos que se han acumulado en este hoyo negro. Uno pensaría que la diversidad de temas, técnicas, visiones que se representan es pletórica. No obstante, la mayoría del material que vi se parecía mucho entre sí. Claro que encontré cortometrajes que contaban una historia interesante, pero pienso que el objetivo principal de estos nuevos directores es simplemente compartir ideas, no expresar creatividad o experimentación. Todos tienen un formato similar, a veces tienes subtítulos, todos con la misma fuente, lo que cambia es el lugar en donde se coloca el texto. No logré notar jugos de cámara, que complementaran la narrativa, o incluso una narración interesante o que se distorsionara el tiempo. Lo que sí percibí es que el sonido es parte esencial de este nuevo “cine”.


Todos los videos tienen audio, los más, una música estruendosa y monótona, con fuertes percusiones extrañas, las cuales me parece que están hechas con máquinas modernas. En el caso de esta mayoría, las imágenes son el accesorio de la música y no al revés, como en el cine tradicional. Pienso esto porque en estas grabaciones se muestran bailes exóticos, con pronunciados movimientos de caderas y brazos, que van al son de los tambores electrónicos. Aquí tenemos otro retorno.


En el principio de la civilización, las tribus nómadas se reunían y bailaban, algunos para venerar a los dioses, otros para mostrarse como parte de la comunidad, y algunos más para expresarse. Ahora, los bailes que se muestran en este cine ya no son para venerar a los dioses, ni para expresar un sentimiento o idea, ahora son parte de un nuevo ritual de iniciación, en el cual se imitan los movimientos del otro para pertenecer a una comunidad. Ésta tiene millones de miembros, que puede que nunca se conozcan en el mundo real, que no tendrán los beneficios de una comuna, como ayuda, asilo, convivencia, intercambio o compañía. No obstante, las personas que se graban imitando a los “líderes” ya son parte de algo.


Esta agrupación es demandante, pues requiere que cada elemento esté al tanto de los nuevos rituales que se inventen; los llaman “tendencias”. Se debe seguir a la bola, exponer su video, su mímesis. Aunque me pregunto, ¿qué ser inmortal es el encargado de ver tantas horas de lo mismo? ¿Será quizás su Dios? Puede que sí tenga cierto sentido religioso, oculto debajo de la banalidad. También me parece una hazaña increíble poder destacar y ser reconocido entre tanto material homogéneo. Sin embargo, este lugar tiene sus celebridades, sus sacerdotes, quienes imponen los nuevos movimientos para realizar.


Al final, pienso que este cine es una gran paradoja. Por un lado, se busca la trascendencia que ofrece el arte, se busca fama, el reconocimiento de nuestra individualidad. Pero por otro lado, se que quiere ser parte de la masa social, una sin forma real. Y se quiere pertenecer tanto que la gente está dispuesta a hacer cosas disparatadas o incluso peligrosas, cuando, ¿en realidad vale la pena pasar por estos rituales para ser incluido en un algo que ofrece tan poco? Deberíamos de buscar un equilibrio, entre el individualismo y el colectivo, porque la mejor manera de trascender por medio del arte es expresar nuestros pensamientos o emociones, de tal manera que el otro pueda entendernos o hasta sentirnos, sin importar tiempo o espacio, para así relacionarnos como seres humanos. Esto sólo se alcanzará con más originalidad individual y menos imitación colectiva.


La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería