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Después de la revolución de octubre, viene la de noviembre (reseña Noviembre) | Arte Pirata #03



Arte Pirata #03, una columna de David Chávez Segura


“El arte es un arma cargada de futuro”. “Noviembre” (2003) desarrolla en falso documental la historia de la evolución de un idealista del teatro, Alfredo, su radical grupo independiente callejero y el desenlace de un movimiento artístico comprometido y gratuitamente provocativo. A pesar de sus sensacionalismos y clichés del arte libre en su discurso, la temática transgresora que presenta dicho film tiene mucho valor para los que buscan inspiración en casos ejemplares de proyectos creativos ilustrativos, aunque irreales. En busca de un “arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente viva con ellos el espectáculo”, Alfredo y su grupo de teatro de guerrilla Noviembre nacen en un taller de interpretación, pasan por cuestionarse los fundamentos del arte escénico y, hartos de las mismas personas que van a los teatros, trasladan la acción de los escenarios a las inciertas calles bajo el mandamiento Mahoma que consiste en ir al público ahí donde esté. A través de sus performances no convencionales, el grupo se plantea el teatro por el teatro, el arte por el arte, exento de incongruencias, pero repleto de espontaneidad, rebeldía y firmeza. Se niegan a cobrar dinero, ya que eso supone para ellos una vergonzosa sumisión que desembocaría irremediablemente en la corrupción total del arte. El director, Achero Mañas, se planteó un homenaje al arte en defensa de la pasión por sobre las convenciones comerciales del arte, la censura y la creatividad sesgada. En un intento de fundir el arte con la vida misma, discurren varios ideales que en la práctica son irrealizables. Sin embargo, la búsqueda de una personalidad artística propia que sugiere es un ejercicio urgente para los que actualmente impulsan programas de creación y han permitido la prevalencia de la necesidad pública de distracción por sobre la deseada originalidad de un discurso honesto. La concepción de un espectáculo de acción directa que no se limite al entretenimiento sin más, es una idea útil en caso de querer plantear una actividad con resultados más prácticos, cuyos efectos sean contundentes y de los que se puedan sacar experiencias valiosas y útiles para futuras creaciones. Si la película pone sobre la mesa esas cuestiones, no es para ensalzar tal o cual ideario sino insinuar una revolución permanente, que no se estanque en discursos podridos y obsoletas plantillas. En la realidad, muy a pesar de las limitaciones formativas y trabas burocráticas en la formalización, los artistas independientes, que no reciben bonos ni apoyos ministeriales en nuestro país, se han sabido mantener relativamente vigentes en el contexto pandémico. Mientras tanto el “arte” es otra atracción en la feria de variedades, pero no un brazo político que permita, mediante sus miembros y sus obras, denunciar activamente los vacíos sociales ni inmiscuirse en ellos. Al contrario, ser “artista” ha sido más una excusa de ciertos personajes para involucrarse políticamente en la sociedad y aprovechar el poder mediático para difundir mensajes antojadizos o simplemente figurar para atraer las miradas de un público impertérrito, que mira y calla. “Perdonen ustedes por esta pequeña interrupción, perdón también a los actores de esta insigne producción subvencionada por el ilustrísimo Ministerio de Cultura. El caso es que el otro día decidimos tomar por la fuerza este espacio escénico para hacer oír nuestra voz. Y lo hemos hecho porque estamos hartos, estamos cansados, estamos hastiados, ¡estamos desesperados! Estamos viendo que el teatro y el arte en general últimamente apestan. Apesta a negocio, apesta a despacho, apesta a funcionarios, apesta a comercio, apesta a publicidad, a rutina, a comodidad, a relajamiento, aburrimiento, burocracia, apesta todo menos a arte… ¡Que alguien entienda el arte! ¡No solo el negocio del arte o el mercado del arte o el negocio de las subvenciones del arte! ¡No solo es una cuenta bancaria matemática del arte! ¡Pero nosotros no estamos en ese mercado, damas y caballeros! ¡Nosotros regalamos nuestro distinguido y preciado arte! ¡Nosotros somos libres! Creemos en un arte que sea capaz de cambiar los corazones de la gente; que les alegre, que les dé fuerza. Un arte que les haga sentirse vivos. Un arte que llegue directamente al espíritu de todos los hombres. Un arte que sea más consciente, que nos mejore como personas. Un arte universal, un arte sin fronteras, sin religiones, sin razas. Creemos en él como un arma, pero no en un arma de fogueo: un arma de verdad. Un arma que se tiene que hacer oír y que tiene que dar en el blanco…”


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