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Iluminándome y otros poemas apurimeños de Donny Portillo Ferro

Actualizado: may 25



Donny Portillo Ferro (Abancay, Apurímac-1989): Activista político e integrante del Colectivo Todas Las Sangres Abancay. Bachiller en ingeniería civil. Estudió dibujo en ingeniería. Viene trabajando en su primer álbum como músico solista. Participa en espacios culturales alternativos y recitales de poesía en su ciudad. Además, participó en publicaciones colectivas de poesía en otras regiones del país, así como en pequeñas publicaciones en la Internet.


ILUMINÁNDOME


Simbiosis Y La Renuncia De La Meditación


La ciudad despierta, y cesan los inconsolables llantos de quienes aquejados por la locura y la alabanza, duermen en benzodiacepinas; acurrucados a la vorágine de la colosal estructura, observando el espectáculo más ordinario del día a día, ése que amanece tan temprano entre la nube de carbono y el fast-food, entre la omisión del pacto de Babylon y los indicadores más afortunados del prestigio nacional, oro, cobre, hidrocarburos; indígenas en festivales endógenos del exótico orgullo blanco, por el mártir hombre negro rojo azul, un vestigio, que representa hasta el último espasmo del rincón más olvidado.


Pero.


A pesar de la taquicardia que provocan los documentales más felacionistas de la ciencia accesible, respecto al cambio climático la inversión magnética y el peligro de los asteroides, las centrales neuroquímicas del júbilo otorgan decenios de vigencia al juramento Mammón, a los venideros tributos que se reproducen en bituminosas formas de necesidad en protestas del calabozo en el super-ego.


A los incontables sueños que se adjuntan a las largas filas de los supermercados en otoño, entretenidos en selfies de la abstinencia afinidad neo-carnal.


A esos esqueletos que reposan neutrales en las salas de recreo, encendidos en fábulas de culeo-lloriqueo-bailoteo, compitiendo por el más solemne gemir, profanando y masturbando las grietosas paredes de la virginal noche, ésa que deambula ojerosa por la avenida del eros, utilizando avatares dichosos de sombras del futuro, mordazas de la plenitud misa dominical, legislaciones líricas en los altavoces del poder, que advierten el apocalipsis en la conciencia de los que pretenden insurrecciones neuronales.


Serán ellos. Los que, con duro apuñalamiento de moral, traspasarán los cuerpos coagulados del friki-erectus, los cuerpos adeptos del The Wall, los cuerpos guardianes de la simbiosis, declarando acusaciones en las páginas de comisarías, junto a bisexuales ladrones de la exclusiva hipocondría social. Glorificarán sus voces en las aulas de los 7 días, amplificarán las dínamos de aquellas que se propagan en las catedrales del fondo del oído antes de dormir; apagando la voz, apagando a sus mudos ojos ensamblados, que postulan sigilosos a la seductora industria farmacéutica, fieles al confesionario de la psiquiatría, y a su hostia que contrae los nervios antes y después de la copulación capitalista; los focos se apagan, el casting entró en fecha de vencimiento, los bolsillos tañen, y los miserables acechan las miradas de gatitos tiernos por las ventanas en fiestas de neón y seda, por un poco de misericordia social.


Así es como la enajenación iza su bandera en medio del latrocinio, en portadas amables con aborígenes portando carteles de la venturosa herencia pachamámica, acompañado de esbeltas muchachas del espectáculo matutino, profetizando en sus miradas la unción de los ruiseñores, las aldeas y los fértiles campos del proletariado.


Bendita sea.


Bendita sea, la noche de aquellos que nacen a las sombras del smog, a las orillas del alero, a las orillas de las inclemencias del individualismo, a las orillas del tiempo sin sombra, a los cantautores metafísicos del cáñamo, a las prostitutas de las altas horas de la luna, a los que visten y se desvisten en carnavalescos episodios de lotería en los oscuros pasillos del anonimato, a las que limpian la ciudad cuando todos duermen, a las que esperan el fallo final, a los que contemplan poéticamente el gemir entre las tenues luces de las celdas penitenciarias, a las decapitadas almas que son promocionadas como exuberantes y crocantes modelos en anuncios gastronómicos, a los sindicatos de la revolución que desempeñan su voraz apetito a las 10 horas y media en el lejano ocaso; entre el tráfico, la tarde, la soda, los travestis, el tabaco y las 10 mil formas que se petrifican elevándose al cielo; luz, brutalismo, minimalismo, tacones, labios carmesí, destellos y destellos de polvo blanco y brilloso, ojos desbordantes, despertador de los 5 intentos, trastornos del sueño, oráculo del mañana.


Bendito sea.

Él.

Tú.

Yo.

….


Mientras tanto, la muchedumbre conspira en los laboratorios del adagio quimeral, los discursos llegan desde las profundidades del cosmos, en señales telepáticas del estímulo cuántico materialista, en un astro que flamea residente en las mentes más evocadoras del vestigio social. Se atrincheraron, se jactaron, invocaron las fantasías del fetichismo en los pabellones de sociales, invocaron himnos soviéticos, muralizando y dictando el mapa de la tragedia, clonando en sus alas el juramento emancipador, lecturas infatigables que se extienden desde la precoz histeria, a las lejanas cabañas disgregadas por la venosa América latina, que flagela sin compasión a aquellos que traman la revisión de la antorcha famélica. Se mantienen firmes, atrincherados en las ostentosas meriendas con quesos suizos, discos de Bee-Gees, retratos de Mao, el youtuber más simbol de la conspiración binaria, las citas más agonistas que el cuerpo puede aguantar, el octubre esperado, el discurso inesperado, adeptos en un estado de orgasmo espiritual, se eleva el ser, los coros residen temporalmente en el eco del Yo, mancillando la pesadilla más espantosa del héroe abobinado, que viste o, mejor dicho, que se esconde, tras el disfraz de su draconezco papel.


Al no ser los únicos que tienen estas capacidades visionarias, también están aquellos que, ahora, siendo adultos, crecieron entre la invasión hedonística del milenio, la post-invasión británica, el romanticismo de este y oeste en una danza sensual de sombras tras la cortina de acero, el nuevo sapiens de la institución, uno que brota entre mandalas y el culto por el hombre espiritual, siempre éticos en la autopista de los dardos.


Bendita sea…


Bendita sea la mañana que despierta sin culpa, o relojes que anuncien el juicio final, como si se tratara del libro de las revelaciones ecológicas, que bajan por las tardes envueltas de glamour entre el espeso tumulto de la afinidad biodiversa, rusticidad en sus pieles, protocolos de ONGs, un fino discurso de aquellos que dejaron de ser hombres para convertirse en ángeles, ángeles bellos, ángeles que caen del cielo en las emergencias más agudas que la hipocondría clama; tabaco, porro, tetas, chaquetas con bordados neo andinos, el hashtag multisexual, citas carcomidas por el algoritmo ansioso de la salvación, encuentros interdimensionales de la diplomática acusación, acusando siempre a la metástasis imperialista y al troglodita hombre tradicional, ése que se arrastra por el borde del abismo, temeroso, siempre negando a la epífisis cerebral.


Así es cuando la tarde se pone ventajosa, y los días de celaje son propicios para las procesiones post-modernistas, los hippies buscarán la sanación cuántica, y las patentes de la relatividad justificarán algunos años más las pedantes del gran show, de aquellas que aguardan con timidez el solsticio de invierno.


Mientras tanto, en la avenida del eros, una gran multitud espera el momento para ser penetrados frente a los ojos del cielo, empañándose con sus alientos y escribiendo sus nombres en el frio cristal del gemir; rugirán plegarias a la tierra, quemarán sus vientres en los zoológicos, todo por un poco de calor, sueño y culo; sus ojos se derretirán, todo bajo el calor de los noticiarios, que con su radioactividad, penetrará aun más sus suaves corazones agitadores; se inundarán de sus vómitos, se inundarán las redes sociales, y los profetas harán la vanguardia desde las pomposas trincheras, entre el incienso y la meditación Krishna. Así es como las calles de la resaca invocaron al dios de la paz, al dios que viste andrajosos trajes del reino panteísta, mostrando sus afilados dientes en la virtual dimensión del hipercubo, agitando a la virilidad sentenciada, declamando poemas desde Tambobamba a Baġdād, en un apasionado corso encuentro de hipnotismo, duelo y disidencia, pronunciando gentiles el nombre de la locura ajena; esa que anda agachada en el reino de la adaptación, esa locura que ya no proviene de las marginadas sombras de la mente, sino de las reformas psycodelicas de los templos del altruismo, del seductor sueño antisistema, que canta sus suaves melodías indis, entre veladas veganas de la cósmica misa o buscando diamantes en las palabras claves del Mahāyāna, en eclípticas sesiones de yoga frente a la ciudad.


Ésta ciudad que está encendida

Pulsando

Agonizando

Dilatándose y contrayéndose

Balbuceando.

Llaman a los poetas

Llaman a los bomberos del Proto-tiempo

Llaman a los cráneos que dejaron sus almas en bancarrota.

Parece que habrá demora

Pero vendrán

Mientras tanto

Podemos dormir en sus frías cenizas Fin.




La ópera de los transeúntes


Quiero seguir soñando porque estás tú

musiquita que acompaña tus ojos

aquí es mi patria, donde cantan los indios con los dioses

Quiero que los hombres dejen de ser hombres

y aspiren ser gorriones o selenitas

para que le canten ícaros a la entropía

Quiero que la creación esté por encima de los chakras

y los bosques por encima de la autoestima

Quiero que las mañanas dejen de ser kafkianas

y que las orugas dejen de ser trenes

y que las aves dejen de ser aviones

Quiero que la explicación del origen del universo

tenga que ver contigo

porque de mantras y discursos indigenistas

ya levantaron epodos

Quiero que mi país germine de la sonrisa

y la sonrisa sea sinónimo del uni-verso

Quiero que las ecuaciones diferenciales

y los métodos matriciales

expliquen el dominio onírico

Quiero que mis canciones hablen de amor, de guerras y muros,

de sueños y del niño Ernesto, de hackers y telos baratos.

Quiero que mis canciones hablen de las sequías, de tinyas y Violeta Parra,

de trovadores y chicherías. Que hablen del alprazolam,

de los estados de la materia, del infinito, del capitalismo.

Quiero que mis canciones hablen de huariques y yunzas,

de curanderos y pabluchas, del radar Doppler

y los asilos de ancianos. Que hablen de King Crimsom

y la Divina Comedia, de Chacalón, de Sofía y la antimateria.

Quiero que DE las grandes metrópolis

florezcan niños y de los niños florezcan sueños

y que a éstos se les confunda con el futuro

Quiero que los jóvenes hagan un pacto con la poesía

y que a eso se le llame nucleosíntesis primordial

o simplemente jugar trompos

Quiero que montar bici sea igual a hacer expedientes

y que esta sea la metafísica de los revolucionarios

Quiero que la transculturización sea un mito

e inventarte, la hierática de mi debilidad

Quiero que los políticos se arrojen a los orfanatos

más no a los mares

y que de sus hombros crezca la nueva tierra

Quiero que los artistas tomen las calles

y levanten el imperio perdido de las mariposas

Quiero seguir soñando porque estarás tú.



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Me invitas al movimiento de las cosas simples

Veo la página, la radio

Arrimo mi juicio y entrego mi densidad

Dichosos fueron los hombres

-Dichosa la palabra-

-Interminable sonido, extiende mi belleza-

Insondable es la juventud de los 500 años

Jardín de los olmos, invento acuático

Tu secreto esculpe el granito de la vida

Ascético e inconstante

-Estacionaria la sabiduría-

- Carpe diem, Carpe diem-

Y en ese poliforme resplandor verde

Aire de millones, inocencia genital

Ninguna jornada duerme la ciudad

Mujer remota

-Crisantema geometría-

- Extiende el corazón, extiende mi corazón-




La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería