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Educación virtual y pandemia | Tren de papagayos #06


Tren de papagayos #06, una columna de Saúl Munevar

Mostramos y somos lo que queremos ser ante la cámara. Cuando el uso del tapabocas se hizo obligatorio una parte del otro se vio sesgada, por lo tanto, nuestra identidad también se alteró por un elemento externo que a la medida que nos igualaba nos generalizaba bajo un momento histórico y pandémico. La virtualidad no anula precisamente la identidad pero no da más datos a parte de un rostro y un supuesto nombre. Textos como El mito de la caverna, de Platón; films como The Matrix, de las hermanas Wachowski, tocan el tema sobre lo real y lo irreal. ¿Lo que estoy viendo y escuchando es real? ¿Eso que escucho y veo es lo que debo aprender? Si decido qué es lo que no quiero y quiero escuchar y ver, simplemente muto (cuelgo) la clase. Es una manera muy fácil de evitar la otredad y la alteridad con el otro, como la función de bloquear en redes sociales a un contacto no deseado. Los tiempos de la pandemia han reforzado la figura del Ser Digital, y sus variaciones: millenial, centenial, generación digital. También han hecho más visible el caso de los hikikomori, un caso social de aislamiento juvenil. Personas, por lo general jóvenes, que decidieron no volver a salir al mundo y quedarse encerrados en sus casas para siempre, en mucho de los casos conectándose o desconectándose solo a través de sus computadoras, televisión o videojuegos.


Pasa algo que podría considerarse contradictorio: Después del año dos mil se considera a esta generación como la más digital; sin embargo es la que menos quiere aprender por medio de clases virtuales. Tal vez porque los medios virtuales los relacionan más con el ocio que un medio de aprendizaje impuesto. Otra figura que resalta aquí es la del docente virtual. Un docente de escuela o colegio representa una figura de poder, por adoctrinamiento el alumno ha creado una necesidad de ser vigilado, bajo esta vigilancia es que puede llegar a cumplir con las obligaciones académicas. Las clases virtuales regulan este tipo de control y vigilancia cuando hay clases sincrónicas donde con quitar la cámara y cerrar el micrófono se sale del radar avizor; es decir, que la vigilancia sobre las obligaciones académicas recae sobre el alumno y este tipo de desconexión crea otra: La falta de voluntad para ver clases de manera virtual.


Es un periodo de transición entre lo presencial y lo virtual para todos los docentes, estudiantes y oficinistas con oportunidad de teletrabajo. El final de la pandemia, o el control de la misma, traerá un cambio importante, al menos en el nivel educativo: Las instituciones podrán implementar las clases virtuales como una norma o las clases semipresenciales como una iniciativa. Será una mudanza lenta y llena de complicaciones en países con graves problemas de conectividad y acceso a la red. En los países que no tengan dichos problemas este paso será rápido y de fácil adaptación, causando una nueva generación de estudiantes pertenecientes al Ser Digital. ¿Pero qué pasará con aquellas clases donde la interactividad física como los deportes, la danza, el teatro, los laboratorios…sean indispensables? ¿Cómo combatir el sedentarismo y la obesidad que pueda generar una jornada escolar de más de 6 horas? ¿Cómo cultivar y enseñar conceptos como la empatía, la otredad, la alteridad o la solidaridad desde la virtualidad? Estas son preguntas que desafían a la pedagogía y la ciencia del aprendizaje y la enseñanza actuales.


Al principio hablaba de The Matrix, una película que entre otros temas toca uno muy actual: El encierro dentro de la red, con el peligro que se caiga en la no diferenciación entre lo real y lo irreal o entre lo ficcional y la verdad; como pasaría en el Mito de la caverna: ¿Qué tanto la virtualidad acercará y alejará a los seres digitales de la verdad? ¿Si se acercan mucho a luz de la verdad como Ícaro se quemarán o serán desacreditados como el desertor de la caverna? No se puede satanizar la virtualidad, a estas alturas es imposible, pero al parecer se necesitarán nuevas materias o cursos en los colegios y escuelas donde se deberán impartir conocimientos básicos de programación así como el manejo de sus distintos lenguajes. Es hacia allá donde se dirige el Ser Digital, del hardware mudará al software. The Matrix propone un futuro distópico sobre el posible fin de la humanidad, los roles de sujeto a objeto se invertirán, las máquinas ya no serán útiles a nosotros, seremos nosotros a ellas. Otra propuesta de futuro con respecto a la realidad, y no tan trágica como la primera, es la representada en Ready player one, ambientada en el año 2045 donde la voz del personaje principal dice que la gente se cansó de lidiar con los problemas, se resignó a convivir con ellos y prefirió pasar la mayoría del tiempo en el metauniverso de OASIS, donde el avatar, o identidad que eliges, es un constructo de lo que tú quieras ser, poseer, proyectar y estar en desacuerdo con las carencias y problemas del Yo real y de la realidad.


Son muchas las ofertas laborales para docente o teletrabajo donde se exige un conocimiento sobre manejo de TICS o al menos, un nivel básico de sistemas. Incluso la consecución de un trabajo ha desplazado a la forma física de entregar hojas de vida; para esto hay plataformas disponibles donde se llena un formulario o se sube el currículum vitae para aplicar a una vacante, sin moverse de casa. Es así como el neologismo webinar, el cual abarca casi todo lo que pueda enseñarse mediante un video sincrónico con un horario específico y por lo general de corta duración, ha empezado a figurar dentro de las ofertas del aprendizaje, con la desventaja que solo busca instruir mas no certificar. La figura del diplomado, hablando en términos virtuales, incluye unos tiempos más prolongados, con clases sincrónicas o asincrónicas, un ritmo propio para cada asistente, y un único objetivo: El certificado. El tiempo es un concepto abstracto sobre el cual se han desarrollado medidas para poder cuantificarlo. Si esta es la era digital también es la era de la celeridad. El mismo objetivo puede tener múltiples caminos, nuestra mentalidad occidental está condicionada hacia los resultados, las metas, los fines, sin medir los medios; el orden de los factores no altera el resultado. El tiempo, por lo tanto, se decide cómo emplearlo y sobre qué emplearlo. El individualismo ha conllevado a controlar el empleo del tiempo en la era digital. Y los objetivos se buscan alcanzar de la manera más rápida, corta y en menos pasos. Incluso la formación académica llega a ser una opción más no una obligación.


En la plataforma de YouTube hay varios vídeos de niños que salen a explicar sus experiencias en el evento TED. Uno de los más interesantes es el caso de Logan LaPlante que decidió dejar la escuela pues la vio como un obstáculo para su empresa principal: Ser feliz. Javier Ochoa García de León, un niño que cuestiona el hecho de que muchos adultos se cierran a tener conversaciones con personas muy menores a ellos o cuestionan el hecho de que el conocimiento es proporcional a la edad y que un niño no sepa nada de temas actuales, por ejemplo, las elecciones en Estados Unidos. Sophie Defauw, quien comparte su experiencia a los 16 años de nunca haber ido a la escuela ya que sus padres optaron por una forma de enseñanza no convencional; The homeschooling o Educación en Familia. Matías White, un niño lector preocupado por los bajos niveles de lectura de las familias de bajos recursos. Y su proyecto de llevar libros y acercar a la lectura a los niños de estas familias. Antonio García Vicente, a su corta edad ya diseña y programas para videojuegos infantiles con fines de enseñanza y aprendizaje; de igual forma comparte sus conocimientos de informática creativa con sus compañeros de escuela. Esto puede tomarse como un indicador que la autoformación, el empirismo, el aprendizaje autodidacta y la formación continua son otros modelos de aprendizaje y que poco a poco se han ido convirtiendo en un habitus; a partir de una dinámica social como la pandemia, las exigencias virtuales de comunicación y las exigencias laborales determinan nuevas formas interactivas de aprender, enseñar y trabajar.


Tal vez la palabra aquí sea adaptación; implica competencia, supervivencia. Yo prefiero el concepto biológico de homeostasis. Una forma de equilibrio social que se ha visto alterada por la pandemia. No se sabe si esto forzará un cambio de conciencia y de pensamiento con respecto al contacto físico, si disminuirán o crecerán la práctica de los besos y los abrazos, o se valorarán por debajo de la salud. Estoy expectante a ver cómo será la consideración sobre los mecanismos para adquirir conocimiento y aprender cosas nuevas ¿Se valorará la experiencia o el virtualismo? ¿Los mecanismos de educación alternos serán superpuestos sobre los mecanismos tradicionales? ¿Qué nuevas enfermedades mentales descubrirá la OMS ocasionadas por el encierro y el aislamiento? La homeostasis es buscar un equilibrio con el entorno virtual; ese es el camino: virtualizarnos. Pero ¿Cuál será ese límite? ¿Cuál será el futuro de la educación? Axel Rivas está de acuerdo con que las personas tendrán en sus manos en labrar su propio camino frente a la educación.


A la luz de Axel Rivas encuentro que él está de acuerdo con mi posición de la libertad de escoger qué quiero aprender a través de la red. Además de que hay muchas fuentes de conocimiento que se expanden día a día, así como los mecanismo de aprendizaje; múltiples fuentes de la verdad, una heteroglosia de lenguajes, perspectivas, puntos de vista y de fuga. Esto frente a los entes de control que proyectan una estructura estándar para aprender y enseñar. Qué tanto lograrán controlar y qué tanto vigilar. Subyace un peligro cuando se pretende obtener una única verdad en medio de un multiverso de verdades propias y defendidas a capa y espada. La verdad, la única verdad, será cada vez más propia, más única, más “mía” y la segmentación de la fe será cada vez más fractal. Más y más división hasta que tal vez no haya ya en que creer, y como en The Matrix, nos convirtamos en los sirvientes de las máquinas y ellos en nuestros amos pues llegarán a conocernos tanto más que a nosotros mismos. Sí, suena muy trágico, pero a manera de conclusión final dejo esta preocupante respuesta que dio Axel Rivas a la pregunta: “¿Internet cambia el modelo educativo?”. Y él contestó (El subrayado es mío):


Sí, está cambiando. No sabemos bien hacia dónde. En su momento se decía que la radio iba a hacer innecesaria la educación. Después se dijo lo mismo con el cine, con la televisión, con las computadoras, pero el sistema educativo sigue ahí y sigue, parece, inalterable. Pero creo que internet y la forma que va cobrando esta sociedad de las plataformas y los algoritmos es muy distinta en la manipulación de la cultura, porque tiene la capacidad más precisa, eficiente y evolutiva de meterse en nuestra mente. Algoritmos cada vez más sofisticados pueden anticipar y manipular nuestras conductas. Pueden saber qué deseamos, incluso mejor que nosotros. Eso, para la educación, es una herramienta decisiva. No es lo mismo transmitir en todas las aulas la misma imagen en una pantalla, que conocer cómo aprendo yo matemática y cambiar la manera de enseñarme en base a mi comportamiento previo y al de miles o millones de alumnos que entran en una misma plataforma.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería