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El arte de valer verga: la poética de Axel Catalán | Miscelánea WAV #02


Miscelánea WAV #02, una columna de Enrique Chávez


Si las cosas van a valer verga, pues que lo hagan bien. Si las cosas van a valer verga, pues lo hago también. Valer verga, Axel Catalán

Lo realmente mágico en Axel Catalán, cantautor mexa-independiente incubado en el folk rock y sus derivados, es que se conceptualiza a partir de fuerzas antagónicas. El amor-desamor, la austeridad-abundancia o la melancolía-fervor parecerían banalidades, e incluso clichés, dentro del lenguaje sonoro; sin embargo, en manos de Axel adquieren una naturalidad que nos hipnotiza y nos refleja. La música de Axel es anti-natural a lo que andamos acostumbrados. Pocos autores y artistas logran lo que Axel: un dinamismo bien enjaulado, sincero y cotidiano que va de la desgracia más íntima hacia la violencia, la esperanza o la ironía de la vida misma. Y hablar de estos temas incluso ya cae en territorios de la exquisitez poética, pero nada más alejado de la realidad. El verdadero encuentro poético-estético de Axel con su música y con nosotros, los mortales y condenados a la mierda vívida, recae en la actitud de valer verga día con día. Valer verga, un eufemismo muy mexa de lo que significa meterse en los abismos de la depresión o el fracaso premeditado, es un arte en toda su expresión. Cosas como la cruda, el desempleo, la tristeza o el malviaje también tienen su toque poético y su propia manera de manifestarse desde una vuelta de tuerca artística. Vaya, hasta para saltar al vacío y dejarte llevar por la miseria debes tener algo de estilo. No es la expresión más bonita lingüística o semánticamente, pero no podemos negar que es sincera, profunda y con un valor nostálgico pintoresco que hace de la vida una redención constante y necesaria. Y cuando digo que es un arte no estoy hablando (o escribiendo) al tanteo: valer verga es un recurso casi tan imprescindible como las hipérboles y metáforas académicas de nuestra cotidianidad; quizá mucho más. Y si hablamos del arte de valer verga, definitivamente tenemos que hablar de Axel Catalán. ¡Verguísima este compa! La música de Axel es una especie de reencarnación de los viejos beatniks o los infrarrealistas, algo así como una mezcla de agudeza mental y paisajes grotescos-papasquiarianos tan reales que nos causan un poquito de compasión y sensibilidad. Encontrarse con la música de Axel Catalán es recorrer un camino de diversos estilos, líricas y emociones donde se retrata a la vida misma junto con sus asperezas, triunfos y lamentaciones idílicas. El trabajo, la depresión de los días, las amistades funestas, la despreocupación, la escasez de dinero, tirar basura al mar, la violencia, el sexo, la esperanza, una camisa sucia, una chica bonita y ninfómana, la masturbación, el caos, el paisaje, los toquines y los viajes son algunos de los temas e imágenes de los que Axel se apropia, mutándolos a partir de un rock sabrosón, tradicional, apacible, melancólico o psicodélico, dependiendo el caso. Doparte con las rolas de Axel es una experiencia reflexiva e incluso divertida, sin embargo, no puedo dejar de pensar que Axel es más que un simple músico: es el maestro del arte de valer verga y, sobre todo, un genio de la palabra. Axel Catalán es capaz de competir, resumir y superar lo que grandes poetas y músicos dicen sobre la realidad íntima y social, y eso ya es decir mucho. Rolas como Bonita son un gran ejemplo de cómo Axel cultiva el arte del desmadre y la fatalidad diaria: “Es tan bonita, / tan rara, tan coqueta / y siempre tiene ganas de coger / Me siento extraño, / creo que hasta me hace daño / pero lo aguanto por querer saber / cuántos besos me podrán caber / en su cuerpo color miel”. La cualidad de Axel es esa: encontrar el punto medio que va de la desgracia a la imagen poética. Sólo un artista que ha escarbado entre la dolencia podría lograr lo que Axel plasma en todas sus rolas. La estética de Axel tampoco es algo nuevo para los oídos más experimentados. Su extensa discografía está marcada por una renovación constante, y eso me parece una genialidad increíble que destaca de entre otros autores mexicanos. Pasar de un rock “purista” a un folk más intenso o a un son jarocho más livianón le da mucha variedad y color a su propia estética, haciéndola mucho más cercana a nuestro día a día y a los tropiezos a los que estamos acostumbrados. Iniciando con Perro Viejo (2015), un pseudo demo-EP con algunas míticas rolas como la ya mencionada Bonita o la sacrílega Los Amantes, y pasando por el apoteósico (y mi favorito) Sinfuturo (2018), en compañía de la banda Los Sinfuturo (integrada por el hermano de Axel, Carlos Catalán, y el grande Cuahtli Bacilio), y el EP Inútil Corazón (2019), Axel ha sabido mantener una línea artística que lo aleja de chingos de artistas y lo posiciona varios peldaños más arriba en cuento a creatividad y sinceridad sonora. Lo más reciente de Axel es el álbum Los Zopilotes (2020) y no tienen idea de qué pinche delicia tenemos enfrente. Un digno sucesor de la línea poética de Axel y un gran agregado para quienes disfrutamos de la música pre-math rockera del son jarocho mexicano y otros arreglillos curiosos. El compa hizo bien en retomar estos ritmos más acústicos y fusionarlos en su propio universo verguero. A pesar de esto, algo que nunca cambia en las rolas de Axel Catalán es su lírica: un encuentro de fuerzas cotidianas donde el placer, la naturalidad y la consciencia nos adentran en la idea de valer madres en todo momento. Poderosa, hiriente, cotidiana y bien cuajada podrían ser algunos adjetivos para describirla, pero nada mejor que comerla y respirarla para encontrar el punto clave de su estética: valer verga en la cotidianidad. Según mi visión personal, las letras de Axel funcionan como parteaguas dentro de la música de autor mexa. No estamos situados en un terreno estrictamente lírico, con una voz falsa, sino que todo se siente más ligado a la experiencia de Axel como voz real de cada rola. El yo lírico se elimina y da rienda suelta a una visión de autor muy vergas, rodeada de una euforia y precisión difícil de igualar. También pienso que las rolas del Sinfuturo son uno de los pilares en la música de Axel y ya nos dejan entrever de qué carajos va su rollo. El álbum está tan bien hechecito que es disfrutable de principio a fin. Cada rola se toma su tiempo para evolucionar o meternos en la sintonía de cada tema y cada espacio, y aunque encontramos en otros álbumes esta misma línea estilística que retoma el tema de la fatalidad o la esperanza del deseo (por ejemplo en Porno de Los Zopilotes, donde Axel dice: “A decir, me estaba masturbando / Descubrí me estaba funcionando / Agarré el celular que estaba cargando / Procedí a buscar porno sólo cuando / conectó la señal que estaba robando / Para entonces creo que ya estaba sudando / Procedí a magullar mi miembro al tacto […] En el éxtasis sólo me estoy esperando / a pecar contigo“), nada puede competir con los textos y los ambientes del Sinfuturo. Rolas melancólicas y contemplativas como Austero, Apocalipsis Romántico, Tristeza y Camisas se acoplan muy bien al rock más movido y cochinón de Antes, Balazos y Sin Futuro, creando un doble juego donde la posibilidad de valer verga se retoma desde un punto positivo o negativo. Tan sólo hay que checar cómo comienza Austero: “Trabajo de 1 a 9 / Soy adicto a mentir / No me gustan los domingos / y no sé qué te gusta a ti / No me cambio muy frecuente / Me deprimo con facilidad / Nunca he sabido demasiado / pero hoy yo sé: / quiero que te vengas tú conmigo / a fugarnos de esta ciudad / Andaremos sin un rumbo fijo / pues sabemos es lo ideal”. Axel logra pasar de un estado tedioso e incómodo al tema amoroso desde las cualidades de la metrópoli: la chamba y la depresión cotidiana. Tal es la gracia en la lírica de Axel que desarrolla prosopopeyas (animar objetos estáticos) sin el menor esfuerzo, logrando diálogos interiores que nos hablan del dolor y la superación: “Quiero pedirte, Tristeza, que me tengas compasión / Acostumbrado me tienes a buscarte en mi dolor / Caminaremos tan solos por el valle del amor / Y nos quedaremos tan ciegos limitándonos los dos […] Comienzo a aceptarlo, te quedarás / y no me queda nada más que aceptar / y escribir canciones de soledad / de dulces emociones que quedarán” (Tristeza). Analizar la lírica de las rolas es otro rollo. Axel utiliza muchísimo la cotidianidad para darle forma a sus propios temas y construcciones. Rimas sutiles (sin excesos ni pretensiones), imágenes reales, un contexto sonoro que privilegia la perspectiva de la voz y un escenario de guitarras en comunión con el bajo y la bataca, logran crear rolas simples, pero muy bien organizadas. Camisas es de mis rolas favoritas y algo de ella refleja todo este cochinero lírico: “Camisas que lavar y ni siquiera me estoy moviendo / Otra vez a tocar para viajar y no tengo un peso / Cosa que viene y va, más va que viene, siendo sinceros / Así sueles andar, caminas mucho, tortas del metro”. Y no estamos diciendo que con esto Axel no sea serio; todo lo contrario. Los temas de las rolas, aunque puedan parecer banales, están construidos desde una retórica muy sutil, pero consciente de los cambios sociales e interpersonales con los que cualquier persona se topa y sufre. Tal es el caso de Sin Futuro y de Apocalipsis Romántico: “Iban soñando desde niños / Nunca encajaron en la sociedad / Sacrificaban sus caprichos / para adaptarse a los demás / Varios les llaman “sin futuro” / Varios los quieren dominar / Dañan sus alas con castigos / para no dejarlos volar”; “El mundo a colapsar / nadie lo puede evitar / de nada sirve que lloremos / Tiramos mierda en el mar / y nos encanta matar desde el principio de nuestros tiempos […] Pero las aves comienzan a trinar / y disfruto mi respirar / Y agradezco por un día más / Me derrito y voy sintiendo el resto / Si por las noches me vuelvo a acostar / debatiendo con tu recuerdo / Y de nuevo te vuelvo a extrañar / aunque estés toda dañada y eso esté de la chingada / y ya no sepa ni a dónde ir”. Axel desarrolla el sentido de valer verga no sólo de forma íntima, sino en un nivel social donde las problemáticas mexas se comienzan a matizar desde lo humano. Con esto comprobamos dos cosas: que Axel no se toma sus letras a la ligera y que siempre encuentra un contexto específico para detonar su faceta como poeta y creador. Cada una de sus canciones, independientemente del álbum o el periodo estético, siempre nos llevará a los senderos de la reflexión o la denuncia, estabilizando el género del rock con una suerte de mensaje profético donde las jaleas de la fatiga o la calamidad se unifican y se reaniman. Escuchar a Axel Catalán siempre va a ser un privilegio y un desmadre. Ya lo dije antes, valer verga es el estado natural en la estética de Axel, y atreverse a escribir sobre ciertas cosas y ciertas emociones incómodas no hace más que enriquecer cómo es que el artista, esa entidad fugaz y malvibrosa, observa la vida y sus rodeos. Axel sigue sorprendiéndome cada vez que lo escucho y creo que eso es parte de su mensaje: entender cómo la gente conecta consigo misma y con las cosas que nos aquejan y desdoblan por momentos. Valer verga es un arte, y qué mejor arte que el que resquebraja el cuerpo y la mente en atmósferas de dolor, esperanza, soledad y amargura.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería