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El génesis de la visión de la humanidad (parte 2) | OXIB NOJ #07


OXIB NOJ #07, una columna de Eleázar Adolfo Molina

La Odisea.


La odisea quizás es la piedra fundamental de la literatura que trata el amor y la fidelidad. En Ítaca Odiseo ha dejado a su esposa Penélope para ir a combatir a la guerra de Troya. Odiseo no ha logrado regresar a su casa y han pasado ya muchos años, muchas personas lo creen muerto, pero no es así. Odiseo es preso de la diosa Calipso, es un preso del amor. A eso hay que sumar que Poseidón no está contento con Odiseo y tiene planeado hacerle la vida imposible y no dejarlo volver.


Penélope es asediada por muchos pretendientes que quieren casarse con ella para volverse reyes. Una vez más aquí vemos como los dioses intervienen en la historia y la trama. La fantasía que combina lo divino con lo mortal, lo extraordinario con lo ordinario es manejada magistralmente por el poeta a lo largo de las rapsodias. Zeus hace que Calipso suelte a Odiseo para que vuelva a casa. Iniciando así una serie de sucesos que llevan al retorno final de Odiseo a los brazos de su esposa. Desde sirenas que quieren devorar a los hombres, pasando por el ciclope Polifemo (Posterior inspiración para Góngora), pasan a la tierra de los lotófagos donde comen un loto que les hace olvidar quienes son; por la curiosidad los compañeros de Odiseo piensan que el regalo de Eolo dios de los vientos, es un tesoro y abren la bolsa que contiene los vientos y desatan ocho tormentas a la vez. Circe vuelve a secuestrar durante un año a Odiseo y lo hace su amante. Un año más pasa Odiseo de esta forma hasta que ella lo deja ir.


Por fin al regresar a su casa nadie reconoce a Odiseo, hasta que este se revela a su hijo, este a su vez habla con Penélope y trata en vano de convencerla sobre su el retorno de su padre. Inventa una competencia física y declara que se casará con el ganador. Los pretendientes tienen que encordar el arco de Odiseo y lanzar una flecha por los cabezales de doce hachas. Lo intentan muchos pretendientes y todos fallan, hasta que Odiseo pide la oportunidad, disfrazado de mendigo tiene éxito y con la ayuda de Telémaco y unos sirvientes leales, mata a todos los pretendientes en una masacre de 100 muertos.


Ulises regresa al lecho de su esposa y todo está bien. Sin embargo la muerte de los pretendientes es causa de una discordia que con la ayuda de Atenea se termina haciendo que regrese la paz a Ítaca.



Las estrellas.


A lo largo de las dos obras vemos como se tratan los temas centrales de la historia de la humanidad. Haciendo un rápido listado vemos el amor, la traición, la avaricia, el orgullo, las mentiras, las pruebas, la paciencia, la esperanza y la fe. Siendo estás dos últimas quizás las más importantes de todas, ya que por medio de estas dos virtudes los héroes y diversos personajes de ambas historias van cumpliendo sus objetivos.


La genialidad y la maestría de estos cantos hacen que los autores posteriores vuelvan sus ojos a los griegos para buscar la inspiración que necesitan para poder escribir o salir de un bache de creación.



A modo de conclusión: Las sirenas.


Aun podía recordar las madrugadas abrazado a Circe, recordar su pálida piel y sus formas perfectas y duras, ella tenía el cuerpo de una mujer en la flor de su edad, aunque sus conocimientos hacían ver que Circe existía desde las guerras titánicas. Todas las noches durante un año fue exactamente lo mismo, entregarse a la diosa y a ella volverla mortal por medio de los placeres carnales y apasionados que solo ella y Ulises renovaban constantemente. La tripulación se quejaba y fue por eso que Ulises decidió reiniciar su camino a casa.


Se acercaban a la isla de las sirenas y el mortal que volvió loca a una diosa, pecando de vanidad quiso tener un trofeo nuevo en su repisa de egocentrismo. Quería ser el primero en escuchar el canto de las hermosas sirenas y sobrevivir. Recordó la noche en que jugaban a la creación del mundo en medio de las piernas de la diosa, cuando ella entre los ruidos del amor y la pasión le conto al oído un secreto a su amante taciturno. El secreto para poder avanzar más allá de la isla de las sirenas. Decían los antiguos que la sabiduría de las mujeres se expande y se aprende en la cama durante las noches.


Al horizonte asomó el dibujo de los cañones que dibujaban las montañas rocosas de la isla, la niebla y la oscuridad infundió de temor el corazón de la tripulación, pero el deseo de eternidad envalentonó el corazón de Ulises. Dio la orden de que se taparan los oídos con todo el rigor y fuerzas, que lo ataran al mástil y lo sujetasen fuerte, que por más que rogará y ordenará su liberación, no lo soltasen jamás. La nave bailaba con la muerte con la música de las aguas, mientras la tripulación ataba a su obstinado capitán y el resto se tapaban los oídos. Al acercarse a las costas de la isla todo cambió de pronto…


Ulises vio las playas de arena blanca aparecer en la costa, la flora del paraíso y creyó llegar al jardín de las Gracias mientras observaba como mujeres desnudas, de cabellos rubios y negros le saludaban y le tiraban besos. La mayoría de ellas le hacían gestos carnales y le incitaban a tirarse a las aguas y poder yacer con ellas. Las playas de arena negra, de tierra quemada aparecieron estremeciendo las uniones del barco. Los hombres se aterrorizaron y solo podían ver el estruendo que generaban las creaturas aladas que volaban alrededor de la nave. Todos miraban con pavor a Ulises que se encontraba perdido en el horizonte y trataba por todos los medios de quitarse las amarras y pateaba a sus custodios. Las creaturas eran aladas y tenían el rostro de mujeres viejas y corroídas por la vida. Parecían gritar, intentaban por todos los medios caer a la nave y raptar a la tripulación. Pero por alguna razón no podían. Ulises no daba crédito a lo que veía, mujeres de tan hermosas figuras, de senos rebosantes y caderas infinitas. Piernas talladas por el mismo creador de la tierra, la belleza que jamás había visto y todas querían estar con él. En los cantos que Ulises escuchaba, le transmitían sus deseos de estar con el valiente y poderoso Ulises, aquel que le rompió el corazón a una diosa. Ellas querían estar con un hombre así. El barco se asomaba y entraba al riachuelo que cruzaba la isla, la libertad esperaba como una amante al final de aquel rio. Las aves deformadas se abalanzaron sobre la nave y empezó así una batalla titánica contra los remos, luchaban hombres contra deformes creaturas que volaban alrededor, la pureza luchaba contra la lujuria, mientras en el mástil, el hombre intentaba por todos los medios ceder al apetito de la carne, al deseo de sentirse hombre. A medida que se adentraban en la isla, Ulises contemplo la belleza de las mujeres de toda la tierra, desde las mujeres de piel negra, hasta aquellas con tintes rojizos, de muslos amplios y de boca chica, era un compendio de belleza de femenina, Ulises deseaba estar con todas, si durante un año complació con creces a una diosa, ya serán unas mortales de aquella isla. A Ulises se le habían olvidado las sirenas y solo pasaban ante sus ojos las hermosas princesas de aquella isla. Piedras, mordidas, niebla y de pronto uno de ellos gritó, había visto una cascada y el final de aquella prueba. Estaban cerca de la libertad pero su capitán estaba al borde de la locura. Entonces Ulises la vio a ella, la única y la amada, la dulce e inocente, su fiel Penélope, había visto a todas las mujeres de la tierra y era ella la que lo volvió loco, empezó a morder las ataduras, a patear a los carceleros, gritaba el nombre de su amada y luchaba contra la locura de sus subalternos. Ulises rompió las amarras y cayó de bruces contra el suelo. Las sirenas enternecieron más su canto, tanto que a la tripulación le llego a la piel el sonido del deseo. Ulises se empezó a arrastrar por la nave, mientras contemplaba a su esposa desnuda ya recostada sobre el aposento, le esperaba para recordar los días de la gloria, para escuchar sus historias de amor y de victorias, quería revivir todas las noches, las madrugadas perdidas en el sitio de Troya. Las sirenas volvían locos a los dos. A Ulises le faltaba poco para saltar del barco y llegar con su amada, los hombres intentaban sujetarlo y las sirenas se volvían locas por raptar a esos hombres. De pronto a Ulises se le acabo el mundo y junto con sus hombres cayeron por la cascada, las sirenas derrotadas de la cólera se dejaron caer y chocaron contra el mar volviéndose miles de pétalos de rosas rojas, la lujuria al entrar en contacto con la pureza, se hace inocencia y se vuelve virginidad. Ulises abrió los ojos y contemplo el horror que sus hombres acababan de pasar, Penélope no estaba, no lo esperaba deseosa, no estaba ahí, quizás seguía haciendo su mortaja, quizás, tan solo quizás seguía sin conocer otro hombre.


Ulises guardo silencio, camino al borde de la nave y rompió en llanto. Pudo haber muerto despedazado, pero entendió que con todos los dolores que la pasión guarda, no había muerte más gloriosa y dichosa, que morir entre los brazos de una amada. Irse desnudo de esta vida, regresando al inicio de la vida, en el baile taciturno de la pasión, lloraba por no haber muerto, pero a la vez recordó que su amada le esperaba, en los brazos de ella debía morir.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería