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El poeta: el poseído por el verso (Reseña RASTRO DE CARACOL de Abelardo Sánchez de León) | H.E #06


Habitación Esférica #06, una columna de Karina Medina


En Rastro de Caracol Abelardo Sánchez de León le sigue el rastro a la letra, persigue todas sus sendas, indaga la naturaleza de esta y expone de manera muy bien teatralizada el vínculo que esta tiene con el poeta. Si quisiéramos dar una definición general de lo que el autor nos muestra en el todo de esta obra, podríamos decir que esta publicación nos muestra a un Sánchez de León liberado de atavíos, despojado del prejuicio de lo que se pudo en algún momento considerar que era un poeta. El autor se saca el disfraz - y cuando digo disfraz no me refiero a una postura propia y cínica de antaño; más bien me refiero a lo que la sociedad podría haberse construido como concepto de poeta – y muestra las bellezas y miserias de un apasionado escritor: el poeta. Tengo la impresión casi acertada de que Sánchez de León intenta decirnos que la poesía no es tan solo la musa que anda por ahí inspirando a escribidores para alimentarles el alma. Todo lo contrario. En Rastro de Caracol se siente una apasionada protesta que no parece protesta por lo bien que las imágenes redondean a los conceptos sociales mencionados en su prosa; pues la genuina comparación altamente creativa, es puesta por el autor en el verso indicado. Para Sánchez de León la honestidad es lo que debe primar en los versos: la verdad sin caretas, la mera confrontación de la letra en una sociedad que carece de reconocimiento por el poeta; y en el afán de huir de sus diáfanas revelaciones, le maltrata. El poemario se divide en tres apartados. En la primera parte el autor manifiesta el corazón abatido y angustiado del poeta. Expone su necesidad, impuesta en sus miembros y su alma, de escribir. Se siente en cada línea de los poemas en prosa la responsabilidad que tiene el autor por la escritura. En el poema de De Cal y de Arena se refleja claramente: Quienes poseídos escriben versos; los que creían en las virtudes, en el espanto, en el engaño; quiénes los depositarios de ese don, de esa maravilla, vocación, talento, bondadoso espíritu; místicos viciosos, trúhanes, exploradores de indios, (…) los negociantes de la conciencia, los políticos, los curas, las familias (…) Hay un llamado de atención a la sociedad por saber quién está con él. Quién ha de creer en el buen uso de los versos; del poema como vínculo con el sentimiento social. Antiguo enigma; los que crean en la justicia y en el castigo, en los códigos y las leyes del hombre, en la vigencia de la horca, el patíbulo, que no crean en los funcionamientos de los versos. En Carne Viva (segundo poema del primer apartado y a mi parecer uno de los más importantes de esta obra) Sánchez de León hace mención de aquello que le fastidia y que aún mora en su ser, de alguna u otra manera, pero de lo cual se piensa deshacer por medio de la escritura; sobre el papel. Una vez más podemos notar la importancia de su vocación que no solo funciona como proceso liberador; sino también como un presunto llamado de atención. Pues es aquí donde el autor nos otorga una lluvia de razones subliminales por lo que la escritura se vuelve importante en la vida del poeta. Se quiere liberar de la consciencia puritana, de los remordimientos y culpas. ¡Qué mejor que la literatura para arrojar antiguas manías! Las musas pueden fornicar a su albedrío – les otorgo su libertad, que se vayan, que no interrumpan mi vigilia. Todos fuera, no los quiero aquí; tú conciencia puritana más licenciosa que los corredores del Vaticano, llévate tus remordimientos y culpas, (…) quiero este dormitorio como al llegar. (Era liso como las palabras bien dichas…) En A la sombra de Calígula - poema en el que se refleja la postura del poderoso dictador el Estado, frente al rebelde voceador: el poeta – hay una muestra clara de las ideas que tiene Sánchez de León sobre la tiranía del Estado opresor frente al canto coral de los poetas que no se someten a la ley y gritan por libertad por medio de poemas. Y es aquí en donde me parece a mí que el autor apela al uso contestatario de la poesía; no solamente como instrumento con fines estéticos, sino también hace alusión al fin político del poema. Nada posee el mismo significado en estas ciencias oscuras que son las artes: esperabas encontrar acaso en mí a tu famosa alma gemela que se emocionara con tus versos, a esa persona amante de la poesía, solitaria en el vasto mundo como tú, y que lloraría y sería feliz? En algunos otros poemas de este apartado Sánchez de León libera un poco lo que en algún momento no quiso ser. Tal catarsis hace que interiorice en su persona y se rechace, se odie, se acepte y finalmente se ame como nuevo ser liberado por medio de la letra. En la segunda parte de poemario, se muestra a la poesía como la máxima expresión. Una vez más hace hincapié en el poder de la escritura y nos muestra una manera muy intensa pero sublime de describir los sentimientos más profundos del ser. La claridad con la que están escritos los poemas de Abelardo Sánchez de León me genera empatía. La poesía siempre ayuda a uno a sentirse identificado. El autor habla del amor y de la tristeza: No puedo creer, nunca creí, que el amor es puro miedo, espanto a lo desconocido, apego a la gente en busca de protección llenos de amabilidad y encanto. En la tercera y última del poemario, existen cuestionamientos por si vale la pena escribir. En el poema En las Caballerizas, el yo lirico muestra a un personaje maltratado y despreciado por una sociedad preponderante; entonces el autor podría preguntarse si vale de algo escribir en un país en el que no tenemos el mejor juicio social sobre la poesía, el poeta y la literatura en general. El estado opresor ¿podría avalar al poeta? Entonces dice el poeta: - Las artes son los estímulos de la vida, su primera energía, pues la incita hacia un estado más alto, más perfecto, más justo (…)

– ¿Qué hacemos con este idiota? Va a quedarse acaso acá con las mujeres (…) La poesía de Abelardo Sánchez de León contiene una prosa densa, el autor deconstruye el diálogo a tal punto que a primera instancia no hay una lectura fluida; pero que nos insta plácidamente, a darle un propio ritmo al momento de deslizarnos por la historia del poema. El autor tiene siempre mucho que decir pero no cae en el atragantamiento de las ideas; en buena hora, mantiene la clara y ordenada descripción de los hechos en un largo clímax colmado de pasión, dolor y angustia. En cuanto a los distintos personajes que aparecen en los poemas de Rastro de Caracol, soy consciente de que hay referencias de la mujer, de la persona homosexual y de los niños muy propio del año 1977. Cabe resaltar que no siempre la idea que se expresa en un verso sobre una persona, situación o problemática tiene que ser necesariamente la definición o consideración absoluta del yo personal. Más vale considerar que muchas veces nosotros los escritores escribimos - valga la redundancia – en primera persona para no caer en el cliché del delator. Sin embargo, no podemos negar que nuestras letras, nuestros versos, nuestros libros y nuestra obra literaria en general tienen mucho de nosotros.

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