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El Tajo abierto y la Nada Absoluta [Prólogo a 'Voces de plomo', antología cerreña] | José Natsuhara


El Tajo abierto y la Nada absoluta: Ejercicios de respiración para la autoexpresión artística en Cerro de Pasco


A 4380 m s. n. m. (metros sobre el nivel del mar) se dibuja Cerro de Pasco, la ciudad más alta del planeta, capital de Pasco y baluarte nacional de la codicia. Y es aquí donde, contra todo pronóstico, se mantiene aferrada la vida humana como un molusco desquiciado. El caracol del teniente Kurtz en Apocalypse Now, deslizándose sobre el filo de una navaja. Las raíces mineras de este territorio peruano se remontan a una de las leyendas locales. Se corre la voz, se especula oficialmente, que el indio Huaricapcha, al rededor de 1630, al encender una fogata en una cueva, topó sus ojos con un concierto de metales preciosos. Cerro de Pasco, como resultado, firmó allí un hado: 400 años de explotación minera española, un relevo de dueños con la firma norteamericana Cerro de Pasco Investment Company, y finalmente la metamorfosis de este último negocio en la Empresa Minera del Centro del Perú (CENTROMIN).


Minería de tajo abierto, Cerro de Pasco. Fotografía de David Chávez Segura

Esta secuencia de máquinas y explosiones supieron anunciar, devotamente casi, la paulatina expansión de un tajo abierto que comenzó a canibalizar la misma topografía de Cerro. Hoy nos hallamos ante una ciudad agujereada, y así como el pensador alemán Friedrich Nietzsche señaló en su momento una verdad oculta a simple vista: que el desierto siempre avanza. Así también, a la usanza del cerco que camina en la novela de Manuel Scorza; el tajo crece en un vacío que es un agujero negro absorbiendo vecinos y hospitales, calles y planificaciones urbanas. En este escenario de agua enrarecida y aire cargado de partículas tóxicas, aparecen las voces de plomo, denominación que alude a un grado tal de contaminación que alcanza a afectar los componentes biológicos más esenciales. Y en alusión también, como confirmarán más adelante los lectores, a la capacidad humana de enunciar verdad y belleza en condiciones extremas. Tal y como deja entrever la poética de las personalidades antologadas aquí (desde Luis Pajuelo Frías hasta Karu Sisa, pasando por Albert Estrella, Elízabeth Lino, Danilo Illanes, David Chávez Segura, José Raúl Alejos, entre otros); el tajo abierto es vacío, y el vacío es expresado como ausencia.


Voces de plomo: Antología de poesía de Cerro de Pasco. ContraEditorial Primate 2020

A la luz de la naturaleza de los versos de este libro, la ausencia es tanto topográfica como personal. La ciudad que se va aniquilando sin dejar rastro, obtiene su reflejo en el corazón nostálgico de sus habitantes. Se halla por consiguiente, un dolor de lo perdido que impulsa la actividad sobre el papel. Imágenes de otros tiempos, o más bien una completa historia humana del espacio. Se puede decir que las voces de plomo transitan por dos episodios concretos: El primer episodio es el contacto con una realidad que se esfuma, una ciudad que se extravía, un vacío que llena sus espíritus de un hambre salvaje. Y el segundo episodio es su contacto con la Nada absoluta, una nada que ya no es entendida como un no-ser, sino más bien como posibilidad radical del nacimiento. Es en este segundo episodio en el que se da la eucatástrofe, en donde el agujero del corazón hace posible la creación poética, el acto, el ser.

En otras palabras, los escritores en Cerro de Pasco conviven con la dualidad entre la vida y la muerte, entre el vacío del tajo que crece producto de la minería, y la creación artística que completa los rincones en blanco. Estos escritores poseen una visión madura de la existencia, que no se ha encaminado a una supuesta superación dialéctica, sino más bien a la aceptación de un estado dual de las cosas. Esto es, que sin ausencia no hay presencia, que sin vacío no hay nuevos contenidos. Seguramente se habrá adivinado que la Nada absoluta a la que hago mención debe comprenderse aquí como un concepto filosófico en clave oriental. En efecto, me baso en la śūnyatā de la tradición buddhista; y en el pensamiento de Kitaro Nishida y Keiji Nishitani, pilares de la Escuela de Kioto. Me acojo a esta bibliografía porque es más útil que la occidental para trabajar en torno a ideas que no se estancan en la arquitectura de Parménides sobre el ser y el no-ser (que no admiten lo que Nishida referirá como una auto-identidad absolutamente contradictoria, la cual además pretendo señalar como una ruta caracteristica de la literatura cerreña).


La śūnyatā budista desarrolla que la vacuidad no antagoniza al ser, sino que es condición del mismo en tanto lo precede. A saber, si es que no hay nada, ¿de dónde surgiría el ser? Lo importante en un recipiente es la nada que hay dentro de su contorno, porque gracias a ella es posible colmarla de líquido. Del mismo modo, como ya habíamos visto, el tajo es necesario para una posterior aparición de la poética que busca recuperar el pasado o reemplazarlo. Nishida asocia la experiencia de esta Nada absoluta con un autodespertar consistente en la difuminación de la frontera entre el objeto que conoce y el objeto conocido. Hay para este autor un momento en el que el yo particular (y falso) reconoce su limitación y se abre hacia el todo. Se converge en un yo real, un yo que se identifica con la talidad, que es tan distinto del yo particular que puede tomarse pefectamente como un no-yo. A partir de estas reflexiones podemos salvar la confusión inicial que nos produce un enunciado metafísico como: el yo es el no-yo.


Izquierda: Nishida. Derecha: Nishitani

La aplicación al arte de este entramado filosófico tiene su asidero en la noción de autoexpresión también formulada por Nishida. Para él una diferencia crucial entre el arte oriental del occidental, reside en que el primero hace hincapié en el hombre subsumido a un esquema más amplio. La naturaleza revelándose en su devenir sin interferencia de contenidos privados. El arte occidental en cambio, ha sido siempre un canto a la individualidad. Lo cuál suele resultar tramposo, pues la exacerbación del yo falso provoca una cartografía pobre del océano, una negación del rol estelar de la Nada absoluta, y por lo tanto un eco fastidioso que impide toda aproximación a la verdad (la cual le brinda su sello de calidad a los poemas). Lo que propone Nishida es un punto equilibrado en el que el yo particular intercala su individualidad en el escenario de la totalidad circundante. Se trata entonces de una autoexpresión del yo real, autoexpresión de la misma naturaleza a través del sujeto ahora identificado con su contradicción (no-yo).


En esta autoexpresión (en este caso artística) e identificación con el no-yo, consiste el autodespertar propuesto por Nishida. ¿Ahora bien, cómo podría alzanzarse este estado elevado de la conciencia? Y ¿cómo relacionar este camino con los avatares de estos descendientes de lluvias, japiris y metales? Lo que propongo en este punto es que uno de los ejercicios más eficaces y directos para alcanzar este autodespertar es la respiración poética. Después de todo, cuando uno respira ¿dónde empiezan los pulmones, y dónde termina la realidad que los envuelve? El aire, al oxigenarnos, mezcla nuestro cuerpo con un fenómeno que nos supera como entidades atómicas, es como si el aire fuese entonces el mediador entre dos posiciones de la existencia. Y desde esta sospecha, desarrollo las siguientes especulaciones: a) La respiración, específicamente en Cerro de Pasco, es un tópico delicado. Dados los niveles de contaminación en el aire, respirar se vuelve un acto por momentos heróico. No obstante, este acto nuevamente nos devuelve al ámbito de las dualidades típicas de los vates cerreños. Vida y muerte. Ventilación y asfixia. A efectos de adherir aquí más color, cabe resaltar dos hechos anecdóticos en los que ambos extremos coquetearon por medio de la respiración. Por un lado encontramos al filósofo francés Gilles Deleuze, quien debido a una insuficiencia respiratoria producto del abuso del tabaco, no encontró otra salida además de saltar a través de la ventana de su departamento en París. He aqui una muerte por falta de oxígeno, un sacrificio en pos de la libertad como el que se dice efectúan las vicuñas y ciertos profesores universitarios cuando se ven acorralados por la imbecilidad académica. Desde otro ángulo tenemos al filósofo Diógenes el cínico, cuyo mito sugiere que se suicidó aguantando la respiración. Una hazaña imposible, pero que sienta precendente, al menos poético, de una persona que batalla contra un exceso de vida: una inhalación formidable. Sea como fuera, en ambas anécdotas filosóficas la causa de la defunción es el cese, causado o padecido involuntariamente, de la respiración. Si la diciplina filosófica se planta como el dar cuentas de lo obvio, podríamos afirmar ahora que sin respiración es imposible el componente vital. b) Ahora bien, ¿qué es poesía sino un ejercicio de la respiración? El escritor mexicano Octavio Paz corrobora esta perspectiva en El arco y la lira. Para él la poesía es un ejercicio muscular que exige de los lectores el seguir un ritmo y el mantener en el ruedo un texto que juega con los sonidos, las pausas, las inhalaciones y exhalaciones. Un poema, involucra una serie de rituales motores que generan cierto placer y que brindan salud al cuerpo. En sus palabras: Respirar bien, plena, profundamente, no es sólo una práctica de higiene ni un deporte, sino una manera de unirnos al mundo y participar en el ritmo universal. Qué necesita Cerro sino es un reforzamiento pulmonar, qué tan necesarios son entonces este grupo de poetas y de médicos; allí donde la dureza del frío y la tierra afilada se presenta, allí es donde se necesitan hombres y mujeres de una fortaleza esculpida por el acto de la creación para la supervivencia. c) Al respecto de lo último mencionado por Paz, Nishitani (continuando el camino marcado por su predecesor Nishida) para plantear la mezcla del yo particular (y por lo tanto corporal) con el ambiente, hace uso del concepto de transparencia propio de Kierkegaard, cuando este menciona que en el cuerpo el yo y el ambiente son transparentes el uno al otro. Para Nishitani ya no hay una división entre ambos, y esta nueva identidad se refleja por medio de un vivir pleno, un fluir y respirar amplio donde el yo particular no desaparece, pero se reconoce como parte de un contenido mayor el cuál le brinda un yo real. Una sustancia que en los poemas por venir, generará una pincelada aguda y grácil.


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Y entonces, ¿qué queda por decir en base a estas humildes intuiciones? Quizá,que las voces de plomo sonsupervivientes de una ciudad que, dadas sus circunstancias, posibilita en ellos la experiencia del vacío de un tajo abierto, de la angustia, y de la Nada absoluta. Y que, precisamente por habitar estos escenarios, son capaces de una creación característica. Hay en ellos una postura en la que es posible, a pesar de la nostalgia, el generar textos desde una trinchera en la que los opuestos conviven y se saludan (vida, muerte, vacío y arte), un refugio en el que sus devenires personales se hacen uno con el devenir de Cerro de Pasco.


Este autodespertar y autoexpresión artística, este canto tanto por ser acto (respuesta a la nada) como por fundar ejercicios de respiración en el poema, puede ser perfectamente tomado además como símbolo de vida (de supervivencia). Y puede entonces abrirse paso entre la muerte, hacer un contrapeso a una minería irresponsable y monstruosa que es avatar de la aniquilación. El poeta cerreño quizá no solo es un médico que da aire allí donde este escasea; sino también un faro que guía hacia un futuro diferente, positivo pero que no niega los opuestos, transformador del estatus quo.


Y quizá se pueda decir, que las voces de plomo han encontrado la fórmula para legarnos un cargamento de poemas con los cuáles ejercitar el sistema respiratorio del Perú, un reservorio natural de oxígeno y pensamiento.


Niño jugando. Cerro de Pasco. Fotografía de David Chávez Segura

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería