¡Hazte pirata y salta por la borda!: Unas peligrosas palabras a favor de la cultura libre

Ensayo escrito por José Natsuhara.



«Los piratas pertenecen a una vieja cofradía: la de los Locos Separados del Resto, la de los Hombres que Causan Problemas en Todas Partes. Son los personajes incómodos, los insatisfechos, los indomables, los que buscan ampliar el horizonte de su existencia más allá del control. Llevan vidas irregulares, excesivas, llenas de libertad. Ya sea porque el azar los ha maltratado o porque el espacio que les ha conferido la sociedad les parece demasiado estrecho, un día deciden abandonarlo todo, emprender la deriva por bosques y ciudades, hacerse al mar. Son hombres y mujeres de alma nómada (a veces desalmados) que no siguen más rumbo que el de su propia estrella. Son los goliardos, los poetas vagabundos, los pícaros, los alborotadores, las prostitutas, los malditos, los bluesmen, los grafiteros, los hackers. Por donde quiera que pasan la sociedad se estremece»

“Breviario de Insumisión Pirata”, Vivian Abenshushan.


Las presentes reflexiones buscan ir más allá del fetichismo intelectual, pasivo y acomplejado, y ubicarse en el terreno de las palabras de guerra. Lea esto no en las miedosas y putrefactas academias, sino en las calles, en los subterráneos, en los mercados, en la Internet rebelde, en el bosque; y deje que el sonido de estos tambores acelere su joven corazón.


¡Al Abordaje! En nombre de nuestros deseos, deseos de leer un libro, de compartir un poema, de aprender sin ir al colegio, u de oir un poco de música, gratuitamente, sin que el FBI nos dispare en la cabeza, junto a un(a) amante, bajo el cielo estrellado de nuestra propia política del amor. En nombre de todo ello, por medio de este ensayo, les animamos a ser parte del asalto, saqueo e incendio absoluto de la Babilonia de la Información. El gran engranaje de corporaciones acaparadoras, leyes del derecho de autor, grupos policíacos fascistas, y en fin, todo este sistema dispuesto a criminalizarte por robar un poco de pan, o lo que es lo mismo, un poco de cultura, y de arte.



1. ESTUDIA A TU VÍCTIMA: La babilonia de la información 


Quien tenga ojos que vea, quien tenga oídos que escuche”, diría uno de los infames anarquistas más recordados de todo Jerusalem: Jesucristo, El santo de la blasfemia. El enemigo se menea en tus narices, y piensa “soy invisible en el día más soleado de los siglos. Soy el Sol. Y la mafia es intocable”. Habría que recordarle al enemigo que “La mafia èuna montagna di merda“, como dijo Peppino Impastato en Cinisi, denunciando la corruptela italiana del “Tano”. ¡Pero qué amarillista, qué alarmista, qué planfletario del odio! Dirán los más miedosos sobre estas palabras. Y, sin embargo, a Jesucristo nadie le dijo “oye, lo que pasa es que eres un conspiranóico de mierda”. O tal vez sí, de hecho, lo crucificamos tan solo después de lanzarle frutas podridas, risotadas y piedras.


El enemigo continúa siendo el mismo ahora que en la época de Cristo, un monstruo que debe de ser entendido como una superestructura, una esfera de Dyson fuera de control y en constante crecimiento. Una enredadera, un resistente parásito conformado por mil tentáculos, y mil discursos de poder enmascarados en mil juegos del lenguaje. Lo hemos bautizado aquí bajo el nombre de La Babilonia de la Información. Y podemos observar, que esta Babilonia, al poseer el control de la información (entendiendo aquí “información” como, cultura, prensa, ideología, mensajes de miedo, política), es capaz de manipular la vida y las mentes de todos los seres humanos, inoculando sus contenidos, censurando, y asesinando a sangre fía a la libertad más conmovedora. Y es precisamente por esto, que nos hallamos ante la urgencia del sabotaje y de la revuelta más salvaje.


Si sometemos a La Babilonia de la Información a la mesa de disección, como toda presa que debe de ser estudiada, ésta es susceptible de dividirse en dos principales bloques: Los monopolios de la información, y lo que hemos denominado como: La Policía de la Mente. Ambas partes, íntimamente vinculadas en retroalimentación. Comportándose la segunda como los glóbulos defensivos, las armas de defensa y de ataque, de la primera.


Recuerden, jovencitos pícaros, como bien sugiere “El arte de la guerra”. quien está preparado para todos los movimientos del enemigo, puede ser considerado un dios. ¡Conozcamos entonces a la bestia!


a) Los Monopolios de la Información: Son el núcleo de la enfermedad que asola la cultura, el arte, y el buen vivir. Son un implante social, un montaje, un set donde la información se reorganiza y emerge como un simulacro, como el rostro plástico de una modelo anoréxica. Puede considerarse como Monopolio de la Información, a todo grupo legal-delincuencial que se dedique a favorecer la hegemonización de la información, esto es, la exclusivización y reducción a mero producto de consumo, de los datos y del arte, con todas sus manifestaciones cotidianas. Son Monopolios de la Información:


– Un Estado / Un Municipio (autoritario, como todo gobierno), que le saca la mierda a palos y patadas a los “vándalos” que, sin su previo “permiso”, se atrevieron a muralizar o graffitear las paredes de sus propios barrios (reprogramando así, por un hermoso acto de brujería callejera, los flujos invisibles del territorio). Se puede hablar de fascismo, cuando el street art (de esencia anarquista insurreccional), se convierte en una actividad emblema de las curiosamente llamadas “políticas culturales”, en un negocio más del capitalismo agresivo, y por lo tanto, en un nuevo condimento de la ya de por sí, desagradable sociedad del espectáculo. Es un monopolio de la Información, un municipio que lanza programas culturales, y te impide negociar con tus talleres libres y autogestionados, que convoca Ferias del Libro pero que es capaz de decomisarte el material que vendes en tus propias ferias nómades, que elabora conciertos punks pero te mete a la APDAYC para que te cierren el que gozabas hasta hace unas horas en una casa abandonada hecha Okupa o en una maldita esquina; ¡que es tú esquina! (por si no te había quedado lo suficientemente claro).


– Una editorial del orto, que se vanagloria de editar los “Grandes Hits” de la contracultura – y desde ya podemos apreciar las características embusteras de esta falta de elegancia. Que solicitan los derechos absolutos sobre los títulos de las obras, y venden el material a precios solo accesibles a niñatos ricachones con alucinaciones malditistas o socialimbéciles. Y que atacan así, a gusto y paciencia, la lógica del Piratea y Difunde, y dinamitan, precisamente, la contracultura, caracterizada por la difusión clandestina entre los guerreros-ratas, ángeles de las alcantarillas, más concentrados en compartir que en usurear.


– Una institución académica, que se siente con derecho de plantarse como la grandísima chucha/falo del conocimiento, tratando de ignorantes a todos los que viven fuera de sus campos de concentración. Invisibilizando los proyectos de escuelas populares, la educación en casa, y el autodidactismo. La vanguardia de la intelectualidad genera un discurso de exclusión, en el que el conocimiento solo es portado por los jóvenes academicistas y los doctores con el culo tan estrecho como sus ideas. Son Monopolios de la información, y de los más peligrosos, junto a sus grandes bibliotecas, de acceso privilegiado, con las estanterías rígidas, aburridas e inacabables donde los textos se apolillan y dejan de viajar en bus, rotar de mano amiga a mano amiga, y de ser subrayados (sí, subrayados) como quien se hace lindos tatuajes en el cuerpo. Y junto a sus pres universitarias, en las que los pequeños, y pequeñas, van a ser vapuleados en el autoestima hasta que el nerviosismo y la insignificancia los conviertan en unos eternos “fracasados”, carne de cañón, inversores a tiempo infinito de un sueño inoculado con las jeringas de la dependencia.


– Un medio de comunicación masiva, que funciona como un cuerpo mercenario, que brinda sus servicios al mejor postor. Transmiten noticias y producen espectáculo por encargo – como un modista privado elaborando los mejores trajes para disimular la fealdad de la carne que se oculta tras las bambalinas de los grupos de poder y sus intereses mezquinos. Un periódico, o un canal, o una revista, o una radio; limitan la libertad de expresión mediante el sagrado filtro de la “línea editorial”, que no es más que la línea de distorsión que se le aplicará al contenido, al despido y contrato de personal, a pedido del interés de mafias exteriores o en nombre de la única entidad que puede regular la prensa: el dinero.


b) La Policía de la Mente: Es el órgano biliar de la Babilonia de la información. Es el detective comprado, el abogado del diablo, y el perro guardián armado hasta los dientes. Se encarga de validar legalmente las prácticas fascistas (asesinato, tortura, cárcel, decomiso, marginación, anulación social) en contra de todo ser pensante (es decir, disidente) que se oponga a los intereses de los monopolios de la información.


Agobia constantemente con sus leyes, de derechos de autor, de apropiación de espacios, de preservación y difusión cultural, de libre mercado, de impuestos, y con sus leyes para mantener a políticos, familias, y empresarios en el poder. Y agobia, con sus comandos de espionaje, su servicio de inteligencia, su policía, su cuerpo militar, y sus jueces; que se comportan como los demonios que asan a los ciudadanos que caen en su infierno, sea por piratear un libro de ingeniería robótica, por actuar en contra de un partido político, o por compartir en un USB una película de Godard con una persona medianamente despierta.


Las Leyes del Derecho de Autor: Empecemos con unos puntos simpáticos, para evitar las réplicas estúpidas y fluir con el análisis con la gracia debida:

– No siempre han existido las leyes de derecho de autor. – El arte y la cultura han existido siempre. – Los artistas e intelectuales (solo de los menos dotados para el arte del trabajo autogestionado) se han muerto de hambre, y ahora se siguen muriendo de hambre. Y claro, antes y ahora, también los hay de los que no les va mal, y te pueden invitar una cena y unas cervezas.


En la antiguedad, el hombre que pintaba en las cavernas el dibujo de un bisonte siendo cazado, no era detenido por la Policía de la Mente, bajo los cargos de haber usado el mismo diseño de bisonte inventado por un colega de otra horda. Tampoco era atrapado si es que portaba un taparabos demasiado similar al que producía una prestigiosa tienda de ropa neandhertal. Es así, que los derechos de autor son posteriores al inicio de la vida humana, es decir que no son inherentes a ella, y que como bien dice el dicho, y como veremos más adelante, hecha la ley hecha la trampa. 


Lo que sí sucedió es que muchos artistas e intelectuales, en cierto período de la historia, comenzaron a vivir de mecenazgos, siendo casi adoptados por ricos o premiados constantemente por los gobiernos de turno. Es así que eran capaces de vivir de su “trabajo”. Cuestión bastante incómoda, si se trataba de un protopunk o simplemente de una persona que gustaba de andar suelta en lugar de ser más bien una especie de mascota amaestrada, prostituto de la cultura.


Es en 1450 es cuando la situación se complica hartísimo. Johann Gutenberg (¡Salve Gutenberg, patrono de la guerrilla de las letras), inventó la imprenta. O más bien, la plaga. Y es que los libros comenzaron a ser producidos en masa, y las imprentas parecieron florecer cual especie desbocada de la amazónía, una detrás de otra en distintas partes del globo. Como diría el coronel Kurtz, ahora de boca de los “guardianes” del saber: “…El horror”


La información comenzó a descentralizarse. Los libros, que hasta hace poco eran duplicados a mano por los amanuenses (lo cual impedía que el ritmo de reproducción superase las demandas de la gente de a pié), vieron un cambio en su futuro. Gutenberg, reemplazó todo un sistema de reproducción por otro, más efectivo y más fiel (pues, no estaba sujeto a variaciones de ejemplar a ejemplar ocasionada por el defecto o la malicia de los habitualmente cucufatos y frígidos amanuenses).


Existe una anécdota que ejemplifica lo extraño que resultó la reproducción masiva de libros por medio de la imprenta. Se dice que un capitalista de nombre Jhon Fust, emprendió un viaje a París con varios ejemplares de la Biblia impresos por su amigo Gutenberg. Para ese entonces, el negocio podía resultar redondo, gracias a que París se preciaba de ser la capital de la cultura. No obstante las personas nunca antes habían visto a una persona poseer tantos ejemplares de la Biblia (libro, además, bastante voluminoso), y creyendo que esto solo podía ser obra del demonio, no demoraron en plantarle encima la inquisición, que lo condenó a ser quemado vivo, por lo que el pobre Fust tuvo que rápidamente huir por su vida.


Más allá de los chistorretes, la extrañeza de las impresiones en masa también generó serias disputas en el ámbito legal. El monopolio debía de mantenerse, eso le quedó más que claro a los reyes y grandes comerciantes ¿pero, qué hacer al respecto?. Los Policías de la Mente comenzaron entonces a otorgar ciertos privilegios a algunas imprentas, mediante los cuáles solo ellas podían llevar a cabo el oficio de la impresión, o poseían el derecho de ciertos ejemplares. No obstante y a pesar de estas improvisadas medidas ¿ya no era demasiado tarde para impedir la proliferación de imprentas “clandestinas”, y la distribución hermosamente histérica de los libros?


El Estatuto de Anne, se convirtió así, en la primera ley de derechos de autor. Elaborada en 1710 como un acto total de desesperación para controlar a los piratas. Estipuló una duración determinada del copyright, lo cual permitía – aguantar la risa -: “aportar” a los avances técnicos y “premiar” la “creatividad artística”. Por otro lado, es importante resaltar que en Francia, primó el “derecho natural” que los autores tenían sobre sus obras, considerando que tales eran de ellos y solo ellos podían decidir en su destino. Un punto que estaría más que nada vinculado a tratar de favorecer a los creadores (pero no al público, ¡eso nunca!)


El convenio de Berna (1986), se encargó de sentar los derechos de autor a nivel internacional. Haciendo que se respete el tiempo de los derechos de cada producción intelectual, y que exista además un respeto hacia los derechos morales de los autores, es decir, que nadie pueda ser capaz de alterar, o plagiar sus obras. Como un dato curioso: EEUU se negó en un inicio se negó a participar del convenio de Berna, pues sabía que mientras sus ciudadanos consumieran más libros, se convertiría más rápido en una potencia. Tendria que pasar el tiempo, para que una vez concretado el sueño de superimperio, desplegara un arsenal de tácticas para endurecer las leyes de derecho de autor.


El copyright moderno: El derecho de autor moderno es un completo pase de vueltas. Diseñado no para ayudar a los artistas e intelectuales – que dicho sea de paso no son inválidos como para recibir asistencia social – sino más bien, para que algunos chanchitos y chanchitas se enriquezcan a costa suya, y además para restringir el acceso a la información más “selecta” a solo una élite (los herederos de los chanchitos). La regla, o Gran Mandamiento entregado en la cima de Babilonia, es simple: “Si intentas informarte sin pagarnos antes tu cuota (recordemos el modus operandi de los carteles del narcotráfico), te destapamos la tapa de los sesos de un balazo”.


¡Y con ustedes, el stand up comedy de la indecencia informática!:


No se está permitido, si se trata de libros: Fotocopiar o reproducir un texto, y venderlo o distribuirlo a tus amigos. Si lo haces, ya sabes, la Policía de la Mente te lanzará a los perros. Es un crimen además, escanear un libro y subirlo a la red, para alimentar de contenido el mundo virtual y a sus usuarios. Si lo haces, es que eres un pirata informático, que necesita de terapia intensiva en el psicoanalista, una sesión de trabajo forzado, o unas noches o años tras los barrotes. La única manera de consumir libros, es comprándoselos a las editoriales que tienen el derecho del autor, que no es otra cosa, que ser cómplices de un robo editorial; la legal-delincuencia.


No se está permitido, si se trata de música: Quemar un disco para vender o regalar a tu novio/novia – Ya sabes, la poli te atrapa en tu aniversario, te rompe el brazo, y te decomisa el compilado de canciones de amor. Caes en prisión si grabas un concierto por el que pagaste un riñón, y vendes el material o lo distribuyes vía internet. Los conciertos son experiencias únicas, vividas en rebaño, pero experiencias únicas… No destruyas los momentos especiales de la humanidad. No se está permitido utilizar música en tus aquelarres satánicos, o en tu tienda autogestionada, o en un evento homenaje a una banda que te agrade; primero debes de pedir permiso a las disqueras o a quien gestione los derechos de tales piezas.


No se está permitido, si se trata de películas: Ir al cine, filmar la película y filtrarla en el mercadeo subterráneo. Que los únicos que pueden especular con los productos culturales son los criminales con carnet de Disney, Warner, Universal, etcétera – que la vida debe tener cierto orden, muchachitx, o cómo crees. No puedes, ¡que te he dicho que no, imbécil!, descargar o ver online un estreno desde tu laptop; eso está mal, y el FBI tiene total derecho de ingresar a tu vivienda y ahorcarte con un hilo de nylon. Olvídate de pasar la noche viendo una de terror, o si eres un cultureta, alguna francesa, con alguien especial – que el castigo por ello es ¡prisión! hasta que te olvides lo que era vivir, y pobre de que te quejes, que esto te pasa por ser un romántico sin causa.


No se está permitido, si se trata de videojuegos: Jugar sin pagar. Nadie puede jugar sin pagar. ¿No estabas enterado? Ve y difunde la advertencia.


No se está permitido, si se tata de programas informáticos: Crackear los sistemas operativos de código cerrado como Windows. Aunque, curiosamente, casi todos tengamos el Windows pirata instalado, al igual que algún antivirus para mantener a raya las enfermedades venéreas que contrae el sistema de Bill Gates cual prostituto decuidado. No se permite descargar programas para tu PC desde páginas de dudosa reputación, que hasta para escribir, debes de pagar a empresas. Es que la PC es una chatarra, si no desembolsas antes, ahora y después, una suma digna de su correcto funcionamiento.


Y así… el stand up finaliza. Los chanchitos monopolizadores de la información se despiden, y el público aplaude. Esto es todo amigos. Las luces se apagan. Sales del teatro. Regresas a tu casa y cuentas algunos de los chistes a tus padres. No estás feliz, pero al menos te sientes libre de hablar sobre la mierda. Escuchas entonces las sirenas. Los Hail Hitler, Hail Rockefeller, y Hail Stalin. Y lo sabes, sabes que ahora también debes de pagar por el derecho de abrir la boca.



2. Estudia a tus aliados: La Jauría Pirata.


Que se sepa de una vez por todas, yo no quiero civilizarme”, proclamó el poeta boxeador, sobrino del lúcido de Oscar Wilde, Arthur Cravan. Inspirado quizá, en el apetito libertario de cierta clase de piratas, mezclas de Simbad el marino, su ética solidaria, y su consumo adictivo de adrenalina; y de los susurros de una generación de hermosos hackers anarquistas que intentarían muchos años después, difundir el conocimiento a todo el mundo. “Pirata”, para el poder establecido, es un adjetivo peyorativo dirigido a todos aquellos que en su práctica cotidiana combaten o dinamitan los monopolios de la información, proclamando el evangelio de: La Cultura Libre. Una utopía, que precisamente porque es pensable, es también perfectamente realizable.

Si bien es cierto los piratas de los siete mares, de los que surge este “insulto” actual, eran criminales despiadados… podríamos jugar con la historia y los conceptos. Así, como señala bien el filósofo anti-académico Hakim Bey y como señala en sus memorias el médico y rata de mar Exquemelin; los piratas también eran personas que se oponían al Estado, y robaban a los que robaban a los pueblos. Nada mal, dirán. Pues habría que agregar que poseían seguro médico, practicaban la democracia directa, no tenían jerarquías, ni hacían distinciones entre colores de piel o sexos o tendencias sexuales. Estas actitudes pueden ser observadas como ideales, dentro de una sociedad sana. Y en este sentido, son actitudes que podríamos intentar revivir.


Y si se lo que se trata es de rescatar los aspectos positivos de los piratas de antaño, entonces habríamos de prestar atención en sus tácticas de guerrilla, de hurto, de infiltración, y de invisibilidad (revisar a riesgo personal, el concepto de TAZ o Zona Temporalmente Autónoma, de Bey). El método de los piratas puede ser aplicado hoy, en nuestra lucha en contra de la Babilonia de la información. Hakim Bey, nuevamente, arguye que es necesario crear una nueva red de información, que recorra todo el planeta, sea desconocida para el poder, y que además sea utilizada para consumir y hacer nuestra mucho material (en nuestro caso, cultural, informático, artístico, intelectual, político):


Los piratas y corsarios del siglo 18 crearon una “red de información” que envolvía el globo: primitiva y dedicada primordialmente a los negocios prohibidos, la red funcionaba admirablemente. Repartidas por ella había islas, remotos escondites donde los barcos podían ser aprovisionados, y cargados con los frutos del pillaje para satisfacer toda clase de lujos y necesidades. Algunas de estas islas mantenían “comunidades intencionales”, completas mini-sociedades que vivían conscientemente fuera de la ley y mostraban determinación a mantenerse así, aunque fuera sólo por una corta – pero alegre existencia”.


No son necesarias muchas luces para, luego de paladear la cita, comprender que los herederos de tales argucias sean los piratas informáticos, la contracultura, y los artistas disidentes. La red de información clandestina puede vivir en la actualidad en la Internet, pero se extiende más allá de ella, a la vida real, a las calles, al piratea y difunde de las ferias punks, o a los proyectos de escuelas y bibliotecas libres.


En un inicio los piratas informáticos habían pensado ya en esta maravillosa red. Los protohackers eran jóvenes nerds del MIT en EEUU. Creando sistemas para que las personas se comuniquen entre sí, y liberando proyectos en los que todas las personas podían meter mano. A decir verdad, los sistemas operativos, que son los que mantienen con vida a las computadoras, eran en principio de código abierto, es decir que permitían que el usuario lso modificase, estaban pensados para ser gratuitos, y no eran capaces de infectarse de virus.


Es con Bill Gates que se lleva a cabo la traición de la utopía, y Windows se coloca como el único sistema operativo, además de código cerrado, donde el usuario no puede intervenir, solo pagar y pagar y pagar.


Con esto enunciado, podríamos apreciar que las primeras infiltraciones, hackings, los elaboran jovenes disidentes de esta apropiación inmoral del sistema informático. Ejemplos curiosos de Cpitán Crunch, hakeando una empresa telefónica con solo el sonido de un silbato de cereal. O ahora mismo Anonymous y Assange, colocando eh jake a muchos gobiernos corruptos (como todo gobierno autoritario y memocrático). Todos estos actos, ¿en nombre de qué? De la libertad humana, y el derecho a ser curioso. Como diría “The Mentor”, el primer hacker en ser preso: “Sí, soy un criminal. Mi crimen es la curiosidad. Mi crimen es el juzgar a las personas por lo que dicen y piensan, no por como se ven. Mi crimen es ser mucho más inteligente que ustedes, algo por lo cual jamás podrán perdonarme. Soy un hacker, y este es mi manifiesto. Pueden detener a este individuo, pero no podrán detenernos a todos… después de todo, todos somos iguales”. O, traer a colación las palabras de la hacker Barbara Thoens en una entrevista de 1999: “Hackear es político porque significa descubrir lo que ocultan los sistemas, software y programas que sus creadores no quieren que conozcamos, el conocimiento está íntimamente relacionado con el poder la información escondida puede ser muy peligrosa”.


¿Y por qué utilizar tanto espacio para abordar las preocupaciones y acciones de los hackers? Pues la respuesta es sencilla: Porque gran parte de ellos han sido los encargados, junto a otras almas lúcidas, de proponer nuevos caminos que combatan los derechos de autor, planteados como reglas abusivas contra la cultura libre. Revisemos algunas de las propuestas más interesantes. Y sí, propuestas que ya se están practicando más allá del discurso:


El Software Libre: ¿Les suena el nombre de Richard Stallman? Si es así, son personas realmente guays. Y si no, están a punto de serlo. Stallman es un programador informático que, junto a amigos y amigas de tendencia libertaria, fundan el proyecto se software libre, que no es otra cosa que, el intento por crear y difundir softwares bajo propiedad colectiva. No existen personas privatizando el uso de los programas o sistemas, y todo está hermosamente dispuesto para el uso y modificación de los usuarios. Se asocia este golpe a la Babilonia de la Información, con la aparición de sistemas operativos de código abierto como Linux (principal enemigo de Windows), un sistema que permite que los usuarios descarguen su matriz gratuitamente, y que colaboren a perfeccionar el entramado. Vamos, que dan ganas de seguir luchando por una red libre.


PD: El software Libre tiene himno. Quizá puedan pescar el vídeo del mismo Stallman cantándolo. Naveguen un poco si les anima.


El Copyleft: Planteado como el opuesto al Coyright. Left, que es izquierda, se opone a right que es derecho, pero se puede asociar con la “derecha”, más cruda y capitalista (creadora precisamente del copyright). Un juego del lenguaje que desde ya, inspira. Lo que busca este modo de licencia, es que las obras escapen de la posibilidad de ser raptadas por los derechos de autor tradicionales. Y básicamente, lo que estipula es que los contenidos son prácticamente donados a los usuarios, y son ellos los que disponen a gusto y paciencia de él. No hay límites. O como diría el viejo de la montaña Hassan I Sabah: “Nada es verdad, Todo está permitido”.

El Creative Commons: Es el hijo del copyleft. Técnicamente alberga todos los buenos deseos de su padre, pero se diferencia de él por un pequeño detalle: Esta licencia, permite que los autores decidan hasta cuánto puede involucrarse o relacionarse el usuario con su obra. Es decir, que una obra bajo esta licencia pantea el “hasta donde llegas, muchacho”.


DIY / Piratea y Difunde: Y llegamos, a la actitud del pirateo y democratización de la información que sobrepasa en gran medida el mundo meramente virtual, y legal. “Que los chanchitos y chanchitas no te den ordenes, muchacho”.


El DIY, es el conocido “Hágalo usted mismo”, adoptado como una filosofía por los punks y anarquistas de todos los tiempos. Permite que las personas no sean meros consumidores de información sino que ellos mismos produzcan sus contenidos. ¿Algo así como una dinámica que defeca sobre el cadáver del capitalismo? Sí, podría ser. La actitud DIY es responsable de que se cree música artesanal, se de rienda suelta al collague utilizando otras obras, y se independice la producción artística de los convenios con grandes editoriales, disqueras o instituciones calamitosas. Y no solo se trata de productos como libros o discos; con el DIY también nos referimos a la creación de centros culturales, talleres, escuelas populares, movidas de seguridad ciudadana, y un largo etcétera etcétera.


El Piratea y Difunde, es también otra actitud pro-utopía ahora. Se trata de la promoción del acto de piratear libros, textos, conferencias, y demás; con el fin de difundir ideas. Estas ideas son de diversa índole, pero bastaría con decir que pueden ser o intelectuales, o artísticas. Y que subyace a su práctica, el crecimiento de un ideal matriz: La información no tiene dueño; comparte y no seas un tacaño del mal.



3. CONCLUSIONES


Nunca nos ha gustado elaborar conclusiones. ¿Han notado que me expreso en tercera persona? Eso es porque no estamos solos, los brujos de la revuelta están ahí fuera, y quieren jugar con nosotros. Pero regresemos a por qué no son propicias las conclusiones. Veamos pues, si el texto queda claro, entonces ¿para qué repetir las ideas?. Y, ¿la conclusiones no son personales?. El texto sería más rico si cada quien extrajera de él sus propios puntos de vista. No soy un académico o un dictador de las ideas; soy un ser humano con el cerebro aún en movimiento.


Jose Natsuhara, vulgar, pero no tan vulgar como tu novia.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería