Henry James y la inescrutabilidad del otro | Primeras Tentativas #01


Primeras Tentativas #01, una columna de Maj Navaka


“El nacimiento del lector

se paga con la muerte del autor”

Roland Barthes


Henry James escribió muchas obras y por esa misma razón podrían sacarse infinitos temas. En este pequeño texto me limitaré a ocuparme de uno que he podido notar. Me he dado la libertad de llamar al tema la inescrutabilidad del otro por falta quizás de imaginación o perspicacia; sin embargo, podría llamársele también, aludiendo a Octavio Paz, el vacío del símbolo o la infinitud de los significados; también podría llamarlo, pensando en su realismo, la objetividad descriptiva. En fin, me quedé con el primero pues creí que encajaba mejor con las obras que serían objeto de reflexión aquí: “Los papeles de Aspern”, “La figura en la alfombra” y “La lección del maestro”. El último título quizás levante sospechas con respecto a los primeros, pero mientras desarrolle el texto espero poder justificar su presencia.

En la primera nouvelle todo sabemos que el crítico es castigado al final por dos razones: su deseo inmoral de violar la privacidad de un poeta difunto en nombre de la literatura, justificándose con que la comprensión de su obra será mayor gracias a los papeles, y por su inútiles esfuerzos por comprender el interior de las dos viejas a las que intenta engañar y arrebatar los papeles. En la segunda, otra vez el crítico literario es castigado por su inútil intento de entender el secreto que mueve todas las obras de un escritor famoso, quien asegura nadie ha sido capaz de entender su obra; y aquí también vemos cómo intenta, otra vez sin esfuerzos, el protagonista sondear el interior de las personas sin éxito. En el último un escritor sin ningún tipo de fama, admirador de otro muy famoso y rico, parece llevarnos por un camino seguro, donde todo es comprensible, hasta que otra vez el mundo exterior, de cual no tenemos ningún control, nos deja perplejos y sumergidos en la ambigüedad. Las obras de arte ‒vemos que nos dicen las dos primeras obras de manera muy clara, y la tercera de manera más sutil, solo perceptible si la relacionamos con las otras‒ no tienen un significado absoluto, y como los dos primeros protagonistas, es inútil creer que se es capaz de encontrar una comprensión final y acertada de estas. Como las figuras de una alfombra, cada imagen que sugiere una obra, es capaz de relacionarse con otra imagen de la misma obra y formar un nuevo símbolo y/o concepto; y no solo eso, la imagen se puede relacionar con cualquier otra fuera de la misma obra, y crear así nuevos símbolos y conceptos. De esta manera es posible crear infinitos significados y símbolos nuevos como viejos. Y esto no solo sucede con las obras de arte, sino también con las personas, pues como las primeras, estas también son lenguaje y consciencia, son complejas, y mantienen muchas analogías. Estos tres protagonistas de Henry James parecen ser personas inteligentes y observadoras, capaces de tener observaciones muy claras de las personas; sin embargo, con el tiempo vemos que son incapaces de entender la verdadera naturaleza de las personas que intentan comprender, y así mismo terminan siendo burlados por su inocencia intelectual. Lo único verdadero, podemos pensar, es la representación, pues esta nada nos dice verdaderamente de la esencia, pues como dice Octavio Paz en algún lugar de “El arco y la lira”: no hay esencia. Y por ende, cada intento de buscar una esencia o algo absoluto en una obra de arte, termina siendo una mera interpretación más de las tantas (claro, hay que admitir, que hay interpretaciones que resultan más intelectualmente placenteras por su lógica y argumentación; pero eso no les quita su condición).

“Una vez alejado el autor,

se vuelve inútil la pretensión

de «descifrar» un texto”

Roland Barthes, la muerte del escritor.

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