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Hikikomori o Generación perdida: “La gente triste no tiene piedad” | Deconstruyendo la otredad #06


Deconstruyendo la otredad #06, una columna de Beli Delgado

“Hace casi dos años que se convirtió en un punto verde o rojo o anaranjado en mi pantalla. No lo veo, no deja que lo vea, que nadie lo vea. Habla muy de vez en cuando, al menos conmigo, pero nunca enciende su cámara, así que no sé si sigue teniendo el pelo largo y la flacura de pájaro; parecía un pájaro la última vez que lo vi, en cuclillas sobre la cama, con las manos demasiado grandes y las uñas largas.” (Enriquez, 183).


Así comienza Mariana Enriquez el onceavo cuento contenido en la antología ”Las cosas que perdimos en el fuego” (2016). Y es que actualmente, las expresiones de la cultura japonesa merman los diferentes contextos en el mundo, podemos reconocer ciertas identidades —otakus, fujoshi, fan-idol—. Sin embargo, la figura del hikikomori tiene varios desafíos de concepción, acercamiento de designación y estudio. Podemos encontrarlo en diversos lugares: España, India, Corea del Sur además de Omán, Italia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia— esencialmente en áreas urbanas primer mundistas— (Gent 2019, Calle y Muñoz 2018).


Saitō Tamaki, con su estudio “Hikikomori: Adolescence Without End” (1998) inaugura el término y abre la vertiente para concebirlo como enfermedad mental, presentándolo como un “síndrome ligado a la cultura (culture-bound syndrome)”, posicionándolo mayormente en la adolescencia tardía. No obstante, considerando las particularidades y contexto de la sociedad japonesa[1] algunas veces también se considera una especie de protesta social.


Existen factores desencadenantes—causa— y síntomas que no deben ser confundidos, como menciona Borovoy Amy en su reseña del texto de Saitō. Debido a que hay síntomas que pueden darse en respuesta al retiro en sí, además de que es natural la comorbidad de los mismos[2]. No obstante,menciona Borovoy, debe ser diferenciado de otras formas de enfermedades mentales, debido a que se considera una enfermedad de la mente y no de la estructura del cerebro —teniendo reservas acerca de patologías—. Se insiste en que no estamos ante el resultado de factores biológicos, si no que hablamos de sufrimientos y traumatismos independientes e individuales. También se menciona que, una de las características de desarrollo, podría situarse en el proceso de maduración, periodo de crisis e identidad y el establecimiento de la personalidad de los jóvenes.


Borovoy cita a Michael Zielenziger —Shutting Out the Sun: How Japan Created its Own Lost Generation (2006)— que incursiona en aspectos del ethos nacional japonés y a Junko Kitanaka con “Depression in Japan: Psychiatric Cures for a Society in Distress” que atañe puntos de biogenética y psicogenética para valorar aspectos de “depresión real”.


Es muy debatido, a su vez, el papel de la tecnología en el entorno y manifestación del síndrome, debido a que es considerado como 1)motivo de aislamiento o como 2)refugio en el mismo. Además, la investigación acerca del síndrome llega a proponer clasificaciones—primaria y secundaria— y tipos de enfoques — terapéuticos, sociales y educativos— para el apoyo a los hikikomori (Calle y Muñoz 2018) a su reintegración a la sociedad.


Ahora bien, podemos entender que el hikikomori se aísla y comienza a desarrollarse como un ser marginado “voluntariamente”, convirtiéndose en una carga no sólo para su familia, amigos y ellos mismos, sino para la sociedad, debido a que no es un individuo activo, esto lleva a cuestionamientos como el que se hacen Calle y Muñoz, al paso del tiempo, más que ser un síndrome ligado a la cultura, podría ser uno ligado a la economía, hablando de generaciones perdidas irrecuperables que causan golpes económicos a sus naciones.


Es interesante ver la asociación del síndrome con la inmadurez perpetua del Japón, estudiada ampliamente en sus proyecciones culturales —manga de ejes narrativos, idols y vocaloids (Plataforma Future Learn, Japanese Subcultures)—. Hablar de la supuesta inmadurez cultural y sus expresiones, termina aunando a este tipo de proyecciones sociales y económicas en las conductas privadas y públicas, cuando “intervienen” en el bien común.


Es mal aventurado decir que los hikikomori se aíslan voluntariamente, debido a que las condiciones que los llevan a ese punto, no están del todo en su poder ni son claras aún. Sin embargo, esta marginación comienza a ser vista como anormalidad, pero en ella ¿qué tipo de propuesta encontramos? La sociedad comienza a prestarles atención por el posible futuro entorpecedor que diseñarían para sus naciones.


Enriquez propone un retrato vivido de un hikikomori, es escalofriante. No obstante, considero que debemos repensar a qué sirve la regulación y preocupación de estos círculos aislados. Este fenómeno del siglo XXI, sigue en proceso de concertación, debido a ello, más interesante que intentar obtener respuestas y conceptos, es ver cómo se desarrolla y qué tipo de posicionamiento conservará en la sociedad, siendo una comunidad que se “automargina” y que, no obstante, su actividad es indispensable para el bienestar de las naciones.




Notas


[1] Sistema educación: alta presión en exámenes y admisiones, aunado a la posterior incapacidad de encontrar trabajo, estancamiento económico y la globalización fomentando la jerarquía social y la extrema competitividad [2] Esquizofrenia, depresión, ansiedad, pánico, entre otros.



Referencias


Enríquez, Mariana. (2016). Las cosas que perdimos en el fuego. Anagrama: Barcelona.


Borovoy Amy. (1998). Book Review: Saitō Tamaki. Hikikomori: Adolescence Without End. Trans. Jeffrey Angles. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013. En https://www.mechademia.net/2013/12/06/book-review-hikikomori/ Recuperado el 13 de diciembre de 2020


Gent, Edd. (2019). BBC Future. Qué son los "hikikomori", los cientos de miles de jóvenes que viven sin salir de sus cuartos. Online: https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-47212332 Recuperado el 13 de diciembre de 2020


Mario de la Calle Real, María José Muñoz Algar. (2018). Hikikomori: el síndrome de aislamiento social juvenil. Hikikomori: the youth social isolation syndrome. Instituto Psiquiátrico Montreal. El Plantío, Madrid, España. Doi: 10.4321/S0211-57352018000100006 Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/v38n133/0211-5735-raen-38-133-0115.pdfel 13 de diciembre de 2020

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