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Juicios del espacio periférico: El campo | Deconstruyendo la otredad #05


Deconstruyendo la otredad #04, una columna de Beli Delgado

Todo comenzó cuando fui a comprar una crepa en mi pueblito, habían llegado un par de niñas de la ciudad a venderlas. El anuncio no había sido tentador, pero en medio de la pandemia me quedaba sin cosas en las que malgastar mi ánimo y movimiento. Me dijeron “¿segura que la quieres con crema de maní? Mejor te la doy a probar, porque como aquí no la conocen, luego me dicen que no les gusta”. Suena ingenuo, sin embargo, todos sabemos que los tonos y expresiones gestuales acotan y dejan percibir más sentidos en las palabras. No dije nada más, sólo asentí. El momento en que probé la crema de cacahuate por primera vez, ¿dice algo de mí?


Sentí un nudo en la cabeza —no importa lo que tenga en la alacena de mi casa--. Hoy en día sé que nada de lo que coma, vista o calce me hace mejor o peor. Sin importar que algunas personas me juzguen por ello y que ese juicio esté condicionado por el entorno en el que crecí. Siempre he agradecido la vida en mi zona rural. Es difícil reconocer que la discriminación no es culpa mía y que nunca es justa, me llevó un largo camino de construcción ideológica y emocional sentirme cómoda en cualquier parte.


No hablamos exactamente de discriminación xenófoba, étnica-racial, color de piel, ni de clases que, son amplia y detalladamente estudiados por organismos académicos como el Colegio de México. Expongo más bien, otra de las más vastas esferas de distinción negativa: campo y ciudad —sin hablar específicamente de comunidades indígenas que supondrían una doble discriminación desde el aspecto rural y racial[1]—.


La distinción por oposición de espacios periféricos y centrales es, muchas veces, construida sobre prejuicios y rígidos estereotipos que generan discriminación y contrastes proyectados usualmente en la migración —prácticamente forzosa—. En el campo comemos muchas hojas, tenemos los pies llenos de tierra y las manos duras. Todos olemos a lo mismo… Muchos son sólo campesinos que disfrutan el quehacer, otros estudian como en cualquier parte.


No pongo en duda la distinción de oportunidades, sin embargo, se debe reconocer que todos somos humanos y que aportamos en varias maneras a la sociedad que conformamos y que es exitosa por la acción de todos, valemos lo mismo y sabemos cosas distintas que nos ayudan a sobrevivir en nuestros contextos.


No nos detendremos a posicionar la sabiduría y las parcelas de aprendizaje de cada uno, basta con saber que el otro no es el ser periférico, todos nos nutrimos de la tierra, la trabajemos de un modo u otro. Un ejemplo de esto, es firmemente desvelado —desde mi perspectiva— en una serie documental sociocultural donde se muestran alimentos básicos de la canasta alimentaria de China y sus respectivas formas de prepararlos, en algunos episodios más que crear contrastes en la amplia provincia, posiciona la ciudad —a veces incluso alta cocina— y la vida cotidiana pueblerina.


Flavorful Origins —a cargo de Yang Chen— cuenta con tres temporadas, “La cocina de: Chaoshan (20 episodios), Yunnan (10 episodios) y Gansu (10 episodios)”, disponibles en Netflix México. En cada episodio se presenta un ingrediente básico de la cocina china y se exponen las diferentes maneras de guisarlo dependiendo del contexto y los ingredientes disponibles en cada zona. Ello muestra un gran abanico de métodos tradicionales —algunas veces, innovaciones— para cocinar cierto ingrediente.


Más que contrastes, lo que este documental expone firmemente es, la milenaria y casi artesanal: cocina China que, orgullosa y elegantemente proviene del campo, ahí se preservan las recetas heredadas de ancestros especiales, perdurando para todo el público. La comida y los métodos se mantienen y son dignos de reconocimiento, cada una de las formas en la que los comensales los disfrutan en las diferentes zonas rurales y urbanas de China.


Cabe mencionar que la belleza de los colores y la pulcritud de la presentación de las imágenes y la narración cálida, sofisticada y directa, hacen apreciar los distintos contextos e igualan los sabores e ideas acerca de su origen, independientemente de si son una comida cálida y sencilla de campo, de si hay innovaciones en las recetas por la popularidad y demanda de la ciudad e incluso si en la alta cocina se complementan con ingredientes más costosos, a final de cuentas todos los comensales añoran alguna de las recetas tradicionales chinas.



Notas


[1] ejemplos documentados en Arrieta 2010; Rudiño 2010. Para más información revisar Discriminación étnico—racial: COLMEX.




Referencias:


Ainara Arrieta Archilla. (2010) Mujeres indígenas en la Ciudad de México. La Jornada del campo. no. 38. Recuperado de

https://www.jornada.com.mx/2010/11/20/mujeres.html


Lourdes Edith Rudiño. (2010). El amaranto, alimento preciado en tierra que se urbaniza. La Jornada del campo. no. 38. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/2010/11/20/mujeres.html

Migración rural-urbana e informalidad en las áreas metropolitanas de México : una estimación a corto plazo


Lara, Jaime, autor ; Cruz Yedra, Marla autor ; Moyeda López, Diana V autor ; Prats Molina, Adriana autor ; Téllez Muñoz, José A autor. Publicado en: Estudios económicos, volumen 35, número (2) (70 julio-diciembre, 2020), páginas 297-329. Recuperado de https://colmex.userservices.exlibrisgroup.com/view/delivery/52COLMEX_INST/12102962420002716


Discriminación étnico—racial en México. Colegio de México. Sitio online: https://discriminacion.colmex.mx/?p=4117

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