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La Guerra, un borde de su moneda: La humanidad de los soldados | Deconstruyendo la otredad #7


Deconstruyendo la otredad #07, una columna de Beli Delgado


Los chinos deberían ser sancionados, después de todo lo que ha pasado, porque no avisaron a tiempo…

Han sido varias las ocasiones en las que he escuchado esta idea, generalmente tomo aire y me repito que existen factores de escolaridad que intervienen —antes que las nociones de racismo, odio, cuestiones económicas capitalistas o de jerarquía cultural— en esta sugerencia que conlleva distanciar y distinguir a las personas que no somos nosotros, aquellos que no reconocemos como nuestra comunidad y que, acorralamos y concebimos como una otredad, debido a que el otro es mucho más sencillo de culpar y juzgar. Después, intento comentar, por qué considero ese pensamiento erróneo, digo que, no todos los chinos sabían y que no todos los que sabían, conocían a ciencia cierta los alcances y repercusiones de… “esto” que, quizá no hay un culpable —o hay muchos—. Tal vez mis palabras se arrastran incómodas porque están más allá de la información que comprendo y poseo, no obstante, estoy segura de que, con una lupa de humanismo, releería y analizaría todo aquel dato que me pusieran en frente como argumento para culpar a China, a los “chinos” —por esta pandemia—.


En el periodo invernal —con las festividades de diciembre y enero—, México ha visto enormes colapsos, como los del principio de la cuarentena rígida, en los diferentes estados. Todos nos mantenemos a la expectativa, temiendo por nuestra salud, economía, estudios, y estabilidad social y emocional, entre otras tantas preocupaciones que seguramente, la mayoría de los países y poblaciones sentimos.


Pensaba en esto, en las dos caras de una misma, sucia y desgastada moneda. Así ha sido siempre, mejor dicho, así hemos sido la mayoría de las veces, casi todos. Vemos a los demás y señalamos quién ha tenido la culpa, cuando inevitablemente, cada uno aporta a pedazos, a respiros, a pasos, a estos gigantescos problemas que nos tragan y, también es cierto, muchas veces no tenemos otra salida, algunas más, no somos tan conscientes como creemos o deseamos ser, en ocasiones nos manipulan y en otras, consideramos que eso nos conviene.


La Segunda Guerra Mundial resuena en cada momento aún, latente, algunas veces me pregunto cuándo, cómo, si habrá, una tercera guerra armada como la que se luchó entre 1939–1945. Hay cuestiones inolvidables como la Alemania nazi, la Italia fascista, las bombas de Hiroshima y Nagasaki adornando un Estados Unidos rabioso. Hay libros y películas que nos invitan a acercarnos a estos bélicos asuntos, lacrimosos y sombríos.


En el 2020 vi la película Darkest Hour (2017) —dirigida por Joe Wright—, también vi la magistral Dunkerque (2017) —dirigida por Christopher Nolan—. Ambas se orquestan bajo el eje de tensión, respondiendo al sitio alemán de las tropas británicas y francesas en Calais, Francia al inicio de la guerra. Las películas dejan entrever la Operación Dynamo; en Darkest Hour desde la perspectiva, configuración y movimientos de Winston Churchill y en Dunkerque desde la frustración, terror y gélida sensación de los cadetes. En otras palabras, a partir de la perspectiva del: poder de comando y de los comandados, respectivamente, todos en el “mismo bando”. El terror y el frío de las decisiones es acuchillante y grotesco desde el punto en que se vea. Guerra, guerra es, con todo lo que en ella interviene.


Dunkerque es un filme, dice Manohla (2017), “insistentemente humanizador a pesar de su monumentalidad; un equilibrio que es una decisión tanto política como estética”. A su vez, logra proyectar, con la sombría y fría perfección de Nolan, “una historia de sufrimiento y supervivencia” y “nos hace perfectamente conscientes de las complejas texturas —las heridas y la mugre incrustada en las manos de un hombre— experiencias de los soldados”. Es, “una película que está inequívocamente al servicio de una historia sincera, sobria y profundamente moral que acorta la distancia entre las batallas de ayer y las de hoy”.


Muestra una sombra penetrante que, más que oscuridad, delinea las ideas políticas y humanas logrando un giro de perspectiva en la idea de las —supuestas y apuradas— heroicas decisiones bélicas, “la historia se cuenta a través de los soldados, de sus vivencias, de sus experiencias cercanas a la muerte y sus cuerpos bajo asedio”, expone el miedo y desesperación, sus miradas y voces raspadas, ahogadas, temblorosas, completando un escenario denso de nociones trágicas y humanas, los cadetes cargan verdaderamente las decisiones que toma alguien más, para bien o para mal.


Yo me pregunto, ¿qué tipo de asedio, mugre, desesperación y terror se muestra valiente y profundamente al final de la Segunda Guerra Mundial en Ünder sandet (2015) —dirigida por Martin Zandvliet—? Filme que sitúa las costas danesas — Juntlend— minadas por los alemanes, donde se consideró que los últimos y jóvenes prisioneros de guerra alemanes estaban destinados a quitar —o volar en el intento de retirar— las minas, puestas por sus compatriotas. Ünder sandet muestra “la visión de la naturaleza humana y los sentimientos nacionalistas” (Skylare, en línea) con un desarrollo magistral que nos inunda de humanidad y empatía con los jóvenes que tienen obligaciones, en orden de restaurar los daños, de nación a nación.


Estos jóvenes son, prácticamente niños que fueron a la guerra y perdieron. Pese a ser parte del bando nazi que llevo —supuestamente, en primer lugar— a la guerra; es inevitable sentir un aura oscura que merma en nuestra cabeza, contemplando la perspectiva de ellos, de los otros, ¿los malos?


Ambos bandos de jóvenes fueron destinados a ir a la batalla. En Dunkerque terminaron sitiados y en Juntlend como prisioneros de guerra, forzados a obedecer la orden de los vencedores. No considero que los soldados de guerra de todo el mundo sean inocentes, ingenuos o que no tengan oportunidad de negarse —quizá esa pregunta podríamos hacérnosla individualmente—, lo que sí considero es que antes de ser soldado, político, funcionario público, vendedor ambulante, docente, padre, uno es humano y bajo esta idea de humanidad deberíamos caminar por este mundo, para recordar que cualquier guerra de eje bélico, ideológico, científico, o lo que sea, debe regirse bajo la idea de una convivencia humana —lo que ésta supone—.


Las circunstancias de nuestra actualidad deben mirarse desde una perspectiva humanista que supere el dolor, la ira y la búsqueda de un culpable absoluto, porque todo somos soldados de un bando que, reconocemos —pero que no conocemos a profundidad— . Podemos funcionar, si nos lo proponemos, como un borde que tiene la capacidad de sostener la moneda en equilibrio, sin tomar águila o sol, sin tener más bando que nuestra humanidad indistinta.




Referencias:


Dargis Manohla. The New York Times. Reseña: ‘Dunkerque’ es una película magistral, aplastante e íntima. 6 de julio de 2017. Recuperado de

https://www.nytimes.com/es/2017/07/26/espanol/cultura/resena-dunkerque-dunkirk-christopher-nolan.html el 1 de enero de 2021


Elisabet Skylare. Nordic Co—operation. Land of Mine. Recuperado de https://www.norden.org/en/nominee/land-mine-denmark el 1 de enero de 2021

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