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Los niños en el terror mexicano: La tetralogía de Taboada (primera parte) | Ojos abiertos #07


Ojos abiertos #07, una columna de María del Rosario Acevedo Carrasco

Cuando pienso en cine de terror, vienen a mi mente directores como John Carpenter y Wes Craven, siendo un poco más contemporánea, James Wan e incluso Guillermo del Toro. Pero antes de Del Toro hubo otro maestro del cine nacional, un director y guionista cuyo trabajo en este género le dio el título del Duque del horror: Carlos Enrique Taboada.


Taboada nació el 18 de julio de 1929 en la Ciudad de México. Hijo de dos actores, desde niño decidió dedicarse al medio artístico con la producción de guiones para televisión y, unos años más tarde, de cine. Incursionó en el terror colaborando en los guiones de Orlak, el infierno de Frankenstein y El espejo de la bruja, pero es hasta 1966 que dirigió el primer filme de su tetralogía de horror: Hasta el viento tiene miedo.


Tres años más tarde dirigió El libro de piedra, película elogiada por la crítica y que le abrió las puertas para que, en 1975, su obra Más negro que la noche fuera bien recibida en Estados Unidos y Europa. La última de sus películas de horror y también la más galardonada, fue Veneno para las hadas en 1984, nominada a once premios Ariel y ganadora de seis.


En esta primera entrega del trabajo del Duque me limitaré a dos de sus obras, cuyo común denominador es la inocencia de los niños como fachada para la perversidad: El libro de piedra y Veneno para las hadas.


El libro de piedra trata sobre Julia, una institutriz que es contratada por un hombre rico para cuidar a su hija Silvia, quien muestra comportamientos extraños que su padre atribuye a problemas mentales. Julia se va adentrando en las fantasías de Silvia y descubre que tiene una amistad con Hugo, una estatua de piedra que se encuentra en la casa y que, según la niña, fue hijo de un mago muy poderoso que lo petrificó junto con su libro para que, cuando pudiera resucitar, recuperara todo su conocimiento.


La firmeza, casi necedad, de Silvia y una serie de sucesos extraños, poco a poco van sacando a Julia de su escepticismo y la empeñan en encontrar la verdad. Pero Eugenio, el padre de Silvia, rechaza el pensamiento mágico y en un arrebato de ira y desesperación, destruye la estatua de Hugo, condenando a su hija a un trágico final.


Veneno para las hadas habla de la amistad, un tanto forzada, entre dos niñas: Verónica y Flavia. Alimentada por las historias de su nana, Verónica está convencida de que es una bruja y una serie de macabras coincidencias logran convencer también a Flavia, que permanece a su lado por temor a que le haga daño.


En unas vacaciones en la casa de campo de Flavia, las niñas se embarcan en una tarea brujesca: Crear un veneno para las hadas. Los obstáculos a los que se enfrentan, sumados al temor y el coraje de Flavia, nos dan un final digno de una bruja.


Si bien ambos filmes tienen muchas cosas en común, existe una diferencia radical: La perspectiva desde la que son narrados. El libro de piedra se centra en los adultos que rodean a Silvia y cómo ellos la perciben a ella y a Hugo, mientras que Veneno para las hadas nos muestra el mundo desde los ojos de las niñas, al grado que los adultos son solo voces que se escuchan desde arriba, pero cuyos rostros jamás alcanzamos a ver.


Por otra parte, una de las primeras similitudes, común también con otras películas es la ausencia de absolutidad, pues no hay mal ni bien absoluto. Detrás de la maldad de Verónica encontramos a una niña huérfana, cuya única compañía sustituye el amor con historias de brujas y, a pesar de la bondad e ingenuidad de Flavia, al final sucumbe a sus instintos de supervivencia en un acto malo por naturaleza. En el caso de Silvia, sus emociones y necesidades parecían manejar a Hugo que, en su afán de protegerla, afectó severamente a la familia.


Sin hacer uso de efectos especiales y con un presupuesto limitado, Taboada nos sumerge en estas historias que provocan miedo por su naturaleza inquietante y la manera en que, conforme avanzan, muestran un panorama cada vez más negro. Pero probablemente lo que más causa inquietud en ambos filmes son sus finales, pues, sin revelar más, dejan una sensación de desasosiego al ver que, a diferencia de la mayoría de las películas, termina por triunfar el mal.



La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería