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Mutaciones, aciertos y anti-nerdadas: Point Decster | Miscelánea WAV #01


Miscelánea WAV #01, una columna de Enrique Chávez

Un poindexter, término acuñado por la comunidad televisiva de la vieja guardia, no es más que un sinónimo de un vato con estereotipo de nerd. Anti-nerd, sería la palabra. El nombre incluso nos hace pensar en El laboratorio de Dexter, y evidentemente no hablaremos de un niño genio con tendencias ególatras, un carisma inigualable e inventos mecanizados. Para simplificar la propuesta, los poindexter serían aquellos individuos con apariencia de nerds, pero que no poseen la superinteligencia necesaria para considerarlos como tal. Esta es la explicación más frecuente que Point Decster, banda de shoegaze/post-hardcore de la Ciudad de México, da en sus entrevistas cuando les preguntan de dónde chingados viene su nombre. Tenemos que admitir que es un término más que atractivo, con una explicación mucho-muy curiosa y una vibra noventera que nada tiene que ver con la propuesta sonora de la banda o de la estética real de sus integrantes John, Diego, Ancla y Rick. Pero vamos, diría el buen Tony Wilson (interpretado por Steve Coogan) en 24 Hour Party People: si tienes que elegir entre contar la verdad o la leyenda, elige la leyenda. Me topé con la banda desde hace rato y en su momento no paré de escucharlos por todos lados: en el viaje del transporte público, la peda under, los ensayos de bajo al aire (de esas veces que nada más tocas a lo pendejo, sin instrumento y a solas en tu cuarto), la cantada en la regadera, etc. Todo buen momento es propicio para darse un buen pazón con las rolas de Point Decster. Reverb, ambientes corrosivos, ecos de screamo, experimentaciones de riffs y ritmos, y una lírica sabrosona fueron cosas que me cautivaron en un primer momento y que sigo disfrutando día a día. De verdad que hay pocas bandas de las que puedes reconocer un estilo sin encasillarlas en algún fenómeno en particular, y Point Decster es una de ellas. Con un par de maxi-singles, dos EPs (Point Decster y Stoner Films), una sola reinvención, otro álbum apócrifo de vapor wave (Decster Wave) y diversas presentaciones en vivo por festivales independientes o houseshows, los compas originarios de Lindavista siempre logran transmitirnos varios momentos de serenidad o distorsión aguda. También hay que ver los géneros que se chutan. Qué mejor forma de inaugurar la crisis de los 20s, la depresión de un antiguo malestar, las peripecias de un amor o la ansiedad del desempleo que con una empapada de buen shoegaze o de un post-hardcore “educado”, pero no por eso menos implosivo. Quienes conocen a la banda y son elders de la escena mexicana independiente siempre notan una gran influencia de otros pioneros del género como Sonic Youth, Deftones, Whirr, Team Sleep, Title Fight y At The Drive-In en la calidad auditiva de Point Decster. Y vaya que tienen razón. Todos esos camaradas que comparten, comentan y desmenuzan todo el pedo estético de la banda saben bien de lo que están hablando. Obviamente no hacemos crítica especializada, pero la retroalimentación de toda esa gente desconocida siempre logra pasar de la ambigüedad de la música y entregarnos grandes micro-ensayos sobre la experiencia sonora. Canciones como Chino Moreno (en honor al cantante de Deftones y con una buena influencia del shoegaze rasposo de Whirr), Blackout (con algunos versos extraídos de Incinerate de Sonic Youth), Deviant, Mind Gap, McLovin (“¿qué van a hacer esta noche, pendejos?”), Sunblast o Linklater (con un tono de voz muy ad hoc al estilo de At The Drive-In) son estandartes irrepetibles en todo el panorama cultural de la escena mexa-independiente. Y neta que Point Decster ha hecho escuelita desde sus propios logros. Muchos recordaremos ese verguísima show donde la banda proyectó varias escenas de Superbad (2007) mientras ejecutaban en vivo. Nada mejor que ese tipo de experiencias para sacarnos del clásico show y lanzarnos a un ambiente de interacción memera. Y claro, podríamos hablar sobre cómo se traduce el lenguaje musical de Point Decster en nuestra vida diaria y situarnos en un terreno intelectual-exquisito, pero yo pienso que es más interesante tratar a la banda como lo que es: un impulso de polaridades donde la agresividad, el desmadre, la pausa frenética y la reflexión del mundo desde el yo encuentran un camino mutuo, conjugado a partir de un sonido único y chingonsísimo. Encontrar cómo ese lenguaje ambiguo se adecúa en nosotros depende de eso mismo: de una apropiación subjetiva que cada quien tendrá sobre este pedo. Aunque podemos encontrar en todas sus rolas un dominio completo de los géneros que manejan, no podemos negar que uno de los mejores elementos de la banda es su creación del lenguaje lírico. Point Decster retoma esa melancolía del post-hardcore noventero para introducirnos en la cotidianidad y la aspereza idílica, en la que la observación cotidiana se matiza a partir de la metáfora viva y un sujeto en constante nostalgia, podredumbre o contemplación. Estos elementos son totalmente comunes en el paisaje hardcore de hace 20 años, y tal fue su importancia que siguen vigentes hasta la fecha y continúan generando buena mierda en multitud de géneros como el emoviolence, el mathy, el punk hardcore, el stoner/noise rock y otros afines. El grado de focalización lírica en Point Decster me parece una genialidad para lo que sus géneros manejan, y vaya que también les permite una excepción en el universo del post-hardcore mexicano. La banda se apoya muchísimo en esas grandes líricas de sus influencias y nos entregan un revoltijo muy a su manera, con un toque personal que ya identifica el rumbo de su estética y las motivaciones del proyecto. Chino Moreno es quizás la rola más conocida de la banda y con ella ya tenemos un gran ejemplo de cómo se cuenta una historia de desesperanza en tan pocos versos: “I tried to write a song about you, / But it all went wrong, I ended all blue. / The way you move is hard to capture. / Your cigarettes across my front yard. [...] I cannot sleep. Your voice feels so sweet. / You´re such a tease. I wish you weren´t real. / The way you move is hard to capture. / Your silhouette against my front wall”. Las voces y la figura del recuerdo permean el universo de Point Decster, donde la lírica en inglés contrasta o se acopla a las necesidades sonoras de cada rola. Tanto la música como el lenguaje encuentran espacios para encontrarse y desangrar lo mejor que tienen en cada lado, y si se dan cuenta no tenemos una carga excesiva de acciones. De muchas formas, el lenguaje de la banda recuerda a algunas míticas canciones del post-hardcore/nu metal como One Armed Scissor de At The Drive-In o Change (In the House of Flies) de Deftones, donde lo importante está en las ráfagas de oraciones e imágenes, ignorando el exceso y la superposición del discurso mediante una rutina de pausas bien marcadas en la rola. Las oraciones son relativamente simples, pero logran situarnos en una imagen-emoción específica y con ello caer, paulatinamente, en trance. En Deviant pasa lo mismo; la voz recrea una historia estructuralmente similar, pero con un tono distinto donde el tema voyerista y melancólico hacen su aparición: “This week, for you was to creeep. / Just keep your eyes on those orange lips. / You know that chick is for you. / You’re the “better guy” on the neighborhood. / Spying on her window, what you really want. / Spying from your window, what you really are”. Y no necesariamente tenemos que hablar sobre nostalgia. La banda también se mete a la construcción de un ambiente amoroso, casi onírico, donde la posición de la voz es oro puro. Escuchar Blackout (en cualquiera de sus dos versiones) merece la pena por esa configuración del sueño y la marea sonora como parte del declive de la lírica: “I fell in love today. / It felt like sleeping in Japan. / You ripped my heart off from your chest / Replaced it with a grenade blast. / Blackout is the middleway. Something to understand”. La carta de presentación de Point Decster tampoco termina en los acantilados emocionales. La desidia, el hastío y la ansiedad también rompen con el paradigma estético de la banda y nos entregan letras mucho más disonantes, repletas de imágenes que, segundo a segundo, nos persiguen en un ritmo ágil y caótico. En Sunblast, la banda nos dice: “This place should feel like paradise, not filled with hints of agression. / Everytime I see the T.V. screen I feel I´ve wasted away. / Burnt out retina and drippings from a bottle cap. / Surfing channels through the soft, soft blurred lines. / Counting steps, drawing lines with my fingertips. / Doing overtime until I fall asleep”. Ahora escuchen la rola y tópense con la rapidez y la vibra que trae esta letra en comunión con la música. Una de las mejores ejecuciones de la banda. Para cuajar todo esto tenemos el estilo propio de la banda, porque de nada sirve tener grandes líricas si no puedes meterle grandes arreglos-ritmos en la mezcla final. El bajo es increíble, y en manos de Diego surte un efecto hipnotizante con su propia esencia en cada rola. Las guitarras en manos de Ancla y John son impredecibles, formando una dupla muy cabrona que tiene sus momentos de agilidad, lentitud, carisma y emoción latente; cada uno va por su lado y logra ser un agregado muy cabrón para su otra parte. La batería de Rick también es eufórica, con una agilidad reprimida que de un momento a otro te arrastra por el suelo y después de levanta. Y qué decir de la voz de John; si las letras ya tienen algo por sí mismas, el grito o la amargura de la voz termina de amarrar todo y le da ese toque post-hardcore/No Wave que te eleva o te resquebraja. Todo ello en conjunto logra establecer qué chingados es Point Decster y cómo es que su originalidad funciona para crear un capítulo muy aparte en la escena musical mexicana. Y todavía quedaría mucho por decir de las otras canciones de la banda, pero nada mejor que la experiencia personal para cuantificar el alcance poético de una de las mejores bandas del México contemporáneo. Point Decster se mantiene como parte fundamental del panorama independiente en México gracias a sus propios méritos, y seguramente será así por otro rato. La banda nunca es repetitiva ni cansada, y eso me parece una de las mejores cualidades de estos cuatro amigos de la Ciudad de México. Entonaciones subjetivas, referencias cotidianas, videos “oficiales” creativos y distópicos e imágenes repletas de un aura muy difícil de igualar es lo que encontraremos en el viaje de Point Decster. Si quieren toparse con los descendientes de Sonic Youth, los hijos no reconocidos (por ahora) de Title Fight y Team Sleep y los pupilos de Deftones, definitivamente tienen que chutarse la pseudo-extensa discografía de esta banda: Point Decster, los nerds menos nerds (poindexters) de Lindavista.

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