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Noviembre baila con la muerte | Deconstruyendo la otredad #03


Head of a Skeleton with a Burning Cigarette. Vincent van Gogh (1853 - 1890)

Deconstruyendo la otredad #03, una columna de Beli Delgado


Si queremos hablar de dualidades que se oponen—que a su vez hemos propuesto como uno de los principios de la otredad—, una muy concreta es: la vida y la muerte.

La idea de la muerte, histórica e ideológicamente, tiene un extenso margen de referencias, matices y entendimientos procesados desde distintas perspectivas, depende de los ojos con los que se le mira, de lo que construye y enmarca esa mirada. La muerte —en México y en noviembre— se encuentra dentro de un marco de matices heredado de la antigüedad y rehabilitado cada año.

Hoy me senté a pensar en la muerte y no me resultó tan espeluznante. El Día de Muertos en México —que NO ES HALLOWEEN—, es una tradición valiosa a nivel cultural, religioso e incluso económico. Está compuesta por un gran mosaico de elementos irremplazables: el pan de muerto, el aroma de la flor de cempasúchil, el velar de madrugada, el pedir calaverita, la idea de darle la bienvenida al alma de tus muertos. Por ello no hay escapatoria, algo de esta celebración debes disfrutar.

El Día de Muertos es una espera con aire festivo, la reunión con la muerte, una oportunidad de reencuentro, más que ofrendar y velar. El espacio y el tiempo compartido entre vivos y muertos es lo que se vive el primero de noviembre.

De esta manera, se inicia una especie de convivencia en la dualidad: estás vivo o estás muerto. Perteneces a cierta población que se opone —en condición— a otra, pero el contraste se mantiene. No obstante, en nuestra cultura —especialmente en estas fechas— no sé si el muerto representa una otredad, en vista de cómo se abraza el concepto.

Sin embargo, considero que el secreto yace en que más que hablar de muertos en general, hablamos de las amadas personas fallecidas de cada familia. Ello proyecta una idea de la muerte sumamente apuntalada, que se auna a recuerdos e ideas personales y responde a diferentes sensibilidades. Los muertos se convierten en más que cadáveres huecos o polvo, debido a que son conocidos, y en este periodo, son “conscientes”, andantes en alma y saborean como si fueran vivos.

“Como si”, demuestra el gran brillo de esta otredad en un intento de disolverla. Se intenta atenuar la línea de la condición de muerte por medio de su asimilación y balance al símil de los vivos. Están muertos pero prácticamente es como si estuvieran vivos, nos visitan y comen, los esperamos con ilusión.

Una visión del panteón a las dos de la madrugada está en mi mente, en un día cotidiano, nadie en su sano juicio se iría a parar en medio de las tumbas a quemar ceras, el primero de noviembre, muchos lo hacen, guian a sus muertos. El panteón se ilumina completo, hay flores y comida por doquier, hay un ambiente festivo, lleno de luz. La coexistencia de la luz y de la oscuridad son el margen principal de la fecha. Los vivos están en el panteón, disolviendo las líneas tenebrosas de ese espacio conceptuado para los muertos.

En ese momento no se teme a la muerte, la recibimos con anhelo, esperamos a nuestros muertos con un banquete, flores y algo de esperanza. Este año ha sido muy difícil, en todos los aspectos posibles, el encierro de la pandemia y sus consecuencias — ver las diferencias entre las clases sociales y el lento declive de la economía—. Aún no sabemos cómo esta celebración —bajo las condiciones del año— afectará económica y anímicamente a los mexicanos.


Sin embargo, pese al cierre de muchos panteones, entre otras medidas, el día de los fieles difuntos o día de todos los santos, se llevó a cabo, con toda la carismática ideología que enmarca a la muerte en noviembre. La idea de la vida se transforma, más que mostrar los contrastes, la muerte se asimila en apariencia de la vida —pese a ser en sí misma un concepto libre—, en este marco se le dotan de aspectos que la hacen cercana a los vivos; la otredad se comienza a degradar hasta adaptarse completamente, de esta manera el concepto de vivos y muertos florece como una asimilación matizada de la otredad.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería