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Percepciones del diálogo interior: Foxtails | Miscelánea WAV #05


Miscelánea WAV #05, una columna de Enrique Chávez


Hace apenas una semana comenzó todo el desmadre del recuento de reproducciones en Spotify. La era del internet es una maravilla: creamos nuestras propias galerías y expedientes digitales sin saberlo. Algo que Spotify hace muy bien es eso, un recuento de todo lo que hemos escuchado a lo largo del año y seleccionar cuáles fueron nuestros artistas favoritos, rolas predilectas, géneros adictivos, podcasts siniestros, etc.; en general, qué tanta chingadera escuchamos durante el limbo pandémico. Instagram fue el epicentro más sonado en cuanto historias y publicaciones sobre el tema. Los compas ahí andaban compartiendo cuál fue su rola más sonada o los artistas que marcaron sus playlists, y uno también quiere entrarle al juego. La estadística ayuda a verificar quién eres dentro de este rollo del consumismo sonoro, y como siempre hay cosas nuevas, cosas viejas, deleites y deformidades. Nada mejor que visitar de nuevo esa rola que te hizo llorar profundamente o aquella que te hizo slamear en la comodidad de tu sala.


La neta ahora no sabía qué escribirles para la columna, pero el algoritmo de Spotify me dio la solución: Foxtails, banda de mathy/emo/screamo de Connecticut, EE.UU, y, según este rollo de los recuentos en la plataforma, una de las bandas que más escuché en este año. Específicamente, las estadísticas de Spotify arrojaron que i can’t fucking write books because i only write songs now, una de las rolas más nostálgicas de la banda extraída de su primer demo-álbum this is not for you, fue la canción que más reproduje en este 2020. Esto es algo muy cagado y hasta me da risa, y no porque no me guste la rola. Todo lo contrario: me encanta. Para mí es una de las mejores opciones para adentrase al sonido decadente, sobrio y pasivo-enérgico que tiene la banda: “help me redirect my will / shadows are not scared of pills / i know now that words can kill / rip the cords out of my throat / i'm sick of sounding like a joke / hope i'm silenced, hope i choke”. Me da risa porque hace medio año seguía en la universidad y escribí un “ensayo” sobre esta banda y sobre esta rola. Ahora sale en la cúspide de mi top 100 de reproducciones y es una bonita coincidencia, además de un extraño recuerdo.


Pero vamos al tema. Dejando de lado los recuerdos de Spotify, Foxtails es una banda que me ha acompañado en la mierda cotidiana desde hace un par de años. Aventarse toda la discografía y el mood general de la banda es una experiencia multifacética porque no hay un “color” en específico para el género que topan. Sí, es fácil identificar los sonidos del screamo y las constantes mutaciones del mathy, pero encarcelar a este proyecto en una simple categoría sería limitar su potencial. Foxtails le entra durísimo a una exploración individual que va del descenso a la amargura. De aquí se desprende su aura “emo”; y no hablamos de este emo con figuras arquetípicas y modas dark-juveniles, sino de un emo que se vive y se respira a partir del diálogo y la tragedia en uno mismo. Megan Cadena-Fernandez, Jon Benham y Michael Larocca se rifan en todos los aspectos y configuran un universo de posibilidades donde el dolor, la depresión, las experiencias cercanas a la muerte, la pérdida del ego, el juicio y el reconocimiento son parte de la aflicción y la esperanza en la vida diaria.


Para empezar, cada instrumento tiene su propia magia y angustia. Géneros como el mathy y el screamo (tirándole a veces al midwest emo o al slowcore) quedan muy bien para expresar los temas predilectos de la banda y adquieren un sabor amargo, apacible o neutro. Como bien lo dicta el mathy, variante raquítica del math rock, la guitarra, el bajo y la bataca forman un equipo que va de la arritmia al sosiego y del grito al susurro. La banda es simplemente una chingonería para ejecutar cada una de sus rolas. Con ayuda de un bajo anónimo y denso, una guitarra chirriante, apresurada y pantagruélica, y una bataca suave y ligera, pero dominante, Foxtails crea ambientes inmersivos de reflexión aguda. Como siempre, describir cómo va el sonido de la banda es difícil porque entramos en las mareas de la subjetividad y de la escucha netamente personal; pero si me lo preguntan, la banda tiene una esencia de sólo dos polos: o te hunde o te activa. Es de esas ocasiones donde te cala totalmente una rola y te pone sad, pero a la vez te da un pazón de energía que contrarresta y profana su mensaje.


El viaje de Foxtails inicia con el ya mencionado this is not for you (2015), donde ya vemos los mejores atributos de la banda. Yo diría que aquí comienza su desmadre más “limpio”, por llamarlo de alguna forma: menos saturado y más cercano a un mathy con notas puras, sin tanta distorsión. Eso sí, tenemos el increíble scream de Megan y Jon, quienes forman una dupla cabronsísima para mentarle la madre a las incoherencias emocionales y al apego hacia otras personas: “seems i've realized / that there is a veil between me and all else / don't get attached / don't get attacked / should've learned this long ago / would've saved me the trouble” (the ten commandments of ryan f.).


¡Sus demás álbumes ya son otro pedo! o tempora! o mores! (2016), los splits con Rare Beasts (2016) y Algae Bloom (2018), y el mítico III (2017) ya le dan justo en el clavo: desmadre alucinante, gritos catárticos y posesiones instrumentales. Una lástima que no todo su material ande en Spotify. Ya se la saben: en Bandcamp no hay falla. Personalmente, mi relación con la banda inicia con III. A pesar de la figura depresiva y el cataclismo que rodea a la banda, este álbum es demasiado sincero y precioso. Tragarlo no es tarea fácil si no están acostumbrados a los aullidos claroscuros, pero una vez agarrado ritmo es simplemente agradable, apasionante y tierno. Desde referencias a Coraje, el perro cobarde hasta una declaración evidente con la muerte, III tiene algunas de las mejores rolas de Foxtails: “grab me by the throat / throw me to the floor / i will never / see the days again / i will never / be the same again” (The Chicken From Outer Space); “running / away from the self / running-- / in these shorted lights / the equity blinds / to have dignity; / to have to remind; / myself every / fucking time / my body caves in / that it was pathetic to think / it could ever stand a chance / in the first place” (I Experienced Ego Death on an NDE Thread). Ah, la neta sí me derrito en las náuseas y delirios de estas rolas.


Su álbum más reciente, querida hija (2019), es lo más cabrón en cuanto a la renovación estética de la banda. Si ya pensaban que en III estaba lo más jarcor de Foxtails, querida hija se la mata. Aquí sí abundan las arritmias, las experimentaciones y un sabor agridulce sobre algunas ideas feministas que nos recuerdan al movimiento Riot Grrrl. El álbum es un estandarte para entender cómo Foxtails evalúa, testifica y comprime ciertas condiciones sociales que hacen de nuestra realidad un martirio: “hopelessly spent / perfectly content / reduced to a crawl / subservient mite / neglected and slighted / and that serves you right / joke’s on who? / funny you! / a victim, i! / so victimized!” (the chickening). Ya para amarrar el desvergue de la guitarra, el bajo y la bataca, la voz de Megan llega a puntos exagerados que vaporizan el pánico y la pérdida de la fe. También es la primera vez que la banda se avienta una rola en español siguiendo la temática que rodea el álbum: la figura femenina. querida nos dice: “masacre de la dignidad / enloquecerse al no saber / qué hacer / con vos, me quedo sin vos / me quedo sin voz / hace falta tu presencia / aunque todas / mis preguntas quedan sin / respuestas, qué lástima / es que no tengo ganas / de mostrar mi cara / y qué puta vergüenza/ quedar sin paciencia”. El álbum es una cosa bellísima, así de fácil.


Y como ya es común en esta columna, tenemos que hablar de la lírica de Foxtails; y vaya que hay varias cosas que decir. Megan es la indicada para este tipo de cuestiones. Aunque el género permite expresar ciertos temas de desolación y melancolía (por ejemplo en bandas como Empire!Empire!(Was a Lonely Estate), iwrotehaikusaboutcannibalisminyouryearbook o los ya míticos American Football) Foxtails va un paso más adelante: agarra estos sonidos pseudo tranquilos y les agrega un buen par de gritos, aberraciones y aullidos anticlimáticos. Eso me late un chingo del screamo: su poder vocal acapara todo el escenario y nos dirige hacia las entrañas del abismo.


Ya centrándonos en la banda, Foxtails sitúa su perspectiva lírica desde la intimidad y la exploración del yo. Gran parte de estas ideas se expresan mejor en Punishment Light, pieza clave en la discografía de la banda: “he perception of dialogue / the stifling of idealization / in my eyes, i have found / a higher sense of self / what is the mind without these-- / pathetic inventions?”. La voz busca explicar por qué pasa lo que pasa en cada rola. Se cuestiona, abandona su cuerpo, se reintegra y al final encuentra ciertas insinuaciones para recuperarse o desfallecer: “now the wind can tear me / to shreds / and my bones turn to dust / why should i keep standing / if i don't even have a spine?” (Every Window in Alcatraz Has a View of San Francisco).


La voz, el personaje femenino, habla para ella misma y se descubre en su propia figura. La voz lírica es invasiva y consciente de lo que sufre. Esta es una de las mejores cosas en Foxtails: llevar de extremo a extremo una emoción e implosionarla en diversos escenarios de anagnórisis. La voz casi siempre termina por ceder ante las pasiones y la impotencia de un mundo arruinado: “and i vow to never let these memories / fail me as i / realize they're / all i have to / keep me going” (i’m a sociopath); “i have kept myself away / and i am the only one who knows / clean up your mess you can't leave me like this” (do you belive i’m real, boy wonder?); “as my / limbs grow tired / i fall into my own ditch / selfless / soothing liar/ i have just grown too tired” (de mal en peor). Así es Foxtails: un diálogo mental, extenso y permanente donde la vida se rompe y se reencarna. Sin dudarlo, una de las mejores bandas de su género y un proyectazo que amarra lo peor de una generación: el rechazo y la desidia de las personas que amamos.


Enhorabuena, pinche Spotify. Gracias por recordarme la bandota que es Foxtails. También gracias a ustedes por leer tanta mamada. De pronto llega la inspiración y uno ya no puede contenerse. Es casi como un diario, sólo que sin caer en la autocompasión. Total, no andamos aquí para explayarnos sobre nosotros mismos, sino para hablar de bandas que lleguen hasta el tuétano y nos dejen paralizados por un buen rato. Nomás puedo afirmarles una cosa: pocas bandas logran el efecto hipnótico y melancólico de Foxtails. Todavía no llega un proyecto que iguale esa pasión y entrega como la de Foxtails. De cualquier forma, volver a escuchar a la banda siempre será algo lindo y bajoneante. Está chingón volver a tus clásicos. Si la banda llega a leer esto, gracias por tanta música. No sólo por mí, sino por toda la gente que hay detrás de este tipo de proyectos: mutantes nostálgicos y violentos de la nueva ola del screamo. Foxtails quedará en la historia como una banda honesta, con sus propias experiencias de declive que sólo el mathy y el emo podrían describir en paisajes de luz, oscuridad y ataques corrosivos.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería