snsjcopia.png

Presentación de otredad | Deconstruyendo la otredad #01


Conrad Roset (2016)


Deconstruyendo la otredad #01, una columna de Beli Delgado


En este periodo larguísimo de pandemia —que parece interminable, al menos, para Latinoamérica—, me detuve a limpiar mi pequeña biblioteca personal. Tapas desgastadas, mojadas, rotas, duras, plastificadas, otras coquetas, de aromas y recuerdos, me cortaban el aliento y por momentos me hacían volver a páginas particulares. Lentamente estaba intentando mover un poco las cosas, la vida —mi vida— en medio de tanto jaleo. Me dispuse a experimentar, mover las letras, dejar entrar otra energía. Nevermore la clasificación por editorial, tamaño ni corriente literaria. Decidí acomodar por un lado a las escritoras y en otro, a los escritores. Después a los orientales y a los occidentales…. No funcionó, mi colección era desequilibrada. Es terrible pero es cierto. Me desconcertó tanto que intenté revisar en mi computadora, hecho que me dejó un poco más tranquila —tenía menos libros de hombres blancos y ricos—. Y es que los privilegios de la divulgación tienen alcances inimaginables. La jerarquía y causal vulneración fue, durante mucho tiempo, ignorada. La sociedad estaba regida por la concepción dicotomica de la humanidad. No considero que los contrastes sean negativos, lo que sí pienso es que las oposiciones suelen producir impresiones rígidas y excesivamente generales de las personas, objetos y/o lugares, ello sí conlleva a una imagen enmarcada por aspectos duales, generalmente: negativos y positivos. Este siglo se ha propuesto desvelar este tipo de condiciones, reparando y divulgando las diferentes perspectivas de las realidades del mundo. De esta manera, a pasitos lentos, comenzamos a conocer las cosas por medio de voces propias o al menos, desde un margen un poco más amplio y menos estricto que, tiene como objetivo, la divulgación sin intenciones de jerarquizar o de oponer aspectos como: bueno/malo, bello/feo, correcto/incorrecto, normal/anormal. Estos calificativos opuestos se encuentran en las proyecciones de personas, objetos, creencias, espacios… y perfilan la otredad: al otro. Algunos consideran que hoy en día existe en una otredad plural matizada, por ejemplo, si anteriormente la dicotomía era: hombre/ mujer con fortaleza/sensibilidad correspondiendo a sus modelos, ahora existe la comunidad queer que, no obstante sigue siendo sometida — un perfil vulnerado— como parte de la otredad — ya no dual, sino plural—. Existen un sin fin de ejemplos de otredad, desde que la regla universal del modelo es: hombre blanco y rico. Así que, después de poner un poco de orden en mi pequeña biblioteca personal, me plantee la meta, no sólo de leer y conocer más a los “otros”, sino a divulgarlos desde su individualidad. No deben permanecer en el mundo como el otro, solo para ayudar a definir a lo dominante. Nadie, ni nada merece ese trato. Sin embargo, más que ahondar en aspectos formales literarios o aspectos económicos crudos, guerras armadas e ideologías terribles, los temas pueden ser visualizados desde la vida cotidiana, desde la presentación de obras, escritoras y escritores, películas y videojuegos, por medio de las n—mil cosas con las que estamos en contacto todoooosssss los días. Lo importante es, siempre — intentar— pensar en nuestra condición —y en los privilegios que ella conlleva—. Hubo un pequeño libro que ya no alcanzaba en el lugar asignado, era Kitchen (1987) de Banana —Mahoko— Yoshitomo. La primera obra de la escritora nipona, donde abarca los sentimientos de pérdidas humanas, la posterior desorientación y la embargadora y asfixiante nostalgia. La novela es imperdible, pese a ser corta y a las críticas debido a su “redundancia” (en cuanto al sentimiento de pérdida), considero que al introducir un personaje trans motivado por la idea de la dualidad familiar —el padre del co–protagonista cambia su sexo, entre varias razones, por subsanar la pérdida de la madre—, nos lleva a pensar en primera mano, la persistente idea de los roles familiares, y en segunda, en nuestro personaje, en la idea y condición de nuestro padre–madre en sí mismo. Es una interesante propuesta, ver la rigidez con la que podemos concebir la normalidad de la familia dual: padre–madre y los alcances de la necesidad creados alrededor de esas ideas. Particularmente estimo que, la novela nos acerca a este modelo dual y desde el mismo, se desarrolla una otredad intentando —o pareciendo querer— alcanzar a la “normalidad”. En fin, me gustaría hablar y posicionar a las diferentes postulaciones de otredad, porque me parece importante y muy interesante, no sólo la existencia misma de ellas, sino la forma de reconocerlas y comunicarlas, más que señalar al marginado, al periférico y al subordinado, es abrir espacio a su digna y amplia divulgación. Y bien, si me va bien, habrá una próxima vez, un videojuego, otra novela…

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería