Problemas Ontológicos, de Gamaliel Churata

Notas editoriales tituladas "Problemas Ontológicos", dentro del suplemento "Cuadernos Literarios" del Diario Última Hora.



2 ABRIL 1949 – I parte


Seguramente y con mucha razón, el profesor García Bacca cree que, en el proceso histórico del pensamiento humano ha existido un desplazamiento continuo del centro óntico en busca de puntos que en el momento determinado resultaban de atracción vital.


Afirma que pudiera ser, y es una sospecha históricamente fundada, que el concepto de ser en la misma forma que lo posee el hombre tuviera que estar centrado en cada momento histórico en un ser o en otro.


Es verdad que en el período presocrático la inquietud intelectual del hombre busca la verdad del ser de las cosas materiales, la investigación cosmológica.


Con Sócrates, Platón y Aristóteles, los problemas filosóficos se encauzan por un intento de reflexión del hombre sobre sí mismo en busca de valores y verdades.


O se dirigen hacia la conciencia religiosa, donde el pensamiento busca su refugio racional en la mística y se sumerge en lucubraciones donde se mezclan la lógica y la fe. No es el hombre, sino su conciencia religiosa en quien se vuelca la inteligencia para escrutarlo desde sus dominios. (San Agustín)


El “YO” individual que enarbolan Descartes y Leibnitz marcan un nuevo centro fáctico donde se desplaza el ser en su constante averiguación de esa problemática definitiva y eterna. O Kant, con su YO trascendental y por último en nuestros días Heidegger con nuestra “realidad de verdad”, con el hombre en concreto, “puesto en el cosmos”, el “DASSEIN”.


En esta forma de continuo descentramiento la ontología encuentra por otra parte su supervivencia como problema fundamental de las especulaciones filosóficas. Lógicamente, el punto genial de toque lo está realizando Heidegger, encontrando en nuestra realidad de verdad el centro inicial de cualquier pregunta que tienda buscar la verdad ontológica del ser.

Nadie, sino el mismo hombre, real y concreto podrá preguntarse: ¿Quién es el ser? ¿Qué es el ser? Sólo a él la naturaleza le ha conferido esta primicia, a veces dolorosa por cierto.

Martin Heidegger se ha propuesto este estudio y sólo una parte de él ha sido dado a luz: “SEIN UND ZEIT” (Ser y tiempo) es la obra fundamental de este filósofo alemán en cuya primera parte (la única publicada) se propone con genialidad el enfoque de los problemas del ser.



9 de Abril 1949 – II parte


En contraposición con lo dicho en un editorial pasado, para Nicolai Hartmann los problemas ontológicos son supra-históricos, de ahí que en su ontología Hartmann no pretenda ser original y se aboca a tratar los tradicionales problemas del pensamiento filosófico que surgen del estado histórico de los mismos. La originalidad de Hartmann radica en su enfoque y solución que a estos problemas aporta.


Desde Aristóteles los problemas ontológicos han sido siempre solicitados con preferente atención, pero en el siglo pasado surgieron obstáculos para solucionar estos problemas que venían de la ontología clásica. Abandonando parte del contenido tradicional de la filosofía y en su afán de restituir vida propia el pensamiento filosófico, cedieron ante el cientificismo y el naturalismo que imperaba.


El conocimiento científico natural pretendía ser el único verdadero ante un mundo de objetos. De esta manera se redujo y se menospreció el terreno en el que actuaba la ontología.

Hartmann establece entonces en sus prolegómenos a una Metafísica suya, que de toda gnoseología necesitaba basarse en los principios ontológicos para no caer en el vacío.

El análisis gnoseológico debe partir de una descripción de los datos que la conciencia recibe, de lo que a ella se da simplemente, de lo que la conciencia conoce y no de la simple relación de conocimiento por ser ésta no una relación de conocimiento sino una correlación de sujeto y objeto, correlación que implica de antemano la independencia de cada uno de los términos presentándolos aisladamente.


El fenómeno del conocimiento es pues trascendente y su particularidad es esta trascendencia que la distingue de otros actos que no salen de la conciencia, que permanecen inmanentes a la conciencia que los ejecuta, entre estos todos los actos subjetivos que la conciencia experimenta en sí.


Haciendo este análisis someramente descrito, para demostrar que una gnoseología debe apoyarse en los fundamentos ontológicos inicia Hartmann su ontología.


Ya Aristóteles había establecido el objeto de la filosofía primera, metafísica u ontología (como se la denomina en diferentes escuelas), su objeto era estudiar “al ente como ente”, el objeto independiente y lejos del sujeto del conocimiento, aislado de toda relación gnoseológica.

De esta manera la ontología formó la base de la metafísica, por lo tanto nuestra época –opina Hartmann- necesita volver a los problemas metafísicos y necesita al mismo tiempo una ontología que los fundamente.



23 de Abril 1949 – III parte


El mundo nuestro que transcurre diariamente no es tan simple como realmente nos parece sino que este presenta una trama de complejidad, de capas o estratos relacionados entre sí. El análisis categorial de lo real necesita asentarse sobre un concepto aclarado de la realidad, concepto que deberá abarcar en sí la totalidad de los entes que forman parte de esa realidad, de los entes reales.


Lo dado no es lo real, pues lo real puede estar oculto en lo dado, además lo dado no es ningún ser, sino sólo un modo de objetividad, un modo de presentarse el ser, es decir, de un objeto para un sujeto.


Otro modo de entender la realidad está en la identificación de lo real con las cosas, todo lo físico, lo material, lo orgánico habrá de ser entendido como real y viceversa, todo aquello que carezca de este carácter físico habrá de entenderse como irreal. En el hombre sólo su corporeidad formaría su realidad, de tal manera que, los sentimientos, las acciones y toda la vida espiritual del hombre, su propio destino, todo aquello que la humanidad ha considerado como real, todo aquello no formaría parte de la realidad del hombre. Este es un concepto materialista que se debe rechazar (opina Nicolai Hartmann a quien estamos analizando). “El único concepto adecuado de la realidad es el que ciñe a los fenómenos, y sólo es un concepto de realidad adecuado al fenómeno cuando abraza lo material y lo inmaterial”.


Según Hartmann a la realidad pertenecen las siguientes notas: La individualidad, en ello se distinguen de las esencias que son universales. La existencia, cuya noción es inseparable de la de individualidad, ambas se oponen a la esencia. La temporalidad, ya que de acuerdo a una jerarquía los entes se presentan en el tiempo y el espacio con una necesaria extensión y en un determinado momento. La procesalidad que permite a los seres no sólo estar en el tiempo, sino en un fluir temporal, proceso irreversible. Y por último la Identidad que Hartmann la explica en la siguiente forma: “La realidad es cambio, proceso, devenir. Pero para que algo cambie tiene que haber algo que subsista idéntico a sí mismo, de otro modo sería la realidad una sucesión de nacimientos y muertes”.



30 de Abril 1949 – IV parte


Hemos hablado anteriormente sobre las categorías de la realidad según la ontología de Nicolai Hartmann. Hoy ahondaremos los conceptos anteriores. A todo lo real corresponde inevitablemente la individualidad. La individualidad determina la realidad de cada ente. Sólo existe lo individual porque sólo existe aquello que representa un número mayor de notas y determinaciones completamente propias. La individualmente es una modalidad de existencia determinante que hace que una cosa sea esa cosa y no al mismo tiempo otras varias. Si un objeto no tuviera las notas y determinaciones propias de su individualidad no sería ese objeto sino otro cualquiera, ya no sería un objeto existente (real).


“Hasta donde llega la validez de la categoría llega la estricta determinación que parte de la misma”, dice Hartmann. Pero esta no se limita en el estrato que determina, al contrario. Es frecuente que las capas inferiores de la realidad aparezcan en las superiores como cimientos constitutivos.


Pero una categoría superior no es la suma de las inferiores, sino que se presenta con un carácter de absoluta novedad frente a estas.


Sólo a las formas más altas de la realidad corresponde la libertad. la libertad en sentido ontológico es autonomía y autodeterminación.


Se descubre así que lo orgánico no puede existir sin lo inorgánico, la psique sin lo orgánico y el espíritu sin la psique. La relación inversa no sería cierta.


De esta forma Hartmann se presenta operando en forma contraria e inversa que Hegel, quien parte del espíritu como sustento de la materia. Para Hartmann son las capas inferiores de la realidad las que sustentan y mantienen a las superiores por ser precisamente superiores y revestir el carácter de tal.


Por eso, materialismo, biologismo y psicologismo son posiciones insostenibles porque contradicen la ley de la libertad, son productos de metafísicas especulativas.


Las leyes ontológicas fundamentales de libertad deben poner coto a los afanes constructivos.



7 de Mayo 1949 – V parte


Hemos hablado hasta hoy sobre las capas que forman la realidad, pero aun no nos hemos referido a la novedad que cada una de estas tiene, o sea su libertad frente al poder determinante de la más baja. La novedad de lo orgánico con respecto a lo material es poco notable. Las categorías de lo inorgánico se continúan en el ser vivo, pues este tiene materialidad y está sujeto a la legalidad de lo físico real. Su novedad radica en la síntesis de elementos preexistentes. Lo organizado es una supra formación cuyo contenido existía ya en la formación más baja con otra estructura.


Con la psique la novedad es más honda. Lo psíquico no es algo flotando en la atmósfera, sería imposible su existencia sin la vida y por lo tanto sin la corporeidad y sin la materialidad del organismo. Pero el cuerpo viviente no es sino portador y no contenido de la psique. La realidad anímica pierde la nota de la espacialidad y con ello la categoría esencial de lo psíquico. La psique es una supra-construcción de elementos que no ingresaron en la construcción de las capas inferiores.


Una misma relación de supra construcción es la que existe entre la psique y el espíritu. La subjetividad es una característica de la psique, la pertenencia exclusiva al sujeto que en un momento vive su intensidad emocional, sus procesos anímicos. El espíritu se caracteriza por la objetividad de sus actos, por la validez rotunda que estos tienen para el sujeto que los confronta. “La conciencia aísla mientras el espíritu enlaza”.


Si bien todos estos actos bastan para poder separar la psique del espíritu.


Lo nuevo del espíritu se patentiza cuando se encuentra o considera la última forma conocida del ser espiritual, la directa manifestación en la que se da el espíritu. La forma en que se plasma definitivamente y que perdurará por todas las edades mientras el hombre sea capaz de pensar y sentir, la más maravillosa transformación de los poderes de la voluntad. El espíritu objetivado.


El espíritu objetivado está constituido por todas las manifestaciones que previo proceso de creación pasan de ser espíritu a ser materia o mejor, el espíritu se materializa. Las manifestaciones del espíritu se fijan en una forma material.


Los más claros ejemplos de la objetivación del espíritu los encontramos en las obras de arte. La expresión espiritual que cada una de estas encierra se nos ofrece en el lienzo o en el mármol, en la palabra o en la vibración acústica de la armonía. Toda obra de arte es espíritu materializado, o a la inversa materia espiritualizada.


Todas estas notas sobre lo problemas ontológicos que hasta aquí se han planteado han sido resumidas de las anotaciones particulares, que el profesor don Augusto Pescador dictara en su curso Ontología en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, y correspondientes a los problemas ontológicos que plantea Nicolai Hartmann en su obra aún no traducida al español.

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