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Punk rock 101: el aforismo en Dolores de Huevos | Miscelánea WAV #06


Miscelánea WAV #06, una columna de Enrique Chávez

México es todo un universo de proyectos, artistas y corrientes estéticas anormales. Digo, no soy un crítico especializado ni un melómano empedernido, pero no tienes que ser Tony Wilson para observar que tenemos un chingo de bandas que se separan por generaciones, géneros e intenciones. Y sí, ya todos conocemos (al menos aquí en Meméxico) cuáles son las bandas headliners de los festivales más comunes del país, rucos rockeros de la era prehistórica que no vamos a mencionar, y hasta cierto punto está bueno conocerlas, toparlas y dejarlas pudriéndose en el almanaque. Sin embargo, ustedes saben con qué clase de música me identifico: lo periférico. Pinche música independiente es la mera reata y gracias a ella no tenemos que estancarnos en las grandes corporaciones nacionales. Hay algo en esa música “under” que se contrasta de gran forma con las bandas mexas “tradicionales”, y creo que, a diferencia de los artistas ya consagrados y mamoneados, estos proyectos logran un mayor punto de libertad-expresión-experimentación artística.


El gran auge de la escena mexicana en su vertiente independiente llega en el año 2000, aunque los historiadores aficionados (Wikipedia dice pura mamada del movimiento) coinciden en que todo comenzó en los 90s. Todas las enseñanzas DIY (Do It Yourself) de la escuelita americana del punk rock, hardcore, emo llegarían a las tierras latinoamericanas y provocarían el nacimiento de las primeras bandotas mexas como Austin TV, Hummersqueal, Gula, Ducto, Sad Breakfast-Kill Aniston, etc[1]. De ahí el resto es historia: géneros como el post-hardcore, el screamo, el post-rock, el punk, el math rock, el post-metal y chingos más inundan nuestro catálogo físico-digital de proyectos mexas acuñados en la filosofía independiente y, en general, en el caos sonoro.


Nuestros grandes cronistas sonoros de la vieja guardia están encarnados en las propias figuras que vivieron este movimiento. Joel de Transmisiones Cannábicas se ha encargado de recopilarnos a la mayoría: Jordi de Los Viejos, Chato y Chavo de Austin TV, Gabo de Annapura y una larga fila de músicos independientes conforman la historia de este desvergue psico-social que a chingos de gente nos encanta. Y si tenemos que hablar de una bandota que proceda directamente de esta ola masiva de proyectos y desmadres auditivos del 2000, en definitiva sería Dolores de Huevos, banda de punk rock/post-hardcore/punk teatral y uno de los representantes más cabrones de la nueva generación punk-independiente en Méjico desde el 2012.


Dolores de Huevos es una banda que oscila entre diversas temporalidades, encuentros, mareos y demás mierda sonora albergada en la historia de la música mexa. Para empezar, sus integrantes son figuras míticas de la vieja escuela del punk/rock nacional. Desde Hulespuma y Finde hasta Austin TV, Allison y Tungas, los integrantes de Dolores son veteranos, fundadores y promotores de su género desde hace ya varios años. Integrada por Chris Xnayer, Manolín Ávila, Manuel Rubio y Conrado del Campo, Dolores de Huevos es una genialidad en todos los aspectos y una banda miscelánea que lleva al punk a niveles apoteósicos, recreativos y demenciales. Esta es la belleza de Dolores de Huevos: agarrar los ecos de varias generaciones de la escena mexicana y destrozarlos en un proyecto fresco, atrevido, vale-verguero y con una melancolía visual que recae en el currículum de sus actantes.


Hablar de su música es lo más “fácil”. El caso de Dolores de Huevos es curioso porque no estamos frente a una mera banda de punk-rock frenética y visceral. Claro, persiste el desmadre típico del género, cuajándose a partir de un bajo entrecortado e invasivo, dos guitarras en declive-trance y una bataca drástica, pero lo más chingón destaca en las intenciones conceptuales de la banda. Recuperando viejas litografías de Goya, experimentos desastrosos de Egas Moniz, cuentos poenianos e incoherencias del ser kunderiano, la discografía de la banda[2] es un deleite tanto auditivo como visual. El sueño de la razón produce monstruos (2013), La naturaleza incoherente del ser (2014), el single La máscara de la muerte roja (2015) y Crisis mental / Crisis de consciencia (2019) ya nos auguran para dónde va el relajo estético de la banda, y con esto apenas y saboreamos un poquito de su magnificencia y su poder sónico. Incluso desde su nombre y arte ya tenemos el indicio: un dolor, una incomodidad, que te patea directo en el ego (y en los huevos).


Si nos vamos al sonido de la banda, la cosa se nos pone más agridulce y placentera. El punk rock de Dolores de Huevos es simplemente magnífico. Qué más le puedes pedir al género: contrapuntos de guitarras, riffs poderosos, bajeos desconcertantes, ritmos caóticos y una voz en agonía, furia o desastre. La banda ya conoce todo esto y logra crear un desmadre incomparable que sólo podría definirse a partir de sus influencias: Fugazi, Cadena Perpetua, etc.: pura bandota relativa a la escena punk y hard rock latino-norteamericana. La estética de Dolores se mueve de forma ágil, dinámica y aberrante. De aquí viene esta denominación de punk teatral: un movimiento sutil que te lleva a experimentar el llanto, la catarsis, el desorden y la iluminación en diferentes niveles sonoros.


Dolores de Huevos es una banda punk “atípica” porque concentra su estética a partir de lo humano, lo trágico, lo esperanzador y lo filosófico. Nunca estuve muy versado en estos últimos rollos, pero puedo jactarme de encontrar ciertas coincidencias y reflexiones artísticas-perspicaces en el mensaje lúdico de Dolores de Huevos, y eso para mí es de lo mejor que tiene banda. Lo sabemos: el punk siempre ha tenido cierta influencia lírica de la mierda social; eso es lo que lo define. Sin embargo, Dolores de Huevos va un paso más allá de este recurso. Lejos de luchar contra el sistema y los órdenes sociales desde la anarquía, Dolores de Huevos nos introduce a sus tópicos desde la consciencia y la evidencia: “Y ustedes preguntándose por sus problemas, / tan intelectuales, de sociedad promiscua. / ¡Que chingados es eso! / No sé, no puedo entender ¿por qué? […] no te puedes cuestionar una red social comparada con un tóxico en tus pulmones. Solo vicio, solo morbo, solo estupideces que no te van a dejar en lo absoluto ni un grado de humanidad” (Niños de plomo).


Lo verguísima de la banda es que no se toca el corazón para decir que los seres humanos somos una pendejada. La ansiedad, la angustia, el pánico, los dilemas cotidianos, la razón, la personalidad, la psique, las enfermedades post-mordernas y nuestra relación con el otro son puntos clave para entender cómo Dolores de Huevos canaliza su rabia: “Somos lo que pensamos / Lo que hacemos y también actuamos / Creemos en el presente y también en el subconsciente / Somos lo que decimos, ¿pretendemos? pues mas no vivimos / Escoria sale por culo diciendo todo lo que cree” (Abezetario/Mirvana); “Si destruimos el mundo, sería un terreno mejor / Para que empiece otra especie y se enfrente a su error” (El Guardabosques Habló). Otras rolas como Maltrato Animal o Epopeya de un castigo también me maman porque realmente no tenemos un discurso explícito, tan sólo el elemento paratextual del título y un chingo de sonidos de pollos-marranitos o limbos musicales que refieren a las conductas humanas. Lograr esto tiene su complejidad, y vaya que la banda lo hace forma exquisita y bien focalizada.


También hay algo en Dolores de Huevos que me recuerda un chingo al aforismo: versos sencillos, antítesis aleccionadoras y una imagen bien marcada y con su propia esencia. Para quien no lo tope, el aforismo es una modalidad poética breve en la que se propone una regla artística o científica. Para más fácil, un aforismo es un poemita que expresa un mensaje general, universal, sobre una situación. El buen Antonio Machado, Heráclito o Pessoa son figuras clave de este pedo, y la banda no se queda atrás. La construcción lírica de Dolores de Huevos en voz de Manolín (y compuesta por toda la banda) es un aquelarre. Digo que me recuerda al aforismo porque su propósito es el mismo: evidenciar los disfraces sociales e iluminar el camino artístico con una gran construcción poética.


De forma aleccionadora y violenta, la voz siempre está dispuesta a chingar las aberraciones de un mundo absurdo y nocivo. Caballete de arrugas aprendiendo es un gran ejemplo de este asunto: “Soy un hombre de pedazos de piel, / aferrados a la luz que hay en él. / Debes aceptar que la vida es un débil hilo, / que se puede romper en cualquier momento. / Debes aceptarlo y desprenderte de los egos falsos, / todo el mundo tiene debilidades que forman parte / de la naturaleza humana”. El grito y la desesperación típicas del punk ayudan a manifestar cómo la impotencia o la negligencia desarrollan el cataclismo lírico de la banda, complementando estas vueltas lúdicas con dinamismo y desconsuelo.


Lo mejor de la banda es que se toma muy en serio el mensaje que quiere presentarnos, logrando que parte de su estética sea un recorrido de aprendizaje, sinceridad y auto-reconocimiento. Mi rola favorita siempre va a ser La naturaleza incohiriente, y ahorita van a ver por qué. Tan sólo la lírica es un golpe bajo al pensamiento: “Como a un niño no le importan sus juguetes / hasta que alguien más los ve / Así eres tú también. / El valor de las personas aparece hasta que se van / hasta que se van”. Tienen que escucharla para ver cómo se mezclan el rollo lírico con el descenso sonoro; una joyita completa. El aforismo de Dolores de Huevos entra como un balazo de serenidad, realidad y culpa. La banda nos presenta diversas situaciones en donde sólo puede haber una explicación-defecto, y de ahí se agarran para elaborar un discurso directo y fulminante: “La ignorancia crece y la gente come gente / Al hablar de que la humanidad está perdida me refiero / a que ha perdido el control sobre sí mismo, / sobre sus acciones y un sinfín más” (La gente come gente); “Y pienso que: / El ímpetu de un niño o la alegría de alguien más / es de admirar. / Tan sólo el tacto y la empatía (de este mundo) / son carencias que vivimos” (El chueco).


No hay filtros en el diálogo de la banda y así es más fácil detectar el aforismo y su agudeza lírica. El estilo de Dolores es crudo, llegando a tal punto de no tener remordimientos por lo que expresa, pero aun así es demasiado humano; tan humano como nuestras proezas, anacronismos, experiencias y debilidades: “Mientras yo siga pisando la tierra, seré un ejemplo, / seré un ejemplo a seguir” (El árbol junto al hombre). La anagnórisis, el reconocimiento de nuestra propia naturaleza, es el aforismo más efectivo para Dolores de Huevos y su punk rock mediático y agitado.


Dolores de Huevos es el punto medio y el reinicio de una generación tan cabrona, esencial, sencilla (en buen sentido, porque de sencillo no tienen nada) y demente como lo es el punk rock mexicano. Como siempre les digo, de nada sirve que yo ande posteando las líricas de cada artista si no se meten de lleno a verificar o refutar lo que escribo en cada columna, así que los invito a escuchar a una de las bandas más longevas y vehementes de la escena punk rock-filosófica de la Ciudad de México. Derramarse, percibirse y descalabrarse con la música de Dolores de Huevos siempre va a ser un deleite y una exploración hacia terrenos incómodos, y nada más por eso vale que la pena que los reproduzcan en plena cena de Navidad/Año Nuevo para nutrir a las mentes más jóvenes de sus familias o para poner en jaque a los rucos más conservadores. Felices fiestas a todos, este es mi regalo: una pequeña clase sobre el punk mejicano y sobre una de las bandas más vergueras del mismo: Dolores de Huevos.


¡Nos leemos el siguiente año! ¡Larga vida a los dolores de tanates!



Notas

[1] Tiene pocos días que Reactor 105.7, estación de radio mítica de la Ciudad de México, lanzó un programa especial sobre los primeros años de este movimiento y sobre estas bandotas. Qué bonitas son las coincidencias que llegan en los momentos adecuados. Espero alguien lo haya grabado para que vayan a chutárselo. [2] https://doloresdehuevos.bandcamp.com/

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería