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Virtualización y revelación poética | Primeras tentativas #04


Primeras tentativas #04, una columna de Maj Navaka

Después de un par de lecturas que tuve sobre el concepto de virtualización, fue difícil no pensar en las ideas de Octavio Paz sobre la revelación poética.


Ambas ideas se relacionan, en primer lugar, en su manera de sacarnos del ahí o de lo actual; y luego, en su manera de hacernos entrar en una especie de realidad que tendrá, al final, dos efectos diferentes.


Michel Serres, en Levy (1999), ilustra el tema de lo virtual como “fuera de ahí”. La imaginación, la memoria, el conocimiento y la religión son vectores de lo virtual que nos han hecho abandonar el ahí mucho antes que la informatización y las redes sociales.

(Virtualidad, ciberespacio y comunidades virtuales, varios autores)


Lo virtual es como una proyección del ahí, que no llega a ser, pero que como experiencia subjetiva puede causar efectos verdaderos en el ser.


Un efecto parecido encontramos en la poesía:


Como la religión, la poesía parte de la situación humana original ‒el estar ahí, el sabernos arrojados en ese ahí que es el mundo hostil o indiferente‒ y del hecho que la hace precaria entre todos: su temporalidad, su finitud.

(El arco y la lira, Octavio Paz)


La poesía, mediante una experiencia subjetiva a través de las palabras, nos saca también del ahí, del aquí, para hacernos mutar:


La experiencia poética es una revelación de nuestra condición original. Y esa revelación se resuelve siempre en una creación: la de nosotros mismos.

(El arco y la lira, Octavio Paz)


Y al igual que la revelación poética, lo virtual es una mutación, solo que se realiza con un proceso diferente:


La virtualización no es una desrealización, sino una mutación de identidad, un desplazamiento del centro de gravedad ontológico del objeto considerado: en lugar de definirse principalmente por su actualidad, la entidad encuentra así su consistencia esencial en un campo problemático.

(¿Qué es la virtualización?, Pierre Levy)


En la poesía se trataría, pues, de una mutación nacida de la revelación de condiciones originales, las cuales han generado una experiencia subjetiva; mientras que en la virtualización se trataría del efecto producido por las experiencias subjetivas de una realidad que se proyecta de lo actual o el ahí.


Podríamos pensar en las experiencias subjetivas que obtenemos de las experiencias objetivas ‒dentro de su realidad, claro‒ de nuestra avatar en un juego online, y como estas experiencias podrían causar algún efecto en nuestra vida personal, no sé, como hacernos más heroicos un lunes, o deprimirnos más por no poder ser un verdadero entrenador Pokémon.


La poesía, nos dice Octavio Paz:


Está entre el nacer y el morir, nos abre una posibilidad, que no es la vida eterna de las religiones ni la muerte eterna de las filosofías, sino un vivir que implica y contiene al morir, un ser esto que es también un ser aquello.


Es decir, la poesía es un juego de saltos mortales entre las fuentes del ser, mientras que la virtualización es una realidad fantasmagórica que nos hace saltar de la cama o nos hace quedar en ella, a lo Matrix.


La poesía podría crear verdaderos Don Quijotes y Mándame Bovaries, o verdaderos hombres sin rostros; también claro que podría hacer a grandes hombres brillantes, héroes y demonios; y si le creemos a Octavio Paz: nos lleva a realizar lo que somos. O puede.


Ambos podrían relacionarse a las pulsiones de muerte también, ambos podrían ser solución de ciertos vacíos existenciales, ambos podrían considerarse quimeras y fantasías.


Ahora, podríamos decir qué pasa con la poesía virtual. En ese caso, recuerdo algunas ideas de Paz sobre la poesía, donde decía que esta no se encontraba en un objeto específico, sino más bien detrás de este; lo virtual, sería aquí un medio para que la poesía se muestre, a través de la virtualización de las palabras. La poesía se muestra a través del poema, más no es el poema; la poesía se muestra a través de lo virtual, más no es lo virtual.


Pensando en todo esto, podría pensar que, siendo estrictos con los términos, la poesía virtual sería más bien el poema virtual, y que si existiera una poesía virtual, sería algo como… una proyección o proyecciones de la revelación poética hacia diferentes identidades imposibles pero que al final, tendrá una sola, que será la empíricamente posible, o algo así.

La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería