Where is Morita Takeuchi? Busco a mi pana el exterminador de pandemias [Poema de José Natsuhara]


*Fotografía: Cerro de Pasco en plena cuarentena. David Chávez 2020


Where is Morita Takeuchi? De mí solo queda el mar. La peste de la gracia. Los asientos pintados del Matute en la complicidad del toque de queda en lo nocturno, ¿quién se queda, exactamente? la selva alta o la mala pata grone, veo una niña arder en una plaza, y sus vellos púbicos se levantan encendidos a la adolescencia temprana. En el nombre del Padre, del Hijo, y de la contención de las pandemias. Oh! alquitrán, carretas de suero! Pulula el fantasma de América punzado de camas y de pulgas. Soy un pequeño sujeto, atrapado en sus pequeñas gemas y pucheros, pero que en Bolivia Amish esté intacta horneando tres quesos, que todo lo que amo se salve del rumor apetitoso de las flamas. Where are you Morita, desde lo alto del Paucarpata, cultivado de cruces, se te viene a la cabeza la inmunidad de la raza cobriza, las líneas de Nazca siendo jaladas desde un C-27J Spartan. Se te vienen a colación las clases de kendo en la APJ cuando el sensei nos gritó que la disciplina se hallaba en el silencio, en los rituales del verano, en los ángulos afilados de la muerte purgando los pulmones. O eso pienso que tu piensas, ahora que engrapo papeles en los postes con tu rostro y mi teléfono. Sé que nadie sale de sus casas a leer, pero también es cierto que nunca se ha leído en Lima poesía que no saliera fuera del cliché del desgaste de las tabas, y el arroz chaufa. Pero extraño las palabras humanas. A Daniel Peredo encaramado al árbol de lo sacro, que algún día tenía que ser, que no hay mal que dure 36 años ni fútbol peruano que lo resista. Extraño a los colegas, incluso los que viven engañados, los virtuales simpeadores, las princesas yuconas que uno se llevaba al viejo catre. A ti chuleando en la residencial San Felipe un heelflip en tu skate de guatambú, tus conversas conspiranoicas sobre los Tesla y la prensa comprada y sus hipotéticas tarifas. La activación del bicho es un protocolo de la belleza incomprensible. El dios morochuco es una vasija que se resiste a ser huaqueada. La política de contención también ablanda a los más bravos, la vacuna ha sido creada en un laboratorio de Chincha, estos fueron sin duda los titulares de nuestra amistad, hermano. Una chiquilla se loguea en Zoom a su ventanal en Huacho, y medita en los decálogos estoicos que compilaste en anillados repartidos en los metropolitanos, ella ahora sabe que se puede vivir con tres mangos y un cerebro que le moldea a uno la boca, los dientes, los labios, la fisionomía celeste de lo que se dice, se hace, de lo que perdura, el honor y los retablos. Ella sabe ahora que también extraña. El retumbar lejano de una mamacha agasajada por una familia de Huancayo, el combate de la música con el ladrido de los perros, el torneo de los jubilados de Al Capone chacoteando sobre troncos las apuestas a los naipes, la botella que cae y se rompe y uno encogiéndose de hombros, bendecido de vida y de sed. Where is my viejo amigo Sancho Panza Takeuchi, el ser humano es un animal que ignora el futuro. He llamado a Cinthia, la abogada corrupta con la que desayunábamos en Tambo cada que nos daba curiosidad si el color del alma podia cambiar con un café y unas notas de consuelo. Hay un abrazo interminable entre Cueva y Yotún. Y no, ella nunca guardó la dirección secreta de tu nuevo apartamento, ni se acordó de mi voz, y probablemente nunca haya hurtado nada más allá de una cerveza y unas toallas húmedas. Aquí quedó en el oblivion mis últimas chances de pasarte el dato que ya terminé ese poema japonés donde un tsunami inundaba el Tawantinsuyo. Aquí te informo que tus anotaciones estarán al pie de página, que fue un bello arranque mudarme a vivir solo en un piso de playa en Pucusana, he dejado de beber y veo a Trilce zambulléndose en la acuosa oscuridad como un arquetipo junguiano pegado a mi corazón. Aquí escucho por la radio, a los NSQNSC, el yo vivo por Magdalena, pero muero por Susana. Escucho al presidente anunciando su romance con las curvas y martillos, y que felizmente se ha recuperado esa niña en Andahuaylas, y aquí cuando amanece veo por los prismáticos a las aves perdidas regresar a la costa del Perú. El histórico lazo de arrebol de cuando las olas que han roto comienzan a retroceder, a la patrulla epifanía del limeño oasis, al One Hit Wonder que Hunter Thompson tipea en un hotel de Kentucky bajo los efectos del Dunhill y las bañeras de champaña: Si tú no hubieses tenido ese acento paceño para el recitado, yo nunca hubiese aprendido a hablar de ti tres años al futuro: Ethel, Etanol, Trilce, de mí dejaste una bestia herida suelta en el rodeo incierto del paraíso. Yo también mantengo intacto este deseo de encularte, de servirte hasta que mi melena sea una saeta de nieve reconfigurando los cerros y sus chaskis. Sentado en mi mecedora, atendiendo el atardecer de mis pies sobre la arena, la cuarentena me retrotrae a tus besos y a tu altura reparadora de cama UCI; pero se mece el mundo (un abuelo risueño me ofrece medio kilo de pollo y hierbaluisa por la manguera con la que riego todo incipiente jardín) y ahora más que nunca me aferro a la posición colegial de firmes, de descanso, de permutada atención. Where is the primal conexion? la globalización pinchada se desinfla sobre los pueblos del Pacífico. Aprendí en ese entonces que hay sapiencia en los conciertos oscuros, Ítalo, J. Morales y Gianella me extrajeron de aquel estado de gracia como a Stanley Goodspeed en La Roca. Me ayudaste a cargar mis muebles plegables por la Panamericana y la economía era una cosa de invertir en un caballo e imaginarnos ir con las apuestas al hipódromo de Monterrico los jueves a las 12. Entonces recordé por qué escribía en un principio, por qué la tragedia no ha de tocarme, por qué no he de permitir que toque nunca más a ninguno. Es el frío, mis vecinos me pasan la voz y continúo estático de pié conjurando un poema que es un balón de oxígeno, aquí falta el jovencito, el escritor. Y veo una fila serpenteante de canastas extenderse como un sistema circulatorio, retornar y alcanzar mis brazos y colmarlos de fideos, de tarros de leche, de celofán y arroz, y yo me descompongo un poco, sabes. Where is Morita Takeuchi, mi pana el exterminador de pandemias? en un episodio como este silbarías una canción de tu mp4 y aullarías, como en ese examen de shodo, ¡muerte a la ontología orientada a los objetos, a las ensaladas de alcachofa, y a todo signo de desgano y de desesperación! Beberíamos te filtrante mientras ordenamos en el suelo los vinilos de huaylarsh nikkkei heredados del bote de la basura y la cachina, entrevistaríamos a jóvenes que han abandonado esa careta de vulgares y sagrados papanatas, iríamos al borde de los riscos y practicaríamos con el bokken el corte del rayo escarlata o una pirueta que dejase una huella en la penumbra. Te extraviaste, junto a tu perro Atila en algún punto ciego entre el páramo del calor centauro y sus paradójicas espinas. Todos los negocios han de desaparecer así, a los 17 después del timbre iba a aquella repostería a comer pie de manzana y leer las noticias, me colgaba de un columpio con las piernas flexeando el ritmo y el armamento. Hoy ese lugar es una sastrería donde Maritza confecciona mis trajes para cuando doy clases de ética en contextos de adaptación y riesgo metafísico. Where is Morita Takeuchi? En cualquier estrado donde haga falta un hermano alentando el campeonato. Tú quizá pienses en tus héroes de la infancia, yo me acuerdo de esa gente chévere que me llevó a ver el mar. José Natsuhara. Pucusana, Perú

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La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería