ZELIG, o el camaleón que nunca dejó de imitar | Arte Pirata #01



Arte Pirata #01, una columna de David Chávez Segura


El film estadounidense Zelig (1983), comedia en falso documental del judío Woody Allen, aborda la crónicamente voluble identidad de un hombre, Leonard Zelig, a quien no se le hace difícil engordar instantáneamente si su interlocutor es un obeso, achinar los ojos cuando pasea por Chinatown, hablar como un rabino al visitar una sinagoga o hasta oscurecer su piel en el caso de tratar con un negro músico de jazz. Todo con una sola finalidad: caerles bien. Después de pasar por varios escenarios en los que termina mimetizándose sin problema -se vuelve un gánster entre los gánster, francés entre los franceses- Leonard levanta la sospecha de ser un impostor. Al ser detenido tratan en vano arrancarle el disfraz pues todas las características que adopta no son implementos artificiales sino reflejos naturales. Ya en una camisa de fuerza, se convierte en un psiquiatra al ser rodeado por auténticos médicos que barajan distintos diagnósticos. Uno lo califica como el fenómeno médico de nuestra era y posiblemente de todos los tiempos. Otro opina ser tan solo un problema de naturaleza glandular y relaciona la sintomatología con haber consumido comida mexicana. El Dr. Birsky presiente un tumor cerebral con consiguiente fallecimiento. Es él mismo quien muere a las dos semanas de ese mismo diagnóstico. Leonard Zelig goza de gran salud. Después de que la junta de médicos creyera que el mal de Zelig proviene de una mala alineación vertebral, es la psiquiatra Eudora Fletcher quien adivina en él no un problema fisiológico sino uno de orden psicológico. Sometiéndolo a hipnosis y consultándole al sujeto la razón de por la que asume las características de las personas con las que está, el sujeto declara hacerlo por “ser seguro el ser como los demás”. Cuenta que todo empezó en la escuela cuando tuvo que aceptar haber leído Moby Dick solo por evitar la humillación de no haber leído ese título tan trillado. A pesar de los progresos, la hermana de Zelig y su excéntrico amante lo sacan del hospital solo para lucrar con la fama de el “Camaleón Humano”. Toda una curiosidad para los turistas y curiosos que no se resisten a la maravilla de verlo en acción. A una película basada en su vida, se suma toda la franquicia de merchandising como muñecos, amuletos, pulseras, juguetes, libros y hasta un juego de mesa. No pierden la oportunidad de hacerlo imagen de la marca de cigarrillos Camels. Desprovisto de personalidad, queda reducido a una existencia vacía, “una cifra, una no persona, un payaso anómalo”. Harto, Zelig desaparece. Solo la Dr. Fletcher emprende su búsqueda. Después de reconocerlo en un evento en el Vaticano, da con él confundido en medio de un mitin Nazi, el movimiento de alienación por excelencia. Lo rescata y continúa con las sesiones de hipnosis y descubre en su paciente traumas familiares que lo llevaron a diseñar ese mecanismo de defensa. Así como un camaleón adopta el color de sus alrededores para camuflarse y protegerse, así Zelig se convierte en quien lo rodea para encajar y evitarse disputas. Con un trasfondo de crítica hacia la naturaleza de la personalidad humana y su triste alienación, la película Zelig posee detalles de gran interés para los amantes y estudiosos del psicoanálisis y la sociología. Es inevitable no sentirse identificado con el personaje dada nuestra natural tendencia a adoptar la apariencia adecuada al contexto en el que deseamos desenvolvernos y no ser rechazados o calificados de desubicados. Aunque pueda tomarse como una exploración de las identidades, constantemente el periplo hacia la búsqueda y construcción de una personalidad propia se pervierte y degenera en una simple y gris imitación de lo que vemos es aceptado por la gran mayoría. En una sociedad que entroniza la imitación y premia la capacidad de reprimir los impulsos espontáneos, no nos sorprenda el caso de esa persona que tanteando distintas facetas empieza adoptando la estética punk, luego se dedica a parecer rastafari, rapper y hasta krishna solo para terminar siendo un engominado político oportunista que frente a las cámaras simpatiza con las ideas más progresistas mientras en secreto conspira por las más egoístas. La peor de las expresiones de eclecticismo.

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La web de TRÍADA PRIMATE y todo su contenido pertenece a José Natsuhara, amo y señor de los confines del arte contrasistema y asesino de palurdos ajetreados empleados de la vara y la patética sobonería